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La noche de Fin de Año Autor: vicenivi Pairing: Spangel (¡Por favor! ¿Quién puede ponerlo en duda?) Rating: TP Un tiempo indeterminado en el futuro. Terminando el ciclo de fics de "Navidad Spangel" |
ACTO I Cuando Spike sacó a colación, durante el desayuno, que esa noche era la Noche de Fin de Año, Angel se limitó a ignorarlo. También lo ignoró, cuando volvió a mencionarlo, un poco después. De hecho, lo ignoró las diez veces que habló del tema a lo largo de la mañana. Cuando, a mediodía, insistió en lo mismo, se limitó a mover una ceja. A las ocho de la noche, Spike empezó a explayarse entusiasmado sobre el tema, hablando de lo que harían y de lo mucho que se divertirían cuando fueran al centro de la ciudad a celebrarlo y fue entonces, cuando Angel resopló, incrédulo. Spike daba por hecho que SÍ iban a participar en tan monstruoso evento humano. Mientras su childe desbarraba feliz y despreocupadamente, moviendo las manos y meneándose sin parar por todo el saloncito, Angel actuó con la madurez y sentido común que le caracterizaba y de los que se sentía tan orgulloso. Sin dejar de mirar al rubio (nunca dejaba de mirar al rubio, en realidad) y asintiendo ocasionalmente para tenerlo contento, comenzó a imaginarse un precioso cuaderno sin estrenar, las páginas prístinas, impecables, como a él le gustaba y una vez imaginado, empezó a elaborar mentalmente una concienzuda lista de razones por las que NO deberían ir. Una lista con la que aplastaría moral e intelectualmente a su emocional y siempre impulsivo chico. Casi se estremeció de placer (mental) cuando, con letra elegante y llena de florituras, comenzó a escribir. Uno. El ruido. Bocinas, gritos, fanfarrias, matasuegras que se te metían en los ojos y la boca, chillidos, bramidos, ensordecedoras trompetillas de plástico, pitos. Y la música. Si es que se le podía llamar música a ese cúmulo de chirridos y baquetazos infernales. Si, esa que Spike se empeñaba en cantar a voz en grito justo a su lado. Angel se estremeció sólo de pensarlo. No sabía si sus pobres, delicados y superdotados oídos podrían soportarlo. Intensamente satisfecho de sí mismo, Angel, pasó mentalmente de hoja y pasó a la siguiente razón. Dos. El cúmulo de olores. La mezcla de sudor, colonias, cuerpos sin lavar, champán barato, whisky de garrafa, cerveza vomitada y otros efluvios humanos en los que, ahora mismo, no quería pensar resultaba, como mínimo, repugnante. Hasta las cloacas parecían querer expresar su disgusto reverberando una fetidez que llegaba a la superficie a través de alcantarillas y sumideros. Cuando volvieran tendrían que restregarse la piel con fuerza para quitarse semejante hedor. Y tendrían que tirar la ropa que llevasen puesta. Y aun que no tenia inconveniente en tirar (y previamente arrancar a puñados y mordiscos) las camisetas baratas que vestía siempre Spike, no iba a hacer lo mismo con sus perfectamente conjuntado pantalón de 2000 dólares de lanilla escocesa y el jersey de diseño de Kart Lagerfield. De bastantes más dólares. Tres. Los borrachos. Se te cuelgan del cuello, insisten en contarte la aburrida historia de su vida, en que bebas de su baboseada botella, se indignan si no lo haces, buscan pelean, te llaman cobarde y maricón si te niegas a luchar, los tumbas de un puñetazo, los que os rodean te miran mal y encima, te vomitan los bajos de los únicos pantalones buenos que te quedan. Y que tienes que tirar, claro. Junto a los zapatos. Y con esto volvía al punto anterior, el de los olores. ¿Quizás debería unificarlos?, se preguntó antes de pasar a una nueva página. Cuatro. La falta de decoro. Angel se consideraba un artista y sufría, "sufría", ante la desvergonzada falta de gusto que mostraban la mayoría. Los ridículos atuendos, los accesorios delirantes que lucirían muchos, parecerían haber sido diseñados por un esquizofrénico convulsivo, no tenía la menor duda. Cinco. El confetti. Dios, eso sí que sería una tortura, junto a las serpentinas. Se le pegarían en las puntas del pelo y se pasaría días o semanas intentando quitárselos de encima. Una lluvia de papelitos de colores cayendo incesantemente de las alturas y metiéndosele entre las raíces, invadiendo su cuero cabelludo...Brrrrr. Y en que se le pegaran TODOS los recortes de papelitos no tenia nada que ver, dijera lo que dijera Spike, la estupenda gomina que le traían de Londres ex profeso y que decididamente ni era pegajosa ni mucho menos de marica. Seis. Desconocidos toqueteándole. Aquella noche, todos se morían por abrazarte y besarte y desearte lo mejor del mundo aunque no te conocieran de nada. Angel sabía que, en ese aspecto, era un poco quisquilloso, pero es que no le gustaba que lo tocase cualquiera. Jesús, Wesley había sido su mejor amigo durante años, y apenas se permitió algún que otro toque ocasional en el hombro o en el brazo. Ni siquiera se abrazaron cuando se vieron por última vez. Con Spike era distinto, claro, no solo no le importaba que lo tocase, sino que, en la mayoría de las ocasiones, lo buscaba y siempre se quedaba con ganas de más. ¿Pero alguien que no conocía...? Ewwwww. Y ¿Por qué coño todas las mujeres de LA parecían de repente conocer a Spike, fueran mocosas desvergonzadas, animadoras de instituto o respetables señoras con nietecitos que le pellizcaban unos (inexistentes) mofletes? Y los...tíos. Joder, ¿TODOS los tíos de LA se volvían gays en esa noche? Siete. La distancia. El apartamento en que vivían no estaba, precisamente, cerca del centro. Ir en coche resultaba, siempre, un reto. Más, en este tipo de ocasiones. Y aunque fueran en automóvil, tendrían que dejarlo a varias manzanas de distancia, porque no les permitirían acercarse mucho más, con el consiguiente riesgo de que ya no estuviera allí cuando regresaran o de que se lo encontraran totalmente desguazado. Ir en metro era una experiencia dantesca. Ya lo habían probado varias veces y no, gracias. Angel sufría cada vez una irreprimible pulsión que le llevaba a imaginar a Spike vestido de punkarras contoneándose por el vagón de metro, y los empleados del metro terminaban echándolos a cajas destempladas Ocho. El gentío. L.A. era una ciudad increíblemente populosa y esta noche, en particular, se empeñaba en aglomerarse en un sector muy pequeño de la localidad. Angel no podía entenderlo. ¿Por qué insistía medio millón de humanos en atrincherarse apretujadamente en una zona en la que solo cabían unas tres mil, por decir alguna cantidad razonable? El resultado era un agobiante caos en el que Angel, literalmente, se asfixiaba. Y dentro del gentío había que contar con los sobones. Spike era un imán para los sobones. Parecían olisquearlo a varias millas de distancia y cuando menos te lo esperaras, aparecerían cientos de manos ansiosas de magrearle el culo. Y mientras Spike disfrutaba inocentemente, él se vería obligado a defenderlo dando puñetazos a diestro y siniestro, gruñendo e incluso sacando los colmillos, para que nadie se pegara sospechosamente contra el…la…los…de su Spike . Nueve. Los carteristas. Automáticamente, pasaban a la categoría de sobones. Y recibirían el mismo trato si intentaban meter las manos en los bolsillos de Spike. O en cualquier otra parte de la anatomía del rubio. Diez. Otras criaturas de la noche. Era bastante común que otros demonios aprovecharan este tipo de acontecimientos para buscar presas fáciles. Y Angel se vería obligado a vigilarlos. Junto a los sobones, los carteristas, los desconocidos cariñosos y los borrachos. Y ya tenia bastante trabajo vigilando a Chpike. La otra noche entre el bullicio estaba prácticamente seguro que el cubo que destrozó el escaparate de esa tienda salió de sus manos. Parece mentira que haya estado tanto tiempo con Giles y no se haya civilizado... Once. Los fuegos artificiales. Eran un peligro inminente y cualquier pavesa que cayera sobre ellos, significaba que acabarían ardiendo. De verdad. No como cuando se enardecían y... La sola idea de ver a su childe estallando en llamas delante de él, le provocaba pesadillas. Aunque imaginar que le ardía la ropa – sólo la ropa- dejando al descubierto su blanco cuerpo delgado, duro, musculosos, de estatua griega...esas caderas huesudas... si, también empezaba a quemarse, como con el fuego Doce. La alternativa. Hmmmmm, Spike sería incapaz de resistirse a la oferta que le presentaría a cambio de semejante infierno. Los dos, acurrucados entre cálidas mantas, bebiendo champán del caro, compartiendo esas golosinas que tanto le gustaban a su childe, peleándose por coger la más apetitosa, quitándoselas de la boca… hmmmmm, delicioso. Y no quería explayarse en lo que vendría después porque era un hombre elegante. Muchas veces. La mayoría. Bueno…algunas. ¡Pero cuando no lo era, la culpa siempre la tenía Spike! Trece. ¿Trece ya? Y sin esforzarse lo más mínimo. Trece. Las... El inesperado, pero más que agradable peso en el regazo, lo sobresaltó en sus elucubraciones. Spike se había sentado de un salto a horcajadas sobre sus muslos y lo estaba mirando con censura. "No me estás escuchando." "¿Eh...? Eh..., claro que te estaba escuchando...la... el...la Noche de Fin de Año.", concluyó brillantemente. "Llevo todo el día hablando de lo mismo, así que no era difícil acertar. Pero tienes cara de culpable, y no puedes engañarme. No. Me. Estabas. Escuchando" "Claro que..." "Te conozco demasiado bien, Angel. Seguramente estabas preparando una estrategia para NO salir esta noche." "¡Esa es la más asquerosa acusación que me han hecho nunca !" comenzó a aullar, porque eso es lo que hacen los Sires cuando sus childes los pillan descuidando sus deberes. "¡Angel! ¡Si hasta llevabas la cuenta con los dedos!" "Oh" "Sí, oh, pero no importa. Piénsalo. Tú y yo entre toda esa gente, rodeados del calor que irradian, la alegría y las canciones y...de pronto... ¡las campanadas! Todos gritaremos ¡DOCEEEE!" Y entonces, sin duda para dar más énfasis a su argumento, Spike dio un saltito y cuando su trasero volvió a acomodarse sobre el regazo de Angel, este ya había rasgado, mentalmente, el imaginario papel donde había escrito la razón número uno, que le condenasen si recordaba cuál era. Y Spike dió otro saltito y otro y otro, mientras seguía contando hacia atrás y cada vez, Angel rasgaba un papel y otro y otro. Raaaas, raaaaas, raaaaas, raaaaas, ¡¡¡¡RAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSS!!!!! Todas las razones a la mierda. Angel lo cogió de las caderas, para detenerlo, porque los ojos empezaban a salírsele de las órbitas. Pero no hizo más que empeorar las cosas ya que Spike, al no poder brincar, se limitó a menearse, frotándose contra él, y, dicho sea en su honor, sin perder la cuenta en absoluto. A Angel empezaron a zumbarle los oídos y se dio cuenta de que, si seguían así, los dos "acabarían" a la vez. Solo que de distinta manera. "¡Hey...hey...Spike...para! ¡Un momento!", no era cuestión de echar a perder sus últimos mejores pantalones. "¡Pero es que ahora viene lo mejor, Angel! Gritaremos: ¡CEROOOOO! y nos abrazaremos y besaremos y todos nos volveremos locos y..." Angel sintió como el proverbial jarro de agua helada le calaba hasta los huesos y le enfriaba el sofocón. Lo cogió firmemente de las caderas. "No nos besaremos", dijo tajante. Eso tenía que dejarlo muy claro. "¡Será un momento de mucha emoción, todos gritando y sonriendo...!", Spike parecía no haberlo oído. "No vamos a besarnos.", repitió, un poco más fuerte y apretándole tanto las caderas que seguramente se las dejaría magulladas. "No vamos a... Oh", de pronto, se quedó muy quieto en sus manos. "Spike, yo no hago esas cosas. ¡No beso en público! Nunca lo he hecho, bueno, no desde que tengo alma. Infiernos, ni siquiera besé en público a...hmmm... ¡y era una chica!" Sonó horriblemente hasta en sus propios oídos. Sabía que era lo peor que podía haber dicho y cuando Spike se le escapó entre los dedos, le entró el pánico. "¡Spike, aquello estará lleno de gente, decenas de miles de personas, todas mirándonos, y cámaras de televisión y gente sacando fotos y reporteros y...y..." "Vale" ¿Vale? ¿Sólo vale? Spike no contestaba solo vale nunca. No. Spike paseaba de un lado a otro e insultaba y sufría una rabieta de niño consentido y ponía al cielo como testigo de la desgracia de Sire que le había tocado en suerte. "Spike... ¿qué...qué haces?" "Cojo mi abrigo. Necesito más cigarrillos." "Espera, no es eso..." Cuando la puerta se cerró detrás de él, el apartamento, de pronto, se le antojó demasiado frío y solitario. |
| ACTO II Lorne era feliz. De hecho, hacía tiempo que no se sentía tan feliz, con tantas expectativas, con tantas ganas de divertirse. Exultaba, en realidad. Había encontrado un pequeño local, muy bien situado, en el que empezaría un nuevo negocio tipo Caritas. En un primer momento, pensó llamarlo “Friends”, en honor a sus queridos y perdidos amigos pero como la mayoría de sus conocidos le habían preguntado si era un homenaje a la serie de televisión, había desistido de la idea. Para redondear el asunto, había escuchado por ahí que Ramón, el pequeño bomboncito de Ramón, buscaba empleo y él estaba más que dispuesto a darle una nueva oportunidad. Se echó un poco atrás, y la imagen que le devolvió el espejo de cuerpo entero, le hizo suspirar de satisfacción. Iba a arrasar. El traje amarillo canario era de diseño exclusivo y le sentaba como un guante, los zapatos azules eran unos Manolo’s y todo combinaba armoniosamente con la camisa rosa de seda natural y la corbata fucsia. Estaba…A.Pa.BU.Llan.Te. “Lorne-cakes, vas a dejarlos muertos.”, un último toque a las cejas y perfecto. Tarareando, se apretó la corbata, considerando si cambiarla por la azul eléctrica, eufórico. No, estaba perfecto. Echó una ojeada al reloj. Tendría que salir ya si quería llegar puntual. Recibiría el nuevo año con algunos viejos conocidos. A él, en realidad, le haría más ilusión estar con sus amigos vampiros, sus auténticos amigos, pero sabía que tras la visita de su familia habían quedado bastante hartos de los pyleanos y que Angel agradecería un poco más de intimidad con su pequeño y dulce pastelito de nata. Estaba estirándose por centésima vez las mangas de la chaqueta cuando, a través del espejo, vio el humo azulado arremolinándose detrás de él. “Nooooo…”, gimió. “No, no. No. No. No. Nooooooo” Pero sí. Illyria se materializó a sus espaldas y con ojos aterrados se volvió a ella. “Pero…pero…pero…” “Llévame ante mi mestizo”, exigió. “¡Illyria! ¿No estabas en Pylea? ¿No atravesaste un portal? ¿No iban a pasar cinco años antes de que se abriera otro?”, tartamudeó Lorne, empezando a lloriquear. “¿Olvidas con quien estás hablando?”, dijo con su habitual e imperturbable arrogancia “Soy un Antiguo, anterior a cualquier portal. YO creé el primer portal, de hecho. Modifico el Tiempo y el Espacio a mi voluntad. Modifico el Universo a mi antojo. Pero me aburría en Pylea y tras el golpe de estado, empecé a echar de menos a mi pet. Quiero golpearlo.” “¿Golpe de estado?” “Me convertí en rey nada más llegar, fue muy fácil. Y estúpido. Numfar lideró la rebelión.” “¿Numfar? Ni siquiera sabe lo que significa la palabra rebelión. Seguramente cree que es una especie de seta exótica.” “Sus danzas enardecían a los rebeldes a la batalla” “Yo diría, más bien, que los inducía a huir” “Me aburría tanto que lo dejé todo en manos de tu madre. Ahora es la Regente” “Pobre Pylea”, movió tristemente la cabeza. “Numfar es el Decano de los Asuntos Relacionados con el Mundo Exterior” “¿Numfar? Pero si le daba miedo ir hasta el huerto de patatas que estaba más allá del portón” “Este tema me aburre. Tú me aburres. Exijo que me lleves ante mi mestizo” “¿Pero por que no vas tú directamente?”, chilló un tanto histéricamente.” Sabes donde vive, ¿qué te cuesta ir sin tomar atajos?” “Tu insolencia también me aburre. Condúceme hasta él o sométete a mi Furia Descontrolada” Lo de Furia Descontrolada era algo que lo asustaba sobremanera. No tenía ni idea de qué podría ser, pero le erizaba hasta el vello de los higadillos. Todo lo que rodeaba a Illyria le aterraba, en realidad. Le bastaba oírlo hablar para que todo su cuerpo se estremeciese de pavor. O incluso cuando no hacía nada, como ahora. Illyria había adoptado esa postura tan peculiar, los brazos cruzados, la cintura un poco doblada a un lado, los ojos fijos. Inmutable. Eterno. Lorne tragó con dificultad. Le era imposible leerle el aura para descifrar qué inescrutables pensamientos profundos e insondables cruzaban esa mente milenaria, qué irrefutables juicios estaría formulando, qué impenetrables proyectos de destrucción y caos estaría fraguando… Illyria parpadeó. Lorne sintió un brutal tirón en el cuello y tobillos y pensó que estaba siendo torturado por no obedecer inmediatamente al irascible dios, pero antes incluso de que pudiera abrir la boca para protestar (o más bien, berrear de puro canguelo), la sensación acabó y se encontró, de una pieza, en un apestoso callejón. Con Illyria. “Siempre que vengo a este plano, aparezco aquí o en tu casa”, explicó el irritado dios. “Debe haber algún hechizo protegiendo el refugio de mi mascota, porque me resulta imposible transportarme hasta allí” Sin decir nada, para no irritarle más, y aún temblando por su primera experiencia de teletransportación , Lorne se asomó a la calle principal y cual no fue su sorpresa al descubrir que la casa de sus amigos estaba un bloque más a la izquierda. |
| ACTO III El Angel que les abrió la puerta tenía un aspecto cabizbajo y tristón. Les hizo un gesto desmañado para que entraran y sin una palabra de saludo o disgusto por la presencia de Illyria fue hasta la ventana, donde le esperaba un vaso de whisky en la repisa. Illyria olisqueó el aire. “¿Qué le has hecho a mi mascota?”, le acusó, chillando como una arpía, señalándolo con un dedo tieso como un espolón. Si fuera un dios-gallo-de-lucha, Lorne no dudaba que, en este momento, se le habrían erizado todas las plumas, presto para la batalla. Angel sacó el labio inferior, como un niño disgustado y se encogió de hombros. “No le ha hecho nada, su Majestuosidad”, explicó Lorne, “Por lo que leo en su aura, no es más que una pelea de enamorados. Se les pasará” “Traédmelo. Lo quiero en mi Presencia Omnipotente” “Ha ido por cigarrillos. No creo que tarde”, dijo débilmente Angel. “¿Se fue hace mucho?”, preguntó Lorne, mientras se preparaba un trago. Lo necesitaba. Se lo zampó de una vez y empezó a toser. Debía haber cogido uno de los corrosivos brebajes de Spike. “No…dos horas, cuarenta y siete minutos y algunos segundos.” Lorne se secó los ojos llorosos, la garganta escocida. “¿Cuánto es eso? Vuestra absurda división del tiempo aún me aturde. En mis Tiempos, el Tiempo era mi Camarada de Juegos, el Doblegador de Destinos, el…” “Sí, sí, su Inmensidad”, graznó audazmente Lorne. En presencia de los vampiros, a veces, era un poco más valiente. Se acercó a Angel y le dio unos golpecitos fraternales en el hombro. “Cuéntaselo a Títo Lorne, venga” Angel sorbió, como si estuviera ofendido: “La culpa es de Spike” “Por supuesto”, animó Lorne, mientras Illyria esperaba impaciente, abriendo y cerrando los puños. “El quería salir a celebrar el Año Nuevo…”, comenzó. “…pero tú no querías”, concluyó el pyleano. “¿Año nuevo? ¿Cómo puede ser nuevo algo que se repite monótonamente? Explicádmelo” Lo miraron un segundo y lo obviaron. “Sí, bueno, pero el problema no es ese, porque al final me convenció” “Por supuesto”, repitió un comprensivo Lorne. “¡Spike no se da cuenta!”, estalló Angel de pronto. “¡No deja de empujarme y empujarme y empujarme…!” Lorne se apartó, llevándose las manos a los oídos y empezó a cantar voz en grito:”¡Nanananana, no te oigo, no te oigo, nananananana!” Angel se acercó a él y le quitó las manos: “¡Lorne! ¡No me refiero a ese tipo de empujones!” “¿Hay varios tipos de empujones? Explicádmelo”, ordenó Illyria. Ignorándolo por completo, Angel levantó las manos al aire, copiando sin darse cuenta uno de los aspavientos de Spike. “¡Ya lo conoces! ¡Siempre tiene que salirse con la suya! ¡Siempre tengo que hacer lo que no es propio de mí, para tenerlo contento! Es caprichoso, irreverente, infantil, cabezota…” “…sexy como el infierno…”, suspiró Lorne “…burlón, malcriado, liante, manipulador…” “Adorable, en suma”, concluyó el pyleano “Sí”, llegó el turno de suspirar de Angel. “No lo entiendo, explicádmelo.”, Illyria dio una patada en el suelo haciendo que todos los muebles rebotasen en el suelo.”¿Qué le has hecho a Spike? ¿Por qué me distraes con estas contradicciones incognoscibles? ¿Por qué no está ya postrado a mis pies, adorando mi Evanescencia Suprema? ¿Por qué no estáis ya lamiéndome las botas como los perros que sois…?” “¡Oh, cállate, Illyria!”, bramó Angel. “¡No tengo ganas ni tiempo de escuchar tus interminables y pomposos discursos!” Illyria alzó las cejas hasta que le desaparecieron en el cogote, pero no replicó. “¡No le he hecho nada! ¡Es él el que me lo hace a mí, empujándome…presionándome continuamente! ¡Primero el árbol, luego los regalos, luego un beso delante de todos! ¡Hala, ya lo he dicho!” Lorne casi podía oír rechinar el rígido cuello de Illyria cuando giraba la cabeza, muy lentamente, para mirar a uno y a otro, esperando una explicación que no llegaba. Ñiiiiiiiic, ñaaaaac, ñiiiiiiiiiic, ñaaaaaaac “Lamento decirlo, Angel, pero ahora soy yo el que no entiende.” “¿No entiendes, no entiendes? ¿No acabas de oírme decir que Spike pretendía que LO BESARA en público, en el centro de la ciudad, eh, eh? “¿Un beso?”, aulló de pronto Illyria, “¿Ese intercambio repugnante de saliva en los que los labios se machacan, los dientes se estrellan, las lenguas combaten, la temperatura sube y la respiración se agita?” Los dos hombres se lo quedaron mirando “¿Qué? He visto Pasiones con Spike. El me lo explicó. Incluso experimenté con él. Una vez. No fue desagradable del todo.” “¿Has besado a Spike?”, bramó Angel. “¿HAS. BESADO .A. SPIKE?” “Sí”, se encogió de hombros.” Me dijo que tenía la preciosa boca de Fred y que besarme era como besar a un arenque del Artico. Me sentí muy halagado” Lo del arenque pareció calmar un tanto a Angel, pero no por eso dejó de fulminar con la mirada al exdios durante un buen rato. “¿Y eso era algo tan terrible, Angel?”, dijo Lorne, retomando el tema. “El árbol, los regalos, el beso en público… ¿todo eso te parece tan terrible? TERRIBLE fue la cena con mi familia, TERRIBLE fue verte en Halloween, cargado con esa enorme calabaza y tratando de meterle mano a Spike al mismo tiempo, TERRIBLE fue cuando te pusiste a MUGIR la noche que se puso las gafas y todo el mundo empezó a jalearte y pedirte que repitieras el truco y tu te comportaste como un búfalo en celo, TERRIBLE fue…” “Sí, bueno, vale…”, bajó los ojos avergonzado.” Pero no sabes…” “Lo que sé, pastelito, es que gracias a Spike, te estás divirtiendo como te has divertido nunca, quizás. Sé que te saca de quicio y te pone en apuros y hace que te comportes como un adolescente descerebrado y que a veces se te olvida ponerte la gomina en el pelo y sé que, en una ocasión, fue el culpable de que te pilláramos con la bragueta abierta y el pajarito casi asomando, pero chico, creo que nunca has disfrutado tanto de la vida ni te has reído tanto ni has estado tan… tan… esto… satisfecho.”, sonrió cariñosamente cuando Angel levantó la cara “¿Angel tiene un pajarito?”, intervino el inefable Illyria. “Anda, ve a por él. Quién diría que tienes más de doscientos años…” “¿Qué haría sin ti, Lorne?, sonrió cogiendo el abrigo. “Rumiar, sin duda.”, miró el reloj. “Falta una media hora para las doce…No quiero sugerirte nada, pero me da en la nariz que estará allí.” “Sí, ese es mi chico. “ “¿Dónde es allí?”, volvió a intervenir Illyria que empezaba a tener la impresión de que lo estaba soslayando por completo. “Ummmm, mi apartamento está más cerca. Si Illyria nos llevase allí…” “¿Dónde es allí?”, repitió. “Allí es donde está tu mascota” “¿En tu apartamento?” “No, en el otro allí. Vamos al callejón, te lo explicaré por el camino” |
| DESENLACE Cuando llegaron al centro de la ciudad, donde cada año, la gente se reunía para despedir el año y saludar al venidero, el lugar ya estaba abarrotado y todos reían y gritaban. El caos era total y solo a base de empujones consiguieron meterse entre la muchedumbre. “¿Lo ves?”, gritó Lorne sobre el alboroto general. “Illyria, ¿lo ves por algún lado?” “Hay demasiada gente. No entiendo qué hacen todos aquí”, se quitó a uno de los sobones de encima de un palmetazo. “¡Allí…! No, lo siento, no era él” “Angel, esto es absurdo. Así no vamos a localizarlo nunca y no sé tú, pero me han pisoteado ya cuatro veces. ¿Por qué no utilizas el olfato? “Demasiados olores. Esa era la razón dos , si no recuerdo mal.” “¿Qué? Dios, qué agobio. Illyria, su Magnanimidad Divina, ¿por qué no despejas un poco el camino?” “¡APARTAOS, PUTREFACTAS CRIATURAS INFECTAS!!!!!”, vociferó el dios con su poderosa voz resonante, extendiendo los brazos y creando una ola de energía que lanzó a varios inocentes, carteristas, demonios de la noche y gente con una tremenda falta de decoro volando por los aires. “Gracias”, y avanzaron hasta encontrar de nuevo el compacto muro que formaba la aglomeración de humanos y demonios de incógnito. De pronto empezaron a sonar las campanas y la multitud empezó a desgañitar: “¡Doceeee!” Angel empezó a desesperarse. Le parecía vital encontrarlo antes de que acabara el año. Tenía que encontrarlo antes de que acabara la cuenta atrás. Empezó a empujar indiscriminadamente, mirando a un lado y otro, sobre las cabezas de la gente, deseando por primera vez en su vida que Spike fuera un poco más alto, “¡Onceeeee!”, su pelo radiactivo sería como un faro y no tendría tanta dificultad para encontrarlo. Por el rabillo del ojo vio como Illyria se ponía a su lado, arrastrando a Lorne al que había cogido de la corbata, “¡Dieeeeez!”. El dios movió un brazo pero fue su bramido de rabia el que hizo que el gentío se apartara y apretujara, para dejarles un estrecho pasillo por el que avanzaron torpemente. Le pareció captar un atisbo leve de su olor y cambió la dirección de su errática odisea, seguido muy de cerca por sus dos amigos. “¡Nueveeee!” El olor era más débil ahora y se detuvo, los ojos cerrados, concentrándose. Sí, ya lo tenía. Un poco más adelante. “¡Ochooooo!” “Illyria…”, suplicó. “¡Sieteeee!” “¡¡¡¡¡FUERA DE MI CAMINO, BABOSAS, INDIGNAS DE CONTEMPLAR MI EXCELSIDAD ILIMITADA!!!!!!” Como por arte de magia, la gente se separó en dos, dejando en medio una figura menuda, inconfundible, perfectamente iluminada por las farolas, que se volvió a ellos lentamente, sonriendo. “¡Como en las películas!”, aplaudió entusiasmado Lorne. “¡Seiiiiiiiis!” Como en sueños, Angel se acercó al inmóvil Spike, sabiendo que todos los ojos estaban fijos en ellos, pero qué más daba. “¡Cincoooooo!”, Angel le cogió la cara con las dos manos y le besó la frente. Lorne sacó su móvil y empezó sacarles fotos “¡Cuatrooooo!”, Angel deslizó los labios y le besó la cicatriz de la ceja. Un grupo empezó a jalearles y pronto se unieron los que les rodeaban. “¡Treeeeeees!”, siguió resbalando los labios y le besó los párpados. “¡Dooooos!”, ahora era el turno de la impertinente punta de su nariz y lo oyó reír entre los gritos. “¡Unooooooo!”, bajó más y le besó la descarada barbilla. Por un momento, el universo pareció contener el aliento, y un segundo después, explotó en un millar de gritos gozosos: “¡Cerooooooooooooooo!” Angel buscó la boca que reía y la aprisionó en la suya. Quería darle en ese beso, todos los besos que debería haberle dado en aquellos años, todos los besos que nunca le dio, todos los besos que soñó darle, todos los besos que nunca serían suficientes para expresar lo que estaba sintiendo. Quería decirle con ese beso que no quería dejar de besarle nunca. Y cuando al fin se apartaron, jadeantes, las frentes unidas, los ojos clavados en el otro, Angel susurró: “Feliz Año Nuevo, Will” “Feliz Año Nuevo, Sire” |