Noche de Halloween

Autor: vicenivi
Pairing: Spangel
Rating:  TP
Una noche de Halloween, una vez finalizadas las series



PROLOGO

Sólo a Spike se le podía ocurrir querer comprar la calabaza más grande del estado; no, del país; no, de este plano existencial. Debía ser una calabaza mutante o algo así. Y horrorosa. La habían visto  en unos grandes almacenes y al rubio se le habían encendido los ojos como las luces de un árbol de Navidad, casi se había puesto  a saltar de la excitación, la boca abierta de la admiración: “¡Esa, esa es la que quiero!”

Y a continuación, empezó a desarrollarse el drama que,  más tarde, Angel tituló mentalmente: “Estúpida riña sobre una más que estúpida calabaza de Halloween”

Angel: No, Spike, es enorme, no cabría en el apartamento.

Spike: ¡Pero es la mejor de todas!

Angel: No, es la más monstruosa y mastodóntica. Una abominación de calabaza.

Spike: ¡Por eso es perfecta para Halloween!

Angel: Jamás he visto una calabaza más monumental y fea. No.

Spike sabía cuando Angel decía la última palabra y entonces recurrió a “la más sucia y rastrera de las estrategias”. Su apetitoso labio inferior empezó a sobresalir de una manera francamente mordisqueable. Ese puchero era una de las debilidades de Angel y los dos lo sabían y Spike lo utilizaba indiscriminadamente cada vez que quería salirse con la suya. Si se hubiera tratado de una calabaza un poco más pequeña habría cedido sin dudar, pero aquel ejemplar era elefantíaco.

Angel: No, no te molestes con eche…hmmmm…ese puchero. No la vamos a comprar.

Spike: Pero Angel…

Spike debía estar muy desesperado para recurrir a su segunda más sucia y rastrera de las estrategias, el maullido-ronroneo, prácticamente infalible.

Angel: ¡Nooooo, he dicho que no! No voy a comprar esa gigantesca, putrefacta e hiperdesarrollada calabaza del demonio.

 

ACTO I


"Spike...venga, ¿Spike?...Sal de ahí...lo siento, sé que he ...¿Will?"

"Vete a la porra"

Angel suspiró. Ruidosamente. Llevaba sentado en el suelo, la espalda apoyada en la puerta del cuarto de baño del pequeño apartamento unos...29 minutos, calculó. Echó la cabeza atrás y golpeó la madera con el cráneo. Aquello era ridículo. Allí estaba, con sus mejores galas de Halloween, esperando pacientemente que Spike saliera del cuarto con su disfraz. La culpa era suya, claro. Spike siempre era el culpable de que se comportara tan irracionalmente, pero siempre era él, Angel, el que debía disculparse. Aún no entendía, después de esos años, como siempre acababan torciéndose las tuercas. Pero de eso, también tenía la culpa Spike, desde luego.

Se acarició las lujosas, elegantes y amildonadas mangas de su chaqueta de Angelus y decidió actuar en consonancia. Se levantó, cogió el pomo con una mano y lo sacudió con fuerza, mientras daba puñetazos a la puerta y vociferaba en su amenazadora voz de "Sire cabreado con su díscolo ,  caprichoso y absolutamente desconcertante childe":

"¡¡¡¡¡WILLIAAAAM!!!! Basta de tonterías. ¡¡¡¡ABREEEEEE!!!!!!"

La puerta traqueteó en sus bisagras, pero no la rompió. Tampoco era cuestión de enojar al conserje. Otra vez. En un despliegue tan gratuito como estúpido de fuerza y rabia, dejó caer los dos puños sobre la madera y la abolló.

Maldición.

Cogió el pomo con las dos manos y se dedicó a sacudirla un ratito. Podría haberla destrozado de una buena patada, los dos lo sabían, pero los dos sabían también que no lo haría.

"William, no me hagas repetírtelo. No me obligues a castigarte"

Sólo para cubrir las apariencias, dio un sonoro golpe con la palma de la mano en la maltrecha puerta y rugió: “¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAARRRRRRRRRRGGGGGGGGGGGG !!!!!.”

Pero la puerta siguió sin abrirse.

Brazos en jarras, el ceño fruncido, se preguntó qué hacer a continuación. Sabía que Spike terminaría saliendo, sabía que Spike, a pesar de todas sus públicas y demostradas befas contra la fiesta de Halloween, en realidad le encantaba y la disfrutaba enormemente. Solo necesitaba que lo engatusasen un rato, no mucho, la verdad. Y ya puestos a ser sinceros, había sido Lorne el que lo averiguó, lo leyó en su aura o algo.

Empezó a tirarse de un hilo de la manga, enrollándolo en un dedo. Le encantaba el encaje de los puños, casi le cubría las manos. Y el chaleco le sentaba como un guante...Era un disfraz estupendo y no vio motivos para no volverlo a usar en la segunda noche de Halloween que celebraban juntos. La noche de Halloween era la noche de las brujas y los seres malignos y perversos  de la oscuridad, la noche de los trasgos y vampiros, con la sangre alborotada por la luna mágica que despertaba más que nunca el clamor de sus sangres demoníacas. La noche en que los espíritus escapan de sus jaulas y el miedo domina las calles...Era la noche implacable en la que Angelus daba rienda suelta a su salvaje personalidad. E iban a perdérselo por la cabezonería de su intratable childe. Ya era hora de  que aprendiera la lección, de que supiera cuál es su sitio. Lo había consentido demasiado.


ACTO II

(15 minutos más tarde)

“Vamos, baby…ábreme… ¿Will?...¡Spike, no puedes pasarte toda la noche ahí encerrado! ¡Es Halloween y va a venir Lorne y a lo mejor Illyria, como el año pasado! ¡Y querrán verte! ¡No pretenderás que nos quedemos aquí, sentados delante de la puerta, hasta que te dignes salir! Mira, son casi las once  y llegarán en cualquier momento…Spike, dime algo. No has dicho nada en….mucho tiempo… ¡Y no sé en realidad por qué te has puesto así! Bueno, sí lo sé, pero no es para tanto”

Volvió a echar la cabeza atrás y volvió a golpearse el cráneo en la madera, una y otra vez. Esto rayaba ya lo absurdo.

Se rascó una mancha imaginaria de los pantalones, el ceño más fruncido aún.

“Mira, si sales… ¿sabes qué?...Iremos a la tienda y compraremos la calabaza que tanto te gustó y me negué a comprar, ¿eh, Will?”

Suspiró de manera que pudiese oírle desde dentro y miró el techo. Allí estaba, sentado en el suelo más incómodo del mundo, esplendorosamente vestido y casi rogando que le dejara regalarle la condenada calabaza.

“Will, deben estar al llegar”

“Pues aquí estaré ”

Feliz de que, al menos, le hubiese contestado Angel se levantó y  se arregló las ropas. Era  idea de Lorne reunirse siempre esta noche, para recordar viejos tiempos, brindar por los amigos y beber a su salud. El Halloween pasado se había presentado  Illyria de improviso desde no se sabía qué mundo alternativo, más azul y aterradora que nunca, para comprobar si su pet seguía vivo. Para aquella ocasión Angel se había disfrazado de Angelus, Spike de William, Illyria de sí misma y Lorne de…Lorne se había disfrazado, pero aún no había averiguado de qué.

Sonó el timbre y acudió alegremente a abrir. El gesto se le torció un poco al ver a Illyria, esperaba que ese año no viniera, pero lo olvidó al ver el disfraz de Lorne. Aquello era…era como si Carmen Miranda hubiera enloquecido y se hubiera colocado un tocado con todas las verduras y frutas de un pequeño mercado local. Hasta la calabaza de la discordia se habría perdido entre tanta proliferación de vegetales.

“Hola, bollito de Angel, ¿podemos pasar?”

“Eh..uh..sí, claro. Illyria”

“¿Y mi pet?”

“En el baño. Él…eh, se está dando los últimos…uh, ya sabes, toques.”

“Veo que repites disfraz”, dijo Lorne.

 A Angel le sonó a crítica y contraatacó a su manera adulta y racional.

“”Ella también”, señaló a la interpérrita Illyria, “Y seguro que no se lo has dicho”

“Claro que no, me sigue dando miedo, pero no lo decía por eso. ¿También Spike ha vuelto a disfrazarse de William?”

“No, ha decidido cambiar”

“Menos mal. Resultaba embarazoso ver cómo te restregabas a él y le babeabas el cuello”

“Yo no…”, comenzó a protestar.

“Era aburrido sacarte a rastras de los callejones en donde te empeñabas en romperle la ropa.”, dijo fríamente Illyria.

“Yo no…”

“Y cuando, de broma, Spike se puso aquellas gafas…vi salir literalmente humo de tus fosas nasales. Y no fui el único, la gente pensó que era un truco y empezó a aplaudirte”

“Yo…”

“Tuve que rescatar a mi mestizo de tus zarpas. ¿Dónde está? Exijo verlo. Tráelo ante mí”

Angel ni siquiera tuvo que  llamarle, se oyó la puerta del baño y una cabeza rubia asomó por una rendija.

“Voy a salir”

“Claro que sí, pastelito de nata, estoy deseando…”

Lorne enmudeció. El Dios punky hizo acto de presencia en un humilde apartamento de  Los Angeles. El pelo erizado, los ojos maquillados de negro, como un fascinante mapache, el chaleco desgastado y que dejaba al aire unos bien torneados y musculosos brazos…Lorne empezó a tener calor y algo empezó a mugir detrás de él…, unos vaqueros deshilachados y con estratégicos y sugerentes cortes en las rodillas sujetos apenas a unas escurridas caderas…Lorne sintió unas gotas de sudor resbalar por su nuca y un animal salvaje empezó a escarbar el suelo, preparándose para la embestida…un anillo plateado en la ceja traviesa y
unas joyas aparatosas y extrañamente atractivas en dedos y muñecas…

“¡Nooooooooooo, Angel!”

Lorne vio a Spike abrir los ojos como platos y hacer amago de salir huyendo mientras Angel se lanzaba hacia él dando un espectacular salto en el aire. Illyria movió la mano y los movimientos de Angel se ralentizaron a cámara lenta. Con enfermiza  fascinación, los tres vieron a Angel arañar el aire, mover los brazos en su afán de atrapar al rubio, como si nadara en el espacio, la cara crispada…

“¿Cuántos callejones hay hasta el lugar al que piensas llevarnos?”, dijo con total seriedad Illyria.

“No lo sé, no los he contado, pero unos cuantos. ¿Por qué?”

“Creo que tendremos que sacarlos de ellos con una palanca. Otra vez”

“Liry, estás siendo irónica”, sonrió Spike para caer al suelo derribado por el cuerpo compacto de su Sire.

Lorne e Illyria permanecieron en silencio unos instantes viendo como el temible Angelus, el terror de la noche, el azote de Europa, comenzaba a lamer la cara y el cuello de su childe.

“Lo que no acabo de entender es su empeño en romperle el disfraz que se ponga.”

“Bueno, verás, Blue…, “dijo Lorne llevándola discretamente hacia la puerta. “¿Wesley no te habló nunca de las abejitas y las flores?”





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