La definición en el diccionario
 
Autor: 
Enia
Pairing: Spuffy
Rating:  NR-13
Para  marion , que se le ocurrió la idea loca, y para  alderaansaranya_x , por participar de la locura




Era patético.
Por no mencionar lo extremadamente irónico.
Debía ser el Karma.
Seguro que era eso.
Karma.
Sólo algún mal chiste cósmico podía haberla llevado a encontrarse la noche de Halloween parada en el medio de El Palacio de las Hamburguesas, que estaba ambientado como una taberna de algún pueblo europeo de finales del siglo XIX, sirviendo a una cola interminable de gente con los más estereotipados disfraces de vampiro posibles, vestida como una cortesana.
Pero no cualquier cortesana.
No.
Disfrazarse de cualquier cortesana sólo habría significado remontarse a la humillación que sufrió varios años atrás, cuando decidió alquilar aquel hermoso vestido escarlata y terminó transformándose en una imbécil que se desmayaba a cada paso.
Su disfraz estaba a kilómetros de distancia de algo tan llevadero como esa humillación.
- Muy bien – dijo el gerente parándose a su lado. – Todo está muy bien. Evidentemente, hice lo correcto al seguir mi instinto y confiarte esta tarea.
-Gracias- respondió Buffy con sequedad, tratando de que el maldito corsé dejara de clavársele en las costillas.
- Creo que esta ha sido mi mejor idea en años – agregó el hombre, sonriendo con afectación. – Realmente, nunca imaginé que heredar el viejo baúl de mi tío pudiera acarrearme un ascenso. Estoy seguro de que este golpe de publicidad y marketing no pasará desapercibido.
La Cazadora hizo un esfuerzo por no estampillarle el puño entre las cejas pintadas al recordar la imagen que le devolvió el espejo, un par de horas atrás, y asintió con actitud controlada.
Dos semanas antes el hombre junto a ella había descubierto que su tío abuelo tenía un libro muy antiguo, escrito por un aficionado a los temas de vampiros. Aparentemente, el aficionado de pacotilla vivía en Rumania cuando cuatro vampiros habían decidido establecerse por el lugar, y registró todo lo que pudo averiguar sobre las dos parejas que aterrorizaron a la gente por meses. Incluso llegó a dibujarlos con detalle.
Por supuesto, si tan solo hubiera sido un descubrimiento cuya lectura lo hubiera intrigado, todo habría estado perfecto.
Pero no.
Al tipo tenía que ocurrírsele su única idea anual para ganarse una promoción y decidir usar ese libro como guía para armar la bendita fiesta de Halloween. Y luego la remató ordenándole a ella que la organizara. Así que le dio el libro para que lo leyera y replicara todo lo que pudiera.
Cuando vio los dibujos de Angelus, Darla, Drusilla y Spike, versión cien años atrás, pensó que nada le provocaría peores escalofríos… hasta que el gerente la obligó a vestir como Darla.
“Porque es la vampiro rubia y tú eres rubia”.
Repentinamente, el asunto de que ésta era una fiesta de horror comenzaba a tomar todo un nuevo significado.
Lo bueno era que al menos el gerente había decidido no ser Angelus.
Lo malo era que había decidido ser Dracula versión Bela Lugossi.
Lo feo era que una de las chicas había decidido que, por ser morocha, sería Drusilla y se había esmerado de tal manera, que Buffy tuvo que reprimir el repentino impulso de estacarla cuando la vio aparecer con su disfraz.
Lo enfermizo era que Spike acaba de entrar en la hamburguesería.
- ¡Oh, no! – el gerente resopló, molesto, mientras disimuladamente se arreglaba la capa - ¡Mira a ese tipo! Arruina todo el ambiente. ¿De quién se disfrazó? ¿Billy Idol?
Buffy frunció el ceño, irritada.
- Billy Idol le copió el estilo a él – murmuró de manera casi automática.
Sin haberla escuchado, su jefe la miró y levantó sus cejas.
- ¿Bien?
Los ojos verdes de la Cazadora se llenaron de confusión.
- ¿Disculpe?
- ¡Ve a decirle que es una fiesta de disfraces TEMATICA! Debe venir vestido acorde al tema, como todos los demás.
Su mano hizo un amplio gesto, señalando a la gran cantidad de gente que poblaba el local, bebiendo, comiendo hamburguesas que tenían caritas con colmillos dibujadas en el pan, y deambulando por entre las ristras de ajos y cruces.
- Y fíjate si se terminaron las uvas. No queremos quedarnos sin ojos – agregó, antes de colocarse sus dientes postizos y adentrarse entre el gentío haciendo ondear su capa.
Buffy suspiró y contó hasta diez, antes de acercarse a la mesa donde un gran cuenco de cristal lleno de ponche tenía granos de uva sin pellejo, simulando ser ojos. Esta noche comenzaba a parecerse sospechosamente a un buen simulacro de tormento eterno.
Su falda tropezó con la mesa antes que ella. Todavía no había logrado incorporar el armazón de la falda al sentido de cálculo de distancia entre su persona y lo que la rodeaba. ¿Cómo demonios hacían las mujeres para respirar con ese tipo de ropa? Por no mencionar la incomodidad de ir al baño.
Tomó el enorme recipiente y lo cargó, sorteando a un grupo de vampiros estilo Wesley Snipe en Blade, hasta la cocina, llegando a destino misteriosamente sin volcar nada. Suspiró aliviada cuando vio que no había nadie allí.
Un poco de soledad le vendría bien.
- ¡Vaya! ¡Esta fiesta es lo más! – Tiffany irrumpió en la cocina, con sus ojos coloreados con lentillas grises brillando con entusiasmo.- Buffy, realmente debo decir que no pensé que fueras capaz de organizar nada. Mucho menos algo como esto.
Mientras hablaba, dejaba vasos y platos desechables en una bolsa de basura, y buscaba nuevos para reponer en las mesas.
- Tu disfraz no está mal. Realmente quedaste parecida al dibujo. Cualquier podría confundirte con Darla a primera vista.
Buffy casi volcó todo el tarro de uvas peladas al escuchar semejante insulto, pero Tiffany siguió hablando sin prestarle mayor atención.
– Aunque en lo personal, creo que el mío tiene más… misterio. Es decir, soy morocha, tengo ojos grises y, según el libro, Drusilla era vidente.
- Drusilla estaba loca – replicó Buffy, con los dientes algo apretados.
- Bueno, era parte del encanto de ser vampiro, supongo – replicó la chica, buscando ahora unas cuantas servilletas con dibujos de calabazas – Pero fuera de eso, creo que tenía al chico más guapo. Porque ese Angelus era algo… no sé, en el dibujo se veía aburrido, ¿no te parece? Además, tenía la frente del tamaño del estado de Oklahoma.
Buffy la miró con una expresión de ofensa absoluta, que una vez más Tiffany, atareada buscando caramelos con forma de insecto, no vio.
- ¡Su frente no es tan grande!
- Bueno… tienes razón. Tal vez no Oklahoma… ¿Texas? – se rió sin darse cuenta de cuán cerca estaba de ser bañada en vino tinto - En cambio William… ¡wow! Por cierto, ¿viste el sujeto que entró hace un segundo? ¿Notaste que se parece a William? Lástima que no se vistió de acuerdo a la época, porque seguro que así se parecería más, aunque ese look de rockero ochentoso al que se le pasó la mano con el decolorante, me fascina.
Buffy se debatió por un momento entre volcarle encima el cuenco con ponche y advertirle sobre la necesidad de no considerar a Spike alguien sexy.
Tiffany se movió entonces hasta la puerta y espió por el ojo de buey hacia el salón.
- ¿Crees que haya venido con alguien? Porque me parece haberlo visto entrar solo.
La Cazadora suspiró y decidió que su deber era decir algo que detuviera las fantasías que podía ver formarse en la mente de pollo de su compañera de turno. La chica era algo pedante, y con seguridad llevaba bastante tiempo sin nada excitante en su vida, pero aún así no era cosa de que se abalanzara sobre Spike.
Nadie debía abalanzarse sobre Spike.
Porque Spike no era alguien sobre quien una chica sensata debía abalanzarse.
Era alguien de quien una chica sensata debía apartarse.
Porque Spike era peligroso. Muy peligroso.
- ¿Sabes? No sé qué me gusta más. Si esa actitud de que podría tomar lo que quisiera cuando quisiera, esa sensación de que no tiene prisa, la forma en que se mueve... ¡Mira! – La llamó con la mano para que se acercara. – Seguro que alguien que puede moverse de esa forma al caminar, debe moverse de muchas otras formas interesantes.
Las mejillas de la Cazadora se tiñeron de rojo al pensar en las muchas otras formas interesantes en las que ese vampiro podía moverse, dependiendo del momento. Pero Tiffany, que seguía espiando a Spike, una vez más, siguió con su discurso.
- Tiene una forma de mirar a la gente que me hace estremecerme, como si fuera un depredador buscando una presa… Déjame decirte que yo no tendría ningún problema en que me considerara su presa y… ¡Oh, por Dios! ¡Tiene partida la ceja izquierda! – Apartó la vista del salón y miró a Buffy, entusiasmada – Apuesto a que junto a la palabra sexo, en el diccionario, hay una foto suya.
Bien, era oficial.
La chica estaba necesitando un poco de excitación en su vida. Y parecía dispuesta a encontrarla en el lugar menos indicado.
Dejando el ponche sobre la mesada, se acercó a la otra puerta y miró por la ventana hacia el salón.
Spike estaba sentado en un taburete del otro lado, cerca de la entrada, con un pie en la barra de soporte del taburete y el otro apoyado en el suelo. Una mano colgando desde su muslo hacia su entrepierna y la otra sosteniendo el cigarrillo cuyo humo le hacía entrecerrar los ojos.
- ¿Crees que si me acerco a él tendré una oportunidad?
Buffy mantuvo los ojos clavados en Spike durante varios segundos, sin responder a la pregunta que le acababan de hacer.
Frunció el entrecejo al recordar lo que ocurrió la última vez que Drusilla estuvo en Sunnydale. No. No era buena idea que Tiffany se acercara a Spike disfrazada de Drusilla.
Iba a decir algo cuando los ojos color aguamarina del vampiro se detuvieron en ella. Fijos, quietos, seguros, hablándole sin palabras de todas esas cosas que ella no quería escuchar de él.
Lo vio llevarse el cigarrillo a los labios, pitarlo con parsimonia y un escalofrío le recorrió la espalda.
No podía permitir que Tiffany se acercara al vampiro y lo abordara.
No era seguro para ninguna chica estar cerca de él.
Y ella era la Cazadora.
Era su deber cuidar a las chicas inocentes de los vampiros sexys. Y de cualquier otro tipo de vampiro también, claro. Aún si se trataba de una tarada pedante como Tiffany. Como Cazadora, no solo debía resolver situaciones peligrosas, sino prevenirlas.
Y esta era definitivamente una situación peligrosa.
- No, no lo creo – respondió finalmente, volviéndose hacia la cocina para buscar el recipiente con ponche.
- ¿Por qué no? ¿Crees que preferiría a una vampira rubia? – preguntó la chica, con un retintín en la voz.
Buffy levantó un hombro y tomó el ponche para regresar al salón.
- Es gay.
Los ojos de falso color gris la miraron con suspicacia.
- Lo dices porque lo quieres para ti –aseveró, alzando la barbilla.
- ¡Vamos! ¿Chaqueta de cuero negro y pelo desteñido? ¿Uñas pintadas? El tipo es gay.
Tiffany regresó su vista hacia Spike y evaluó lo que Buffy le decía un momento.
- ¡Diablos! Tal vez tengas razón.
- La tengo. ¿Me abres la puerta, por favor?
La chica empujó la hoja de madera con expresión conspicua y Buffy caminó con cuidado una vez más, tratando de llegar ilesa a su destino. Apoyó el enorme cuenco sobre el mantel negro y se enderezó, pero un par de idiotas que corrían por entre la gente haciendo flamear sus capas, la golpearon, lanzándola sin mayores miramientos sobre el líquido lleno de uvas peladas.
El vestido afectó su balance y se dio cuenta que iba a aterrizar en esa pequeña tina de vino tinto sin poder evitarlo, cuando un brazo se cerró en su cintura y en un segundo su espalda se apretaba contra un pecho que conocía bien.
- Sabes, Cazadora, si quieres ponche, debes beber como todos los demás. Grandes cantidades en medidas pequeñas.
Esa maldita voz cavernosa.
Respirando profundo, se apartó de los brazos del vampiro y se giró para mirarlo con las cejas levantadas.
- Esta es una fiesta temática, Spike. Y el tema no son los años 80.
Una sonrisa torcida distendió las facciones de él, que miró a su alrededor, deteniéndose brevemente sobre Tiffany, que se hallaba cerca de ellos en ese momento y los observaba con atención.
- Y dime, Summers, ¿cuál es ese tema exactamente?
- Ninguno para el que tu aspecto califique.
Spike llevó el cigarrillo a sus labios y se lo terminó en una sola calada, antes de lanzar la colilla al suelo sin mayores miramientos.
- Ya veo. ¿Y tu aspecto sí?
- Mi aspecto es el que se me indicó. Estoy trabajando aquí, Spike, no divirtiéndome. ¿Por qué no te vas?
- Porque yo no estoy trabajando y creo que esto puede ser más que divertido – aclaró, pasando su vista por ella para luego desviarla hacia Tiffany una vez más – Además, veo que hay más de una mujer de mi tipo en este lugar.
El rostro de Buffy se volvió de piedra y su mano se cerró en la camisa negra con fuerza.
- Ni se te ocurra. Si te veo siquiera a medio metro de Tiffany, te golpearé hasta que me pidas piedad.
La mueca torcida se transformó en una sonrisa lasciva mientras elevaba su ceja partida.
- ¿Lo prometes?
Soltándolo, lo empujó hacia atrás y lo fulminó con la mirada. Maldito corsé que no la dejaba respirar bien, haciendo que el corazón se le acelerara y las piernas le temblaran.
Se miraron por largos segundos antes de que él se alisara la camisa y se inclinara hacia ella nuevamente, para susurrarle en el oído.
- Sí, lo prometes…
Sin más, giró sobre sus talones y se dirigió a la salida, empujando las puertas con un gesto brusco que las hizo rebotar varias veces. Un momento después se había perdido en el movimiento nocturno de gente que iba a pedir dulces o a fiestas varias.
- ¡Oh, por Dios! ¡Hablaste con él! – Tiffany se materializó a su lado, bullendo de emoción - ¿Qué te dijo? ¿Podemos confirmar que es gay?
Durante un instante Buffy recordó la presión de todo el cuerpo de Spike contra su espalda, trasero y piernas. Todos sus planos, todas sus formas y, sin duda, toda su excitación.
Tomando un vaso, lo llenó de ponche y se lo bebió de un trago.
- Totalmente. ¿Por qué no te fijas si hacen falta más calabazas de caramelo?
Un brillo de decepción se pintó en el rostro de la chica, quien dejó salir un suspiro.
- Claro - dijo antes de ir a hacer lo que le pedía.
Buffy permaneció allí, paseando su vista por el salón, fingiendo que estaba pendiente de que todo estuviera bien.
Cualquier que la mirara, vería a una vampira rubia vestida como si fuera esa enferma de Darla.
Era una suerte que nadie pudiera saber que, en realidad, le estaba dando la razón a Tiffany.
Estaba dispuesta a apostar su salario de esa semana a que junto a la palabra sexo, en el diccionario, estaba una foto de Spike con la expresión que tenía justo antes de irse.
Sí, esa noche no era más que una broma muy pesada.
Sin lugar a dudas, era karma.