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Orfeo Autor: Ehiztari Pairing: Spuffy Rating: TP Halloween, durante la sexta temporada. |
Buffy llevaba unos cuantos días sufriendo pesadillas. Se despertaba en mitad de la noche con la sensación de caer a través de espacios insondables, un sabor a tierra en la boca que irremediablemente le hacía recordar su reciente paso por la tumba y una opresión en el pecho como si una mano gigantesca la aplastara contra la cama. Durante el día se sentía cansada, pero sobre todo perdida, con una vaga sensación de angustia que le daba un aire soñador. Algo que Anya, en la tienda de magia, sólo podía traducir como desorientación y vagancia. -¿Qué te pasa, Buffy? Pareces atontada. Has hecho un cuarenta por ciento de descuento al cliente anterior en los ojos de renacuajo y ya te he dicho que sólo es el veinte y exclusivamente en los que han sobrepasado la fecha de caducidad. – Levantó ante ella un dedo amonestador- Así iremos a la ruina. - Lo siento, Anya. Es que estoy durmiendo mal estos días. No sé qué me pasa. Anya la miró de arriba abajo, con la curiosidad insolente con que a veces trataba a los humanos, resto de sus tiempos de demonio vengador en que tales criaturas eran sólo especimenes insignificantes y patéticos. Se encogió de hombros. - Será Halloween. Buffy la miró con no menos curiosidad. ¿Halloween? ¿La fiesta de los niños y las chucherías, los disfraces y el truco o trato? Lo suyo tenía muy poco de broma. -¿Halloween?- repitió sin acabar de entender. - Sí, bueno, ya sabes: la noche que se alarga, el submundo, la ultratumba, los muertos que reclaman a los suyos… Lo que está claro es que hasta hace unos días podían considerarte uno de los suyos, ¿no? Y las deudas siempre se reclaman. Es la base del sistema capitalista. Incluso en festivos. - ¿Quieres decir…- Buffy preguntó, buscando entre la multitud de imágenes tétricas que la inundaron, las palabras que plasmaran en algo lógico el mundo de pesadilla que Anya abría ante ella- ...quieres decir que los muertos me están reclamando? Anya le sonrió amistosa mientras le daba una palmadita en el brazo, un gesto inútilmente tranquilizador que pocas veces malgastaría en alguien que no fuera Xander. - No te preocupes. La morosidad aumenta mucho actualmente. Simplemente es que… bueno, ahora tú tienes con ellos más en común que en otros Halloween de tu vida pasada. Digamos que en estos momentos el contacto es más estrecho. Probablemente sólo quieran saludarte. -¿Sólo? ¿Y qué más pueden querer? Anya huyó en busca de Xander, quizás para evitar tener que responderle. ****
Faltaban tres noches para Halloween. Las calabazas se convertían en un leit motiv omnipresente. Los niños, más ruidosos que de costumbre, atosigaban a los adultos reclamando ya la atención que sabían se les debía en la próxima celebración. Sus padres les concedían los caprichos y todo Sunnydale en general se dejaba llevar de la excitación de las compras y el jolgorio. La Tienda de Magia tenía que hacer horas extras para satisfacer a cuantos ignorantes se empeñaban en comprar amuletos, cristales místicos, vísceras de reptiles u otros ingredientes para conjuros que jamás sabrían preparar, ante el entusiasmo de Anya y la desesperación de Giles que se empeñaba en hacerles firmar un documento declinando toda responsabilidad. Buffy hacía sus patrullas nocturnas por el cementerio, pero, por primera vez en su existencia de cazadora, los solitarios paseos entre las tumbas ponían opresión en su ánimo. Casi deseaba encontrarse con Spike y de hecho, aunque jamás se lo confesaría al vampiro rubio, procuraba rondar cerca de su cripta por si… No sabía muy bien por qué. Los demonios parecían retirados ya a sus cuarteles para pasar Halloween “sin trabajar”, como todos los años. Ni siquiera Spike se encontraba en su cripta, aunque no es que ella hubiera estado buscándolo, por supuesto. Sólo que quería saber si él tenía alguna información sobre monstruos o sobre cualquier cosa que ella debiera saber. Como no aparecía, dedujo que no habría nada de qué preocuparse, así que Buffy, aprovechó la apariencia de calma para hacer una patrulla rápida y volver temprano a casa. Dawn al parecer no había pensado lo mismo y, mientras esperaba a su hermana pequeña, Buffy se quedó adormilada ante un soporífero reportaje de la tele. - Eres nuestra
-¿Quién reclama a esta mujer? - Nada la retiene - Nadie la espera - Es nuestra. - ¿Qué mano la sostiene? - Nadie en esa ribera. - Nadie - Eres nuestra. Un sabor acre le inundaba la boca. Pequeña, Buffy se agazapaba mientras las voces la cercaban, misteriosas sombras que se cernían sobre ella con aleteo helado. - Eres nuestra
- Ven - Nadie nos disputa la presa - Nos perteneces. - Nadie - Ningún Orfeo. Las voces se expandían en el silencio de su mente, mientras ella se empequeñecía, frágil, a punto de sentirse anegada por la negrura, traspasada por la náusea de lo desconocido. Un malestar estridente y confuso resonaba en algún rincón de su consciencia. Se incorporó sudorosa y tardó unos segundos en comprender que aquel sonido persistente que la había despertado era el timbre de la puerta. Al abrirla, al otro lado, le esperaba la cara risueña de Willow. - Hola. Su saludo había sido tan sombrío que su amiga cambió rápidamente de expresión. - ¿Qué ocurre, Buffy? -Nada. Acabo de despertarme de una pesadilla. – Ante el silencio expectante de Willow se vio obligada a continuar- Bueno, una pesadilla con voces infernales y frases enigmáticas y manos y … bleeg. Pero seguro que no es nada. La expresión de Willow no indicaba lo mismo - ¿Te ha pasado en otras ocasiones? -Todas las noches de esta semana ¿Crees que… es premonitorio? ¿una de esas profecías de cazadora?–preguntó Buffy con aprensión. -¡No! Seguro que no es nada. Todos tenemos pesadillas, y eso sin haber pasado lo que tú… - ¿Crees que…? -¡¡No!! Claro que no. De ninguna manera. Será solamente… ya sabes. -¿Qué? -Bueno, pues eso, Halloween. -¿Halloween? ¿Tú también piensas como Anya que los muertos me reclamarán en la noche de Halloween?- Buffy estaba a punto de dejarse llevar entre la histeria y el miedo. -No, no, no, no. Por supuesto que no. El hecho de que utilizáramos una urna de Osiris no tiene nada que ver. Absolutamente nada. -¿Osiris? ¿Qué tiene que ver Osiris en esta historia? -Nada, nada en absoluto. - Willow. – Buffy cogió a su amiga del brazo y la obligó a mirarla de frente- Dime quién es Osiris. La carita consternada de Willow le habría dado pena en otro momento. Después de tragar saliva, la bruja comenzó a hablar con un hilo de voz. - Osiris es el dios de los muertos entre los egipcios y en Egipto se tomaban muy en serio lo de la muerte. Las pirámides, el Libro de los muertos, el ka… ya sabes. Osiris, él mismo, fue desmembrado y muerto a pesar de su divinidad. Como sol, cada atardecer, viaja en su barca de oro al submundo y de allí regresa en un eterno ciclo sin fin. La urna de Osiris era un artefacto muy poderoso que nos abrió la puerta de la muerte para que pudieras regresar, pero… Las puertas siempre se abren en las dos direcciones. ***
Buffy había arrastrado a sus amigos al Bronze y había bailado toda la noche con tanto entusiasmo que al final había agotado a todo el mundo y ahora estaba casi sola en la pista. Se empeñaba en alargar la velada hasta la madrugada pero era evidente que los otros se caían de sueño. Cuando Tara y Willow adujeron que tenían que estudiar para un poco próximo examen en la universidad y se fueron cogidas de la mano y Anya, después de bostezar un par de veces, se dedicó a hacer arrumacos a Xander sin ningún disimulo, Buffy comprendió que no le quedaba más remedio que volver a casa y relevar a Giles de su tarea de canguro de Dawn. Después de comprobar que su hermana dormía plácidamente, hizo un último intento de entablar conversación con el Vigilante, pero él se disculpó y confesó que lo único que deseaba era volver a su casa dado que ya era demasiado tarde para alguien que no fuera un adolescente insensato e incansable. Así que Buffy se resignó a subir a su dormitorio. Tarde o temprano tendría que enfrentarse a la habitación en penumbra, las sábanas acogedoras y… las voces que todas las noches la acompañaban. - Eres nuestra.
- No te rebeles - Nadie te ayudará - Ninguna mano se tiende hacia ti. - Nos perteneces. - Ven. - Ven - Orfeo no está. - La tumba es tu patria
- Huiste y debes volver - Regresa a tu casa. - Danos tu mano. - Ven - Orfeo no te reclama - Eres nuestra. - La noche se acerca. - La noche - Danos tu mano.
Algo, como una ráfaga de frío acerado la traspasó. Buffy se despertó de repente, con la imagen vívida de su propia mano extendiéndose para estrechar una sombra. Estaba segura de que había sido aquella sensación casi material de frío la que la había despertado cuando ya sus dedos estaban a punto de alcanzar algo inasible y fantasmal, algo que la atraía con una fuerza ante la que su voluntad no quería resistirse. Se incorporó en el lecho habituando sus ojos a las siluetas familiares del mobiliario. Estaba ya totalmente despierta, sin embargo, un eco mortecino repitió: - La noche llegará.
- Pronto. ***
El coro tétrico resonaba aún en sus oídos a la mañana siguiente. En lugar de disfrutar de un sueño reparador se sentía como si hubiera luchado la más encarnizada de sus batallas. Como si siguiera aún luchando. Sentía vívidas las sensaciones, los ecos retumbando dentro de su mente, palabras sueltas que tiraban de ella y a las que terminaría sucumbiendo. Lo sabía. Lo sentía dentro de sí. De hecho, no sabía si incluso lo deseaba. Tampoco estaba segura de haber deseado regresar de la tumba, de aquel mundo de paz que ella había creído el cielo, expulsada, arrojada de nuevo a la dura brega diaria, a las preocupaciones, los sinsabores, los límites dolorosos de la mortalidad. Aquella noche sería Halloween y quizás sería fácil dejarse llevar. Quizás los que la reclamaban sólo querían devolverle todo lo que había perdido, darle la paz, acabar con la lucha. Entregarle una penumbra aterciopelada en lugar de aquella luz estridente de los días agotadores, la angustia continuada, preocupándose de Dawn, buscando trabajos miserables, pagando facturas, entrenando día tras día, sin futuro, sin perspectivas… Quizás lo más fácil sería entregarse a los espectros. Probablemente si no la felicidad, al menos encontraría el descanso. No sabía por qué se resistía. No quería resistirse en realidad. Era sólo que no sabía qué hacer. ¿Y si aceptaba? Quizás fuera cierto que ella pertenecía ya a aquel otro mundo. Ojalá pudiera hablarlo y no guardárselo dentro como tantas otras cosas que la quemaban. Como aquella angustia de no pertenecer al mundo de los vivos, de no querer estar ya entre ellos porque se sentía expulsada del cielo. Desde que Willow y sus amigos la trajeron de vuelta había guardado su secreto. Un secreto demasiado doloroso que jamás confesaría a nadie. A nadie excepto a Spike. A él se lo había contado Le gustaría tanto hablar también de sus pesadillas con alguien que pudiera comprenderlo. Tener a su lado a alguien en quien confiar, alguien que no le hablara de misiones o de deberes, sino que… sólo la escuchara. Alguien que… supiera. Aquella noche buscaría a Spike. Lo decidió. Le daba igual que fuera Halloween y que el vampiro no quisiera visitas en esa fecha. Además –Buffy sonrió desvaídamente- últimamente Spike y ella se llevaban lo suficientemente bien como para que él admitiera hacer una excepción. Pero si no podía encontrarle… Buffy sintió de pronto un escalofrío. Si no podía encontrarle, no estaba segura de tener fuerzas para rechazar a los espectros. En realidad, no estaba segura de querer hacerlo. Eso, su falta de voluntad para vivir, era lo que realmente le daba miedo. ***
Buffy se quedó absorta acariciando el hacha de doble filo con que había estado entrenando. Giles se le acercó, algo extrañado ante su pasividad. - ¿Estás bien? - Sí. – Buffy depositó suavemente el hacha en el suelo- Giles, ¿quién es Orfeo? - ¿Orfeo?¿Por qué lo preguntas? – Giles la miró inquisitivo quitándose las gafas. - Es un nombre que últimamente he oído en varias ocasiones. - Orfeo es el protagonista de un mito griego. Los ritos órficos se relacionaron con el esoterismo. Religiones arcaicas, misterios iniciáticos, mitología comparada… También con el arte. ¿Quieres que investigue más exhaustivamente o te basta con su historia? - De momento me conformo con el kit básico. Creo. Giles empezó a hablar mientras reordenaba un montón de libros con tapas de cuero y filigrana dorada en el lomo. - Orfeo era un héroe y un rapsoda – Ante la cara de ignorancia de Buffy, Giles se apresuró a explicar- Un rapsoda es algo así como un poeta. Orfeo era un poeta y músico excepcional. Hasta el punto de que el solo hecho de escucharle conseguía obrar prodigios como someter a las fieras. Un día, su esposa Eurídice sufrió la mordedura de una serpiente y murió. Orfeo estaba tan enamorado de ella, que bajó hasta los infiernos para rescatarla. Y lo consiguió gracias a su amor y a su música, que era tan maravillosa que encantó hasta los monstruos y los dioses infernales. ***
Aunque no quisiera admitirlo, Buffy temía quedarse dormida. No sabía qué decidir. No sabía si quería decidir. Estaba sola. Tara y Willow no habían llegado aún y Dawn iba a a quedarse en casa de Janice con la excusa de un trabajo de Historia que tenían que preparar. Buffy estaba sola en la casa y no se sentía con ánimos para subir ya a su habitación. Se quedó un rato mirando soñadora a través de los cristales de la cocina. El día había sido largo: disfraces en la Tienda de Magia, patrulla, pelea contra vampiros (Dawn se había besado con uno), cansancio… lo normal. A lo lejos se oían las risas de quienes celebraban Halloween. Gritos, disfraces difuminándose en la noche. Los grupos se alejaban. La noche parecía hacerse más oscura y silenciosa. Más acogedora. La brisa cálida murmuraba en las copas de los árboles. La luna se escondió tras unas nubes. Los susurros comenzaron. Lentamente, fueron tomando fuerza. Rodeándola. Parecían acariciarla. - Ven
- Eres de los nuestros. - Nadie te espera aquí. En su sueño –Buffy sabía que había cedido al sueño- las voces le resultaban plácidas y tentadoras. - Ven.
- Nadie te acompaña. - Nosotros somos como tú. - Tú eres de los nuestros. ¿Estaría su madre entre ellos? Sería tan hermoso buscar el consuelo de sus brazos y esconder su cabeza en el regazo protector, como de niña. - Regresa con nosotros.
- Nadie te espera aquí. - No hay Orfeo para ti. - Es la noche. - Ningún poeta cantará por ti. - Orfeo no te reclamará. - Ven. - El poeta no está - Esta es la noche. - Danos tu mano.
En su sueño, Buffy contempló cómo su mano se extendía despacio hacia las sombras que la cercaban. Sabía que el contacto sería letal, pero también que la muerte era el descanso. Tenían razón las voces: no había nada que la retuviera. Estaba completamente sola. Una inmensa tristeza la invadió. Ni siquiera era desesperación, sólo la pena de no encontrar nadie a su lado en aquella hora, nadie que la sujetara del lado de la vida. Por un momento comprendió con claridad meridiana que las vidas de los demás –su hermana, sus amigos, su Vigilante…- seguirían después de que ella desapareciera y recuperarían la tranquilidad tras el inevitable luto, igual que la superficie de un estanque que no guarda huella de la piedra que se hundió en él. Esa percepción le dio el consuelo de la rendición. Dejó de luchar. Comprendió que no tenía fuerzas ni razones para oponerse. - Esta es la noche.
- El poeta no te salvará. - Ven con nosotros. Entre resignada y abatida, Buffy cedió. Entrecerró los ojos y se dejó sumergir en el vacío negro, mientras sus brazos resbalaban sin fuerza junto a su cuerpo y sus manos languidecían sobre el suelo como flores pálidas. ***
-¡Buffy!– Alguien estaba golpeando su rostro. Agua fría en sus sienes, cachetadas en las mejillas, una voz insistente que no la dejaba entregarse al descanso tan ansiado- ¡Buffy, despierta! Sintió que el mismo alguien la levantaba en vilo, la cogía en brazos y le hacía abandonar la oscuridad cálida de la cocina. Su conciencia del mundo se limitó a su brazo alrededor de una nuca con corto cabello pajizo y su cuerpo menudo apretado junto a un pecho masculino. Ya fuera, él la depositó sobre la hierba húmeda. Su piel se erizó con el frío contacto un momento antes de que una chaqueta de cuero negro la arropara. Poco a poco los perfiles fueron recobrando su nitidez y las sensaciones volvieron: el frescor de la noche, el susurro del viento entre los árboles, el rostro preocupado de Spike a su lado. Cuando vio que ella se iba recuperando, la preocupación cedió paso a un tono entre reprobatorio y burlón - Ahí dentro apestaba a gas. Te has dejado la llave de paso abierta, cazadora. Vaya desastre que eres. - ¿Me has salvado? - No se lo cuentes a nadie. Es lo único que le faltaba a mi reputación. Buffy se incorporó despacio. Un poco después se sentó en las escaleras del porche y Spike hizo lo mismo. Ella guardaba silencio y Spike, a su lado, la miraba expectante, pero sin intervenir. Al cabo de un rato, la muchacha empezó a hablar, con inusitada seriedad. - Quizás era lo justo. Quizás era lo que debía ocurrir. - ¿De qué estás hablando? - Es Halloween. Según Anya, la noche en que los muertos reclaman a los suyos y yo… creo que les pertenezco. Creo que éste ya no es mi mundo y, en realidad, me pregunto, si no sería lo mejor dejar ya esta vida. Spike se plantó indignado ante ella. - Pero qué tonterías estás diciendo. ¿Ese maldito gas te ha afectado a la cabeza? No te vas a morir. - Sería más fácil –musitó Buffy. Spike volvió a sentarse a su lado y una ligera tristeza empañó su voz que viraba hacia la intimidad y la más absoluta sinceridad. - ¿Quién dijo que la existencia fuera a ser fácil? Mira, cazadora, yo no te salvé. Cuando importaba, en aquella torre, no lo hice. Pero ahora que has vuelto no voy a volver a fracasar. De ninguna manera voy a consentirlo, ¿entiendes? Tienes el inmenso privilegio de estar viva. Yo… no voy a dejar que lo pierdas. Te aseguro que ni al mismísimo infierno le voy a permitir que te arrebate otra vez de mi lado. Había acabado con tanta pasión que Buffy, conmovida, sólo supo guardar silencio. Sólo después de un buen rato, él lo rompió para observar: - Está amaneciendo. Es el final de Halloween. Buffy se preguntó si para Spike aquella frase también tenía el mismo significado que para ella: el fin de las pesadillas, el convencimiento de que se iniciaba un día nuevo en el que, liberada para siempre de las dudas, las sombras no volverían ya a asediarla. Se volvió conmovida y aliviada hacia el vampiro- ¿Me das tu mano? En silencio, Spike se la tendió y sus dedos se entrelazaron en silencio. Todos los ruidos habían cesado. La noche se hacía más acogedora en la paz del porche, sentados, como tantas otras veces, en las escaleras de atrás. - Así que eres tú quien me ha salvado – murmuró Buffy para sí. Orfeo la había reclamado al fin. Pero ni por lo más remoto se imaginaba a Spike escribiendo poesía. ¿Qué otra cosa había dicho Giles? De pronto se volvió hacia su compañero, aun cuando se daba cuenta de lo absurdo que era preguntarle sobre música en mitad de la noche. - Oye, Spike, ¿a ti se te da bien,… en fin, tocar algo? Él la miró de arriba abajo, incapaz de resistirse a la burla. - No me hagas responderte groserías, luv. |