Sin vuelta atrás

Autor: 
Selene1508
Pairing: Spangel
Rating: NR-18
Una vez finalizadas las series, tras Not fade away




Ella

    Había sido una semana extenuante; después de todo, no todo el mundo sería capaz de impedir un Apocalipsis, equilibrar las fuerzas del Bien y del Mal, reconstruir toda la infraestructura de un maligno bufete de abogados y mantener a raya a la criatura más impertinente, desordenada, caradura, insolente y maleducada de este universo y alguna que otra dimensión paralela…Spike.

    Angel suspiró sentándose tras su recién recuperado escritorio, mirando por los ventanales el fluir de la ciudad, que apenas se había enterado de que el infierno había sobrevolado sobre ella en forma de dragón alado. Maldito dragón, maldijo para sí el vampiro sirviéndose un whisky doble de su minibar, aún le escocía el mordisco que le había pegado en el brazo antes de que le clavara una espada en mitad de la garganta.

    Alzó su copa ante imaginarios compañeros, y brindó por el trabajo bien hecho, por la jodida suerte que habían tenido al aparecer de repente una legión de Cazadoras armadas en aquel callejón, y por salir vivos una vez más, del fin del mundo.

    Y entonces, rompiendo el maravilloso momento de paz y tranquilidad, el único que había tenido en una semana eterna de negociaciones, amenazas, peleas y firmas de contratos, Spike irrumpió en el despacho entrando sin llamar, dejándose caer sobre el sofá de cuero haciéndolo crujir lastimosamente.

- Spike…- Suspiró Angel contrariado.- Es tarde, ¿qué quieres ahora?

- Nada.- Respondió lacónico. Angel bufó tratando de calmarse, tampoco era cuestión de saltar sobre Spike a la mínima de cambio. Había arruinado su momento de paz, bueno sí, pero tampoco él podía saber que iba a hacerlo cuando entró en la habitación…aunque podría haber llamado antes… no, que Spike mostrara algún ápice de educación en referencia a él era un caso perdido.

     Mientras saboreaba su whisky, observó de reojo a su acompañante. Spike estaba totalmente despatarrado en el sofá, como si hubiera caído sobre él desde el piso de arriba y allí se hubiese quedado. Extrañamente en silencio, con la mirada puesta en la calle a través de las ventanas. Algo brillaba en el fondo de esos ojos azules, tan azules que a veces parecían de otro mundo, algo que Angel nunca había conseguido descifrar. Una luz que ni Angelus logró destruir. Angel se removió inquieto y bebió un trago más largo, no quería pensar en Angelus. No quería pensar en Angelus tratando de apagar la inocencia en los ojos de Spike…no.

    Se acabó el whisky y el vampiro dudó si volver a llenar el vaso. El silencio y la inmovilidad de Spike lo estaban poniendo nervioso, quizás porque había aprendido hacía mucho a leer entre líneas cuando Spike era ruidoso, o sarcástico, cuando era cruel y fanfarrón. Había aprendido a dominar sus ataques verbales, pero cuando se quedaba así, tan callado y melancólico, alejado de todos, alejado de él, entonces las sombras del pasado nublaban su mente y le recordaban que nunca fue capaz de poseerlo del todo.

- ¿Qué pasa, Spike?- Tenía que hacerlo hablar, romper ese silencio que amenazaba con traerle recuerdos que no quería recordar.

- Nada…- Volvió a repetir el vampiro sacudiendo esta vez la cabeza, la luz de la habitación arrancó suaves reflejos a ese pelo oxigenado y desastroso.

- ¿Y para qué has venido entonces?- Angel se estaba irritando de veras. En otro tiempo habría saltado sobre el escritorio, se habría abalanzado sobre Spike y le habría arrancado lo que le rondaba por la cabeza a puros golpes.

- Fue increíble, ¿no crees?- Spike se giró por fin a mirarlo, y Angel contuvo el aliento. Qué hermoso era, por Dios. Con esas pestañas tan largas y oscuras apresando tras ellas aquellos ojos rasgados, azules, los pómulos marcados, aquella sonrisa traviesa dibujada en unos labios tan, tan… deseables.

- ¿El qué?- Habla más, pensó para sí Angel respondiendo lacónicamente. Habla más, no esgrimas el silencio de tu voz contra mí. Habla, habla más hasta que no soporte tenerte a mi lado.

- Pues… ¿qué va a ser?- Spike estaba entre sorprendido y enfadado.- ¿Qué maldita cosa podría ser, Angel? La pelea, el fin del mundo, todos esos demonios corriendo hacia nosotros cuatro…- Spike reflexionó, recordando al malherido Charles.- Bueno, tres y medio.

    Claro. Qué más podía ser, se regañó Angel en silencio. A Spike le encantaba pelear, era un talento innato, como también lo era esa forma de moverse al andar, contoneándose, o la forma de sonreír y levantar las cejas, pasarse la lengua por los labios en ese gesto tan provocador que él le conocía tanto… A Spike le excitaba la lucha, sobre todo cuando las probabilidades estaban en su contra.

- Lo que fue increíble es que saliéramos vivos de allí.

- Y vencedores.- Tan orgulloso, el Spike silencioso del principio parecía haberse esfumado y ahora era el de siempre; el fanfarrón y sarcástico Spike. Angel suspiró visiblemente aliviado y decidió que era hora de una segunda copa.

- Lo hicimos bien.- Murmuró alzando con los dedos su vaso y haciendo brillar el ámbar líquido bajo la luz de las lámparas.- Lo hiciste bien.

- Mejor que tú, que de tanto pasarte el tiempo en esta oficina parecía que se te había olvidado pelear.- Spike rió por lo bajo y Angel, que en otra ocasión se habría ofendido y habría respondido con un insulto, asintió al comprobar que definitivamente los fantasmas de la mirada de Spike habían desaparecido.- Si apenas pudiste cargarte al dragoncito aquél.

    Angel se acarició levemente las marcas de mordedura bajo la seda de su carísima camisa, y una mueca de dolor cruzó su rostro. Joder, cómo escocía la puñetera herida.

    Spike se levantó del sofá, que volvió a crujir y a Angel le pareció que esa vez lo hacía como quejándose por la pérdida de su menudo, musculoso, flexible cuerpo sobre él. Cruzó la habitación como un gato, en silencio y moviendo las caderas sugerente, como pavoneándose. Angel tuvo que beber de nuevo un gran trago de golpe tratando de controlar el fuego que le resecaba la garganta, las ganas de levantarse y desnudar al vampiro con urgencia, sin darle tiempo a resistirse y poseerle contra los ventanales abiertos al mundo con violencia, con pasión, a la fuerza si era necesario…No, no ¡NO! Dios, cómo podía estar pensando en eso, él tenía alma, conciencia, era…joder, era el maldito salvador del mundo, no podía estar pensando en esas cosas. Además, Spike no se lo merecía. No después de tantas veces que en el pasado Angelus… no después de haber luchado tanto por recuperar su alma, por ser algo más que un demonio sólo por amor a Buffy…no después de correr a su lado con la espada en alto por ese callejón, gritando como un animal desesperado y furioso. No.

-Oh, Dios mío.- Murmuró Spike de repente, interrumpiendo su infierno interno. Había tanto temor, tanta ansiedad y tanto deseo contenidos en esas simples palabras que Angel se levantó de un salto y llegó junto a él a las ventanas, pensando que había visto algo…otro maldito dragón, por ejemplo. Pero no, no había nada. Nada más que coches, luces de neón, transeúntes, algún que otro demonio agazapado en los callejones…lo normal en los L.A.

- ¿Qué?- preguntó Angel inquieto. Spike se volvió hacia él y le clavó su mirada límpida, luminosa, inmensa, con una turbidez sin embargo en el azul de los ojos que Angel reconoció enseguida. Algo se acercaba, algo grande, algo importante, algo que provocaba en Spike aquella alegría y aquella inseguridad. Pero, ¿qué podría ser?

- ¿No lo sientes?- Spike corrió hacia la puerta del despacho, con una sonrisa de chiquillo en los labios. Angel lo detuvo bruscamente antes de que saliera, con una mirada interrogativa. Spike se encogió de hombros.- ¿De verdad no lo has notado? Ella  está aquí.

Con un ligero tirón se soltó de la presa de sus dedos y corrió escaleras abajo, mientras Angel se estremecía de terror. No podía ser, ¿por qué? ¿Por qué tenía que aparecer justo ahora cuando todo estaba volviendo a su curso natural?

    Vacilante, dio algunos pasos fuera del despacho, aferrándose a la barandilla mientras gotas de sudor perlaban su frente. Y en efecto, saliendo del ascensor, precedida por su delicioso aroma, vistiendo como si aún estuvieran en el París del siglo diecinueve, Drusilla hizo acto de presencia.

- ¿Quién es ese bocadito de nata?- Lorne estaba a su lado en la barandilla contemplando a la recién llegada con curiosidad.- Es maravillosa, hermosamente retro… y a Spike parece encantarle.

    Spike. Spike. Angel taladró con la mirada al maldito vampiro rubio que con aquella extraña capacidad suya había presentido a Dru antes que él. Con esa rara conexión mágica, kármica, que mantenía con la mujer y que le permitía sentirla en cien kilómetros a la redonda. Siempre había sido así, quizás se debiera a que siempre la había adorado, como un hijo a su madre, como un siervo a su señor, como un amante creyente a su Dios.

     Spike y Dru bailaban en mitad del hall repleto de trabajadores que los miraban admirados, como hipnotizados por los sincronizados, delicados y bellos movimientos de la pareja. Spike ya no era Spike, sino el fantasma del William que fue un día, atento a los deseos de la vampiro, que reía y echaba hacia atrás la cabeza ondeando su larga cabellera oscura como un estandarte.

- Más rápido, Spike, más rápido.- Jadeaba con los ojos entrecerrados y Spike se prestaba solícito a concederle su deseo, moviéndose aún más rápido por la sala, bailando aquél frenético vals.

    Y Angel, observando también desde su posición envidió a la pareja, pues nunca con Darla llegó a ese grado de alegría, de juegos secretos e íntimos. A lo mejor, porque Angelus era demasiado cruel, demasiado egoísta, no se contentaba con poseer algo hermoso, tenía que destruirlo. Como el niño que juega con sus muñecos y sólo alcanza la más sonora de las risas al contemplarlos hecho pedazos.    

     Meneó triste la cabeza, pero esa vez no pudo espantar los recuerdos. Spike y Dru seguían riendo y jugando allí abajo. Ya no bailaban pero ella estaba entre sus brazos retorciéndose divertida tratando de evitar las cosquillas de Spike, que también reía, apresándola cariñosamente entre sus fuertes, tensos brazos. No, Angelus nunca tuvo nada de eso, y tal vez era responsable de esa estrecha relación, pues ambos, Drusilla y Spike fueron desde el principio sus juguetes más preciados, más torturados también. Su perversidad los unió, el temor a su voz, a sus golpes, a sus excesivos castigos convirtió a ambos en eternos compañeros de viaje. Porque nadie más que ellos podían comprender lo que sentía el otro después de una paliza o una violación de su Sire.

    Y sólo por eso Angel reprimió el impulso de bajar precipitadamente las escaleras y echar con un temible grito a Drusilla de allí, y si acaso, a Spike también. Porque era su culpa, porque ellos dos no eran más que el reflejo del demonio que fue. Y sólo por eso los dejó jugar y reír como niños. A fin de cuentas, Dru estaba loca pero él podría controlarla, ¿qué podría pasar?

 

La rebelión de los juguetes

 - ¿Qué podría pasar?- Giles de veras estaba enfadado. Después del Apocalipsis y la intervención de las Cazadoras, aceptó quedarse en W&H, al menos, hasta que encontraran sustituto al llorado Wesley. La decisión había levantado ampollas y suscitado una gran polémica entre el resto de los Vigilantes del Consejo. Desde Europa se vigilaba con recelo a la firma de abogados, y que Angel hubiese aceptado la dirección de la misma había decepcionado a muchos y dado la razón a otros tantos. El Consejo desconfiaba de las buenas intenciones del vampiro, ni siquiera Giles pondría la mano en el fuego por él…pero ahí estaba. Logró convencer a sus superiores de que, conociendo la diabólica naturaleza del bufete, no estaría mal tener a alguien dentro que los informase de todo cuanto ocurriera en W&H, y así estar preparados para actuar si llegase el momento. Aún desconfiados, le habían permitido ocupar temporalmente el lugar de Wesley.

    Para el Vigilante no resultaba fácil estar allí, después de todo cuanto había ocurrido entre Angel y él, pero no era la presencia del nuevo director de W&H lo que más le inquietaba. Lo que más le sorprendió al llegar allí fue descubrir que Spike seguía vivo- todo lo vivo como puede estarlo un vampiro con alma- y que ahora en cierto sentido trabajaba para Angel. Las pocas veces que habían coincidido apenas se habían dirigido la palabra, y en contra de lo que pensó en un primer momento, el rubio no había mencionado ni una sola vez a Buffy. Aquello más que aliviarle, le pareció sospechoso.     

Aunque en ese momento una única idea ocupaba su mente: Drusilla se había escapado. Airadamente se encaró de nuevo con Angel, recriminándole su error:

- ¿En qué demonios estabas pensando?

 - Lo siento Giles, creí que podría controlarla.

Giles le dirigió una mirada furibunda. Menuda estupidez, controlar a Drusilla. Una demente, una loca, una perturbada y sedienta asesina.

- Tenemos que encontrarla antes de que mate a alguien.

    Angel asintió en silencio, derrumbándose tras el escritorio. Cerró los ojos y se frotó lentamente las sienes tratando de alejar la jaqueca que amenazaba con enloquecerle.

    Al principio todo había resultado más o menos sencillo. Drusilla se había limitado a pasar su tiempo con Spike, jugando al escondite por las oficinas, paseando por las noches del brazo de su adorado caballero andante, y salvo algún que otro momento embarazoso…como cuando los descubrieron follando como salvajes encima de la mesa de reuniones, no había causado mayores problemas.

    Spike, de manera arrebatadora y acostumbrado a manejar el infantil mecanismo de pensar de Dru, la había convencido de conformarse con la sangre animal, y de no atacar a los humanos. La mantenía todo lo entretenida posible y no se separaba de su lado ni un instante, en parte para asegurarse de que no se portaba mal, y en parte porque ahora que estaba allí, el resto del mundo había dejado de importarle.     

Lejos de aliviarle que Spike no pudiera dedicarle ni un segundo de su tiempo, librándose de sus impertinencias y su fastidiosa presencia, Angel sentía una extraña desazón. Spike no le prestaba la más mínima atención; sólo tenía tiempo para su diosa negra y aquello le molestaba.
   
    Cuando los veía cruzar el hall, de vuelta de alguno de sus paseos nocturnos, cogida ella de su brazo, mirándose el uno al otro fijamente, devorándose con la mirada, diciéndose tantas cosas en ese silencioso caminar, Angel sentía el ramalazo de los celos. Porque sabía que Dru era la única capaz de conjurar lo que se escondía en la luz que brillaba en los azules ojos de Spike. La única que poseía la llave, que conocía los secretos de su mente. La única a la que Spike había dejado entrar, poseerlo por completo.

    No es justo, bramaba entonces Angelus dentro de él, desde lo más profundo del abismo de su alma. No es justo, yo también lo quiero. Siempre lo quise. Es mío, mío, es sólo mío y debería saberlo, debería haberlo entendido después de tantas veces que…

    ¡Calla!, era un verdadero esfuerzo, una odisea mantener a raya a su otro yo y volver al instante presente. Es feliz con ella, siempre lo fue, no tenías derecho a hacerles esas cosas…no tengo derecho… yo no…

    Ahora todo se había desmadrado. Dru había escapado de la vigilancia de Spike y  andaba suelta por la ciudad. Aquello era un desastre. Giles estaba en lo cierto; tenían que encontrarla antes de que le diera por saciar su sed.

 - Demasiado tarde.- Illyria hizo acto de presencia envuelta en una nube de humo azul. Tan aterradora como siempre.- Ya son seis las víctimas.

- ¿Seis?- Giles se empujó el puente de las gafas nervioso.- ¿Seguro que es obra suya?

- imposible no reconocer ese olor tan delicioso…a violetas, creo.- Replicó la ex – dios como molesta de que dudaran de su palabra.- Además es el mismo modus operandi… una auténtica sádica, sí señor.- Le dio unas palmaditas a Angel en el hombro.- La enseñaste bien.

    Angel sintió que se le revolvía el estómago ante el “cumplido”. Por supuesto, por supuesto que lo había hecho. Dru era su más perfecta obra, la que mejor reflejaba la oscuridad de Angelus, su grado de depravación, sadismo y violencia.

    Maldiciendo se preguntó dónde diablos andaría Spike metido. En cuanto se supo la ausencia de la vampiro se había lanzado a las calles con un escueto “La traeré de vuelta” a modo de adiós. De eso hacía ya dos días, y Angel se preguntaba dónde habría pasado el día, en qué tugurio, sótano o cloaca se habría refugiado de los mortales rayos del sol. Y si la habría encontrado… y si se encontraría bien.

- A lo mejor no todas son víctimas suyas.- sugirió Gunn.- A lo mejor Spike…

- ¡No!- Angel se levantó como impulsado por un resorte dando un fuerte manotazo en la mesa de caoba. Giles lo miró sorprendido.- Spike… ya… no es… así.

- Otro igual.- Murmuró despectivo el Vigilante. Cuando Angel le preguntó que a qué se refería, se encogió de hombros.- Buffy me dio una respuesta más o menos parecida… no hace mucho tiempo. Me sorprende la vehemencia con la que los dos le defendéis.

- ¿Estaba equivocada?- Giles no le respondió. Angel repitió la pregunta un poco agresivo.

- No, no lo estaba pero…- Giles suspiró.- Angel, tú sabes el poder que Dru siempre ha ejercido sobre Spike. Tienen esa extraña… relación, esa misteriosa compenetración. Dru siempre ha sabido cómo doblegar a Spike bajo sus deseos. Tú más que nadie deberías saberlo.

    Lo sabía. Angel sabía que la mujer poseía sobre el rubio vampiro una perversa y oscura influencia. Era capaz de anular la voluntad de Spike de un soplido, por ella fue capaz de cometer los más impuros actos en el pasado pero… pero no podía, no quería creer que el Spike de ahora con alma, con conciencia sucumbiría a sus maléficas artes.

- Concentrémonos en Drusilla, Giles.- Suspiró suavizando el tono.- Spike es asunto mío. Aunque te repito que no creo que él haya…

- Está bien, pero aún dando por hecho que Spike no haya tomado partido en el festín.- Gunn intervino.- ¿Crees que te lo pondrá fácil? No creo que te deje aniquilar a su Dru así como así. Tendrás que pasar por encima de él.

    Illyria bufó disgustada. De alguna forma, y sin que nadie supiera muy bien por qué, Spike le caía simpático. Era algo así como su mascota, y no le gustaba la idea de que le hicieran daño. 

    Mientras los rojizos destellos del atardecer iluminaban el despacho, Angel cogió de su arsenal todo lo necesario para un enfrentamiento. Tenía que admitir que si al encontrar a Dru ésta se hallaba junto a Spike, el vampiro no iba a permitirle a nadie que la dañase. Ésa siempre había sido su obsesión, su misión. Angel recordaba, sin mucho esfuerzo pues Angelus estaba más a flor de piel que nunca, que la mitad de las palizas que le había propinado fue porque Spike se había interpuesto entre Drusilla y su Sire. Así que por mucho que le disgustara la idea, había muchas probabilidades de que todo aquello terminara con una nueva pelea entre ambos vampiros.

    El grupo formado por Illyria, Gunn, Rebeca – una de las cazadoras bajo la tutela de Giles que había decidido quedarse junto a su mentor- y el propio Giles, con Angel a la cabeza, se puso en camino en la búsqueda de la peligrosa vampiro.

    Según la información que el ex -demonio había conseguido, Dru había rechazado los típicos antros y tugurios peligrosos de la ciudad y estaba disfrutando del placer de la sangre en los templos religiosos y sus alrededores. Teniendo en cuenta el rastro de cadáveres que había estado dejando a su paso, creían estar seguros de cuál sería su próximo coto de caza.

                


    El interior de la iglesia estaba a oscuras, los bancos alineados a ambos lados del pasillo central vacíos, un silencio sepulcral lo invadía todo y Giles sintió que un escalofrío le recorría la espalda.

    Se distinguía una forma a lo lejos, un bulto sobre el altar y Angel, franqueado por Gunn y Rebeca, recorrió la distancia que lo separaba de él esgrimiendo una estaca en la mano derecha, y un corto pero eficaz cuchillo en la otra.

- Vaya, hemos llegado tarde.- Murmuró Charles al identificar el bulto como el cadáver desangrado del párroco del templo.

    Un siseo levísimo, como el silbido de la brisa al colarse por una rendija en la pared, llamó la atención de Angel.

- Dru, sal de tu escondite.- Su voz rebotó en los gruesos y altos muros de piedra. La luz de la luna se colaba por las vidrieras y otorgaba al lugar un aspecto fantástico, como de sueño. Nadie respondió a su reclamo así que insistió.- Vamos pequeña, papi no está enfadado.

    Todos permanecieron a la espera y Rebeca notó algo, una presencia, una mirada furtiva a su izquierda. Se giró en un rápido movimiento de pantera, pero nadie había allí.

- Yo… creí que…- Masculló algo confusa.

- Dru, sal ahora mismo.- Angel trató de conferirle a su voz autoridad. Pasaron otros dos, cinco, diez segundos y empezó a irritarse de veras. Convirtió su sereno rostro en el de un demonio de amarillentos ojos y habló como Angelus lo habría hecho.- ¡Vamos criatura indeseable, no estoy para juegos!

    Casi de inmediato, oyeron un triste sollozo, un gimoteo de cachorrillo a su espalda, y cuando se volvieron todos casi al unísono, la hermosa y delirante Drusilla estaba ante ellos. Se mantenía encogida, las manos a la espalda, con gruesas lágrimas cayéndole por las mejillas, en un dulce y enternecedor gesto de inocencia y temor.

- Dru, ¿por qué has desobedecido?- Angel se acercó algunos pasos hacia ella, fingiendo una violencia que en realidad no sentía.- ¿Por qué te fuiste sola y has hecho estas cosas?

- Es que…- Dru hizo un puchero, parecía una niña pequeña.- Es que me aburría mucho.

    Casi esbozó una sonrisa al oír la infantil respuesta. Se acercó un poco más, ella seguía agitándose en lastimeros sollozos.

- ¿Vas a castigarme?- Preguntó con los ojos clavados en el suelo.

- Tengo que hacerlo.- Angel sintió que la estaca temblaba en su mano. Esa criatura totalmente desquiciada era su hija, de cualquier enfermiza y oscura manera, y no podía evitar sentirse culpable. A lo mejor es que simplemente; lo era.

    Dru asintió como si comprendiera que no había otra forma posible de que su Sire actuara. Y entonces susurró, aún sin dirigirle la mirada, la más tierna y generosa de las súplicas.

- Por favor, no castigues a Spike también, daddy.- Suspiró llena de angustia.- No lo harás, ¿verdad? Él ha sido bueno, yo me escapé, no… no le harás daño, ¿lo prometes papi?

    Angel estuvo a punto de dejar caer las armas. Allí estaba de nuevo; el reflejo más abominable de Angelus. En aquellas palabras de horror y ansiedad quedaba plasmada la personalidad del demonio. Allí estaban todos los ultrajes, todas las humillaciones, todas las injusticias cometidas contra ambos. De nuevo cruzó por su mente la imagen de dos pobres muñecos rotos bajo los pies de Angelus.

- No Drusilla, prometo no castigar a Spike.- Murmuró sobrecogido el vampiro estrechándola contra él, en lo que parecía un abrazo. Un abrazo mortal, pues escondía una estaca dispuesta para la ocasión, pero a Angel le pareció una buena forma de despedirse de su engendro. Un abrazo por todo el daño.

- No, claro que no.- Drusilla alzó los ojos hacia su Sire y el vampiro sintió que algo había cambiado. En las manos de Dru, al fin al descubierto, una daga brilló un segundo antes de clavarse en el corazón de Angel.

    En apenas un instante, la personificación del mal se adueñó de aquella iglesia. 

 

El Sire

- Oh, ya está aquí, ya está aquí.- Dru palmoteaba excitada ensimismada en una de sus visiones.- Correrá la sangre, el dolor…

    Angel luchó por liberarse de sus ligaduras mientras el dolor le nublaba la mente; la daga seguía clavada en su carne y la sangre se deslizaba por su torso desnudo, goteando hasta el suelo.

    Giles, yacía inconsciente bajo un montón de escombros a su izquierda después de que Drusilla momentos antes lo hubiese cogido del brazo y lo lanzara contra el muro.

    Gunn y Rebeca habían durado algo más, pero con Angel fuera de combate y con esa extraña fuerza que Dru irradiaba, pronto sucumbieron. Rebeca a pesar de su pasión aún no poseía la suficiente experiencia, y Drusilla logró derribarla de una formidable patada que la lanzó varios metros hacia atrás, cayendo con estrépito sobre los bancos de madera. Y Gunn… al luchador consiguió morderle y succionar su sangre hasta dejarle totalmente debilitado. Los ató a ambos, y después arrastró a su malherido Sire hasta el altar, atándolo a una columna.

    Illyria, después de un par de golpes y patadas intercambiadas con la vampiro, se había esfumado dejando tras ella una cobarde nube de humo azulado.

 - Dru, suéltame ahora mismo.- A pesar del dolor, Angel trató que la voz no le temblara y actuó como Angelus.- Vamos, esto no está bien.

- ¿Bien?- El hermoso rostro femenino se transformó en una máscara demoníaca y se inclinó sobre él hundiendo aún más la hoja del cuchillo.- ¿Y ahora, mejor? Recuerdo tus palabras, “no hay nada como un hermoso cuerpo torturado”. ¿Qué ocurre papi, no es lo mismo cuando se trata de tu hermoso cuerpo?

    Drusilla lamió lascivamente la sangre con la que se había manchado los dedos y después le cruzó la cara al vampiro con tanta fuerza que Angel sintió que le estallaba el tímpano.

    Encadenados a otra columna cercana, tanto Gunn como la cazadora habían recuperado el conocimiento y luchaban por liberarse.

- No, pequeños, no os mováis.- Drusilla los regañó dulcemente, como cuando jugaba con sus muñecas de porcelana.- No querréis que daddy se enfade, ¿verdad?

- Yo nunca les haría daño.- Replicó Angel escupiendo la sangre que le amargaba en la boca.

- No, tú no Sire.- Había odio, un odio contenido y desmesurado en esa última palabra, tanto que a Angel le sonó como un insulto. Sus ojos brillaban amarillos y peligrosos. De pronto algo atrajo su atención tras las gruesas puertas de la entrada.- Oh, ya está aquí, ya está aquí.

    Las puertas se abrieron con un lento y agudo chirrido mientras todos los presentes contenían la respiración. Tras tres segundos interminables, una cabeza rubia y un característico abrigo de cuero negro precedieron a Spike.

    Drusilla humanizó de nuevo su rostro y corrió a darle el encuentro con los brazos extendidos. Spike y ella se fundieron en un cálido abrazo, dulce, íntimo, lleno de amor. El vampiro acarició la frente, las mejillas, la barbilla de la mujer como asegurándose de que todo estaba como debía, que no había sufrido ningún daño. Después, enredando sus dedos en el abundante cabello negro de Dru comenzó a besarla despacio primero, más ansioso después.

- Genial, primero esa maldita de Illyria nos abandona…- Gunn forcejeaba sin éxito.- Y ahora Spike se pasa al otro lado.

- Yo nunca estuve del vuestro.- Replicó el aludido separándose con desgana de su adorada.

- William, acompáñame.- Ronroneó Drusilla tomándole del brazo.- Tengo un regalo para ti.

    Caminaron tomados de la mano, y si la situación hubiese sido otra, el gesto habría sido hermoso. Pero bajo la fantasmagórica luz de las velas, la pareja era una siniestra estampa de luces y sombras.

    Angel suspiró derrotado al ver acercarse a ambos vampiros sonriendo. Drusilla, hermosa con aquel vestido de terciopelo oscuro, del color de la sangre, con los cabellos sueltos cayendo graciosamente sobre los hombros y los ojos brillándole sobrenaturales bajo aquella amarillenta y oscilante luz. A su lado, Spike avanzaba con pasos de felino, ronroneando de placer con ese ronco sonido que Angel sentía vibrar bajo su propia piel, enervándole la sangre, con los pómulos marcados y los ojos azules fijos en los suyos. Una vez más Angel se sumergió en ellos y de nuevo quedó atrapado, otra vez naufragó tratando de leer en ellos los pensamientos más íntimos y secretos del que fuera su pupilo.

- Vaya Dru, veo que lo engañaste. ¿Qué hizo, abrazarte?- Spike se arrodilló ante él y examinó la daga dolorosamente clavada en el pecho de Angel.

- Papi ya no es como antes.- Asintió complacida.- Unas simples lágrimas bastaron.

- ¡Bravo mi pequeña diablesa!- Aplaudió Spike con una sonora carcajada.- Bien, terminó el juego dulce mía, ahora suéltalos.

    Dru negó con la cabeza lentamente y se tapó la boca tratando de contener una risita traviesa.

- No es un juego, William.- Con un movimiento brusco tiró de la daga, dejando una herida abierta sangrante, arrancándole a Angel un largo alarido.- Vamos a vengarnos, por todas las cosas malas que nos hizo.

     Spike intercambió una rápida mirada con Angel, y luego se acercó a Drusilla paciente, susurrándole palabras cariñosas, embaucadoras, disuasorias… pero no obtuvo éxito. Dru estaba totalmente convencida, extrañamente lúcida.

- Spike.- Jadeó Angel. Estaba realmente débil, había perdido mucha sangre.

- No lo escuches mi amor.- Drusilla acarició su bello rostro alargado con la yema de los dedos.- Recuerda lo que nos hizo. Recuerda todas aquellas palizas, todo cuanto te quitó, te robó… todas las veces que…

    Spike recordaba. No podía evitarlo, ni un sólo día había dejado de hacerlo. Recordaba los puños de Angelus rompiéndole la cara, los fuertes dedos asiéndole del cuello y lanzándolo contra los estantes de la biblioteca. Recordaba las patadas rompiéndole las costillas. Recordaba las veces que la poseyó frente a él sólo porque sabía cuánto la amaba. Recordaba…recordaba aquella primera vez que le golpeó el rostro contra la mesa del comedor y lo retuvo allí, sujetándolo por la nuca mientras le bajaba los pantalones. Recordaba la respiración entrecortada y caliente en su oído, el sonido de su voz preguntándole “¿te gusta que te folle, William? Recordaba su polla dura, dolorosamente eréctil abriéndose paso a través de su ano, desgarrándole, haciéndole aullar de dolor, los fuertes, violentos empellones, una y otra vez, una y otra vez…

- Spike.- La voz de Angel era suplicante y Spike recordó que muchas veces él mismo había susurrado de la misma manera, y que nunca obtuvo piedad.

- ¡Maldita sea Spike, ayúdanos!- Rebeca trató una vez más de romper las cadenas y Drusilla, con los ojos casi fuera de las órbitas, fue hasta ella y le dio un sonoro guantazo.- No le hables así a mi William, jovencita.- Después regresó junto al altar, y como culpándolo también a él, roció el pecho y el rostro de Angel con agua bendita, quemándole la piel. Reverencial, tomó del suelo la estaca que momentos antes había temblado en manos de su Sire y con infinita ternura, se la ofreció a su amado poeta.

- No lo hagas, no…- Drusilla volvió a abofetear a Angel cuando trató de hablar con Spike.

- No le escuches, amor mío. Hazlo, hazlo por nosotros.- Drusilla de nuevo lucía su rostro de monstruo y volvía a encararse con el prisionero- ¿Te gustaba torturarnos? Sí, Angelus, el gran Angelus no se contentaba con tenernos a sus pies, absolutamente entregados a satisfacer sus deseos y obedecer sus órdenes. No, a ti te gustaba también atormentarnos, ver resbalar la sangre por nuestra piel, verter sal sobre las heridas, vernos retorcernos de dolor por el suelo. Pero ese tiempo se acabó, me he hartado, nunca más. Nunca más le harás daño a nadie, nunca más alguien sufrirá lo que padecieron los míos bajo tus manos. Y tampoco mi dulce William. Siempre lo subestimaste, pero en realidad sólo estabas celoso, porque era mejor que tú.
    Spike seguía inmóvil con la estaca fuertemente asida en las manos mientras su amada daba vueltas alrededor de Angel escupiéndole su odio, al mismo tiempo que Rebeca y Gunn se debatían impotentes bajo sus grilletes y Giles… bueno, Giles no estaba enterándose de nada.

                - Vamos amor, hagamos de Angelus algo hermoso, un hermoso montón de cenizas.

    El vampiro clavó de nuevo la azul mirada en los ojos de Angel, que se desangraba frente a él, y no podía. Una parte de sí le gritaba que lo hiciera, coreando a Dru, dándole la razón. Toda su existencia había soñado, deseado, buscado, peleado por ese momento. Darle a Angelus algo de su propia medicina, clavarle sin miramientos una estaca en el corazón y lanzarse al mundo a vivir una oscura felicidad con su querida y loca Drusilla. Pero… algo se lo impedía, algo en los ojos de Angel le detenía, y también algo dentro de sí. Quizás, quizás se debiera al alma. Tal vez la oportunidad llegaba demasiado tarde, cuando su conciencia pesaba demasiado y los remordimientos le hacían perder el sueño después. No… había algo más. Algo más, un latido en la sangre, una nota discordante en la melodía, un verso que no terminaba de rimar con el resto del poema. Pero, ¿qué? ¿Qué significaba aquél brillo en los ojos de Angel?

- Creí que….- Drusilla lo sacó de sus pensamientos.- Creí que sería una excelente manera de sellar nuestra reconciliación pero si no puedes… ¡lo haré yo!

    Spike reaccionó a tiempo y mantuvo la estaca lejos del alcance de la vampiro. Ésta lo malinterpretó y aplaudió complacida:

- ¡Sí, adelante William! Hagamos de esta noche algo excitante, algo centelleante…

    No pudo terminar la frase. Con un rugido animal, desesperado, herido, atronador, Spike la tomó de la mano y girándola rápidamente para ponerla frente a él, le clavó la estaca en el pecho, bajo el seno izquierdo, donde algún tiempo atrás latió un corazón. Ella abrió muchos los ojos, dolorida y atónita, dejando escapar de entre sus labios un agudo gemido para después desintegrarse en una llamarada fugaz.

    Por fin lo había comprendido. Lo había visto después de todo, aunque demasiado tarde. La respuesta a todas sus preguntas, o al menos a buena parte de ellas. Por qué ese afán dominador de Angelus sobre él y sus posesiones. Por qué soportaba todas sus vejaciones. Por qué le permitía tratarlo como un objeto de su propiedad. Por qué dejaba que lo violara de aquella manera, una y otra vez. Por qué a pesar de todo, no podía alejarse de su lado. Y por qué cuando Angelus, transformado ya en ese ser con alma se separó de ellos se sintió tan solo, tan desolado, abandonado. Por qué desde ese momento no dejó de buscarlo, inventando una y mil excusas que lo justificasen. Lo había comprendido, eso era, esa era la pieza que no encajaba en aquél gigantesco rompecabezas. La razón por la que en lugar de vengarse de Angelus, había decidido sacrificar a su diosa negra para salvar a Angel…porque había sido él, y no Drusilla quien en realidad lo apadrinó aquella lejana y fría noche en Londres. Porque Angelus y no la demencial Drusilla, había sido su auténtico Sire, y porque de alguna forma, Angel seguía siéndolo.

    Durante un breve lapso de tiempo, el tiempo pareció detenerse en el interior de la estancia. Ni Gunn ni Rebeca luchaban ya por soltarse, Giles aún yacía inconsciente y Spike… Angel observó en silencio al vampiro. Permanecía de pie ante él, con la mirada fija en el montón de cenizas en el que Dru se había convertido, con la estaca de madera entre las manos. Absolutamente inmóvil, absorto en sus propios pensamientos, ajeno a los tres pares de ojos que lo miraban fijamente, esperando su reacción.

    Angel quería hablar, decirle algo, pero no se le ocurría nada que decir. Se limitó a seguir observando a su Childe, admirando las líneas duras de su perfil de estatua, la curva de su cuello, el brazo musculoso y tenso, los nudillos blancos. La sangre seguía brotando de su herida pero no le importaba. Nada importaba en ese momento, salvo Spike. Le rehuía la mirada, y él habría dado su alma por conocer los pensamientos del vampiro en ese instante. ¿Por qué lo había hecho? Cuando lo vio acercarse hasta él cogido de la mano de Dru llegó a pensar que su fin había llegado, que por fin Spike consumaría su venganza. Se lo merecía, de todas formas, Angelus se merecía eso y mucho más. No entendía, no lograba entender por qué al final se había puesto de su lado, por qué le había clavado a su diosa negra esa estaca que llevaba su nombre.

    Spike mantenía fuertemente encajada la mandíbula en un gesto que Angel conocía a la perfección, un gesto que dejaba vislumbrar las lágrimas que estaba tratando de no derramar, el dolor que su acción le estaba causando. De nuevo Angel quiso preguntar, ¿por qué? Sintió deseos de gritarle que era un estúpido, que se había equivocado, que Angelus no merecía sacrificio tan grande. Y entonces…

    Spike pareció salir de su trance y como si le quemara, dejó caer la estaca junto al montoncito de polvo de Dru y se giró hacia él. Lo que Angel encontró en sus ojos azules lo dejó sin aliento. Amor. En la mirada dolorida y triste de Spike no había odio, ni rabia, ni rencor hacia él, sólo amor. Un amor absoluto, incondicional, que brillaba en el fondo de aquellos ojos oceánicos.

    Sacando fuerzas de dios sabe donde, Spike le dirigió una leve sonrisa resignada y en silencio se agachó junto a él para liberarlo. Cuando al fin cortó las ligaduras, Angel se dejó caer agotado, apoyando el rostro sobre el hombro del rubio. Con un suspiro dejó escapar su agradecimiento.

- Spike…gracias.- Bajo su abrazo, Angel notó cómo el aludido se tensaba un instante.

- Sire.- Fue la respuesta lacónica, sencilla y temblorosa que susurró en su oído antes de ayudarle a levantarse trabajosamente del suelo. Angel buscó de nuevo la mirada de su compañero y su corazón se sobrecogió como si aún estuviera vivo, o mucho mejor, como si hubiera resucitado. Ahí seguía, en esos ojos enormes, azules, limpios como los de un animal, todo el amor, toda la admiración posible, como un hijo mira a un padre… y Angel comprendió que la última mentira, la última barrera que los separaba había caído, y que ya no sería posible una vuelta atrás.


FIN