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Ella
Había sido una semana extenuante;
después de todo, no todo el mundo sería capaz de impedir
un Apocalipsis, equilibrar las fuerzas del Bien y del Mal, reconstruir
toda la infraestructura de un maligno bufete de abogados y mantener a
raya a la criatura más impertinente, desordenada, caradura,
insolente y maleducada de este universo y alguna que otra
dimensión paralela…Spike.
Angel suspiró sentándose tras su
recién recuperado escritorio, mirando por los ventanales el
fluir de la ciudad, que apenas se había enterado de que el
infierno había sobrevolado sobre ella en forma de dragón
alado. Maldito dragón, maldijo para sí el vampiro
sirviéndose un whisky doble de su minibar, aún le
escocía el mordisco que le había pegado en el brazo antes
de que le clavara una espada en mitad de la garganta.
Alzó su copa ante imaginarios
compañeros, y brindó por el trabajo bien hecho, por la
jodida suerte que habían tenido al aparecer de repente una
legión de Cazadoras armadas en aquel callejón, y por
salir vivos una vez más, del fin del mundo.
Y entonces, rompiendo el maravilloso momento de paz
y tranquilidad, el único que había tenido en una semana
eterna de negociaciones, amenazas, peleas y firmas de contratos, Spike
irrumpió en el despacho entrando sin llamar, dejándose
caer sobre el sofá de cuero haciéndolo crujir
lastimosamente.
- Spike…- Suspiró Angel contrariado.- Es tarde, ¿qué quieres ahora?
- Nada.- Respondió lacónico. Angel bufó tratando
de calmarse, tampoco era cuestión de saltar sobre Spike a la
mínima de cambio. Había arruinado su momento de paz,
bueno sí, pero tampoco él podía saber que iba a
hacerlo cuando entró en la habitación…aunque
podría haber llamado antes… no, que Spike mostrara
algún ápice de educación en referencia a él
era un caso perdido.
Mientras saboreaba su whisky, observó
de reojo a su acompañante. Spike estaba totalmente despatarrado
en el sofá, como si hubiera caído sobre él desde
el piso de arriba y allí se hubiese quedado. Extrañamente
en silencio, con la mirada puesta en la calle a través de las
ventanas. Algo brillaba en el fondo de esos ojos azules, tan azules que
a veces parecían de otro mundo, algo que Angel nunca
había conseguido descifrar. Una luz que ni Angelus logró
destruir. Angel se removió inquieto y bebió un trago
más largo, no quería pensar en Angelus. No quería
pensar en Angelus tratando de apagar la inocencia en los ojos de
Spike…no.
Se acabó el whisky y el vampiro dudó
si volver a llenar el vaso. El silencio y la inmovilidad de Spike lo
estaban poniendo nervioso, quizás porque había aprendido
hacía mucho a leer entre líneas cuando Spike era ruidoso,
o sarcástico, cuando era cruel y fanfarrón. Había
aprendido a dominar sus ataques verbales, pero cuando se quedaba
así, tan callado y melancólico, alejado de todos, alejado
de él, entonces las sombras del pasado nublaban su mente y le
recordaban que nunca fue capaz de poseerlo del todo.
- ¿Qué pasa, Spike?- Tenía que hacerlo hablar,
romper ese silencio que amenazaba con traerle recuerdos que no
quería recordar.
- Nada…- Volvió a repetir el vampiro sacudiendo esta vez
la cabeza, la luz de la habitación arrancó suaves
reflejos a ese pelo oxigenado y desastroso.
- ¿Y para qué has venido entonces?- Angel se estaba
irritando de veras. En otro tiempo habría saltado sobre el
escritorio, se habría abalanzado sobre Spike y le habría
arrancado lo que le rondaba por la cabeza a puros golpes.
- Fue increíble, ¿no crees?- Spike se giró por fin
a mirarlo, y Angel contuvo el aliento. Qué hermoso era, por
Dios. Con esas pestañas tan largas y oscuras apresando tras
ellas aquellos ojos rasgados, azules, los pómulos marcados,
aquella sonrisa traviesa dibujada en unos labios tan, tan…
deseables.
- ¿El qué?- Habla más, pensó para sí
Angel respondiendo lacónicamente. Habla más, no esgrimas
el silencio de tu voz contra mí. Habla, habla más hasta
que no soporte tenerte a mi lado.
- Pues… ¿qué va a ser?- Spike estaba entre
sorprendido y enfadado.- ¿Qué maldita cosa podría
ser, Angel? La pelea, el fin del mundo, todos esos demonios corriendo
hacia nosotros cuatro…- Spike reflexionó, recordando al
malherido Charles.- Bueno, tres y medio.
Claro. Qué más podía ser, se
regañó Angel en silencio. A Spike le encantaba pelear,
era un talento innato, como también lo era esa forma de moverse
al andar, contoneándose, o la forma de sonreír y levantar
las cejas, pasarse la lengua por los labios en ese gesto tan provocador
que él le conocía tanto… A Spike le excitaba la
lucha, sobre todo cuando las probabilidades estaban en su contra.
- Lo que fue increíble es que saliéramos vivos de allí.
- Y vencedores.- Tan orgulloso, el Spike silencioso del principio
parecía haberse esfumado y ahora era el de siempre; el
fanfarrón y sarcástico Spike. Angel suspiró
visiblemente aliviado y decidió que era hora de una segunda
copa.
- Lo hicimos bien.- Murmuró alzando con los dedos su vaso y
haciendo brillar el ámbar líquido bajo la luz de las
lámparas.- Lo hiciste bien.
- Mejor que tú, que de tanto pasarte el tiempo en esta oficina
parecía que se te había olvidado pelear.- Spike
rió por lo bajo y Angel, que en otra ocasión se
habría ofendido y habría respondido con un insulto,
asintió al comprobar que definitivamente los fantasmas de la
mirada de Spike habían desaparecido.- Si apenas pudiste cargarte
al dragoncito aquél.
Angel se acarició levemente las marcas de
mordedura bajo la seda de su carísima camisa, y una mueca de
dolor cruzó su rostro. Joder, cómo escocía la
puñetera herida.
Spike se levantó del sofá, que
volvió a crujir y a Angel le pareció que esa vez lo
hacía como quejándose por la pérdida de su menudo,
musculoso, flexible cuerpo sobre él. Cruzó la
habitación como un gato, en silencio y moviendo las caderas
sugerente, como pavoneándose. Angel tuvo que beber de nuevo un
gran trago de golpe tratando de controlar el fuego que le resecaba la
garganta, las ganas de levantarse y desnudar al vampiro con urgencia,
sin darle tiempo a resistirse y poseerle contra los ventanales abiertos
al mundo con violencia, con pasión, a la fuerza si era
necesario…No, no ¡NO! Dios, cómo podía estar
pensando en eso, él tenía alma, conciencia,
era…joder, era el maldito salvador del mundo, no podía
estar pensando en esas cosas. Además, Spike no se lo
merecía. No después de tantas veces que en el pasado
Angelus… no después de haber luchado tanto por recuperar
su alma, por ser algo más que un demonio sólo por amor a
Buffy…no después de correr a su lado con la espada en
alto por ese callejón, gritando como un animal desesperado y
furioso. No.
-Oh, Dios mío.- Murmuró Spike de repente, interrumpiendo
su infierno interno. Había tanto temor, tanta ansiedad y tanto
deseo contenidos en esas simples palabras que Angel se levantó
de un salto y llegó junto a él a las ventanas, pensando
que había visto algo…otro maldito dragón, por
ejemplo. Pero no, no había nada. Nada más que coches,
luces de neón, transeúntes, algún que otro demonio
agazapado en los callejones…lo normal en los L.A.
- ¿Qué?- preguntó Angel inquieto. Spike se
volvió hacia él y le clavó su mirada
límpida, luminosa, inmensa, con una turbidez sin embargo en el
azul de los ojos que Angel reconoció enseguida. Algo se
acercaba, algo grande, algo importante, algo que provocaba en Spike
aquella alegría y aquella inseguridad. Pero, ¿qué
podría ser?
- ¿No lo sientes?- Spike corrió hacia la puerta del
despacho, con una sonrisa de chiquillo en los labios. Angel lo detuvo
bruscamente antes de que saliera, con una mirada interrogativa. Spike
se encogió de hombros.- ¿De verdad no lo has notado?
Ella está aquí.
Con un ligero tirón se soltó de la presa de sus dedos y
corrió escaleras abajo, mientras Angel se estremecía de
terror. No podía ser, ¿por qué? ¿Por
qué tenía que aparecer justo ahora cuando todo estaba
volviendo a su curso natural?
Vacilante, dio algunos pasos fuera del despacho,
aferrándose a la barandilla mientras gotas de sudor perlaban su
frente. Y en efecto, saliendo del ascensor, precedida por su delicioso
aroma, vistiendo como si aún estuvieran en el París del
siglo diecinueve, Drusilla hizo acto de presencia.
- ¿Quién es ese bocadito de nata?- Lorne estaba a su lado
en la barandilla contemplando a la recién llegada con
curiosidad.- Es maravillosa, hermosamente retro… y a Spike
parece encantarle.
Spike. Spike. Angel taladró con la mirada al
maldito vampiro rubio que con aquella extraña capacidad suya
había presentido a Dru antes que él. Con esa rara
conexión mágica, kármica, que mantenía con
la mujer y que le permitía sentirla en cien kilómetros a
la redonda. Siempre había sido así, quizás se
debiera a que siempre la había adorado, como un hijo a su madre,
como un siervo a su señor, como un amante creyente a su Dios.
Spike y Dru bailaban en mitad del hall repleto
de trabajadores que los miraban admirados, como hipnotizados por los
sincronizados, delicados y bellos movimientos de la pareja. Spike ya no
era Spike, sino el fantasma del William que fue un día, atento a
los deseos de la vampiro, que reía y echaba hacia atrás
la cabeza ondeando su larga cabellera oscura como un estandarte.
- Más rápido, Spike, más rápido.- Jadeaba
con los ojos entrecerrados y Spike se prestaba solícito a
concederle su deseo, moviéndose aún más
rápido por la sala, bailando aquél frenético vals.
Y Angel, observando también desde su
posición envidió a la pareja, pues nunca con Darla
llegó a ese grado de alegría, de juegos secretos e
íntimos. A lo mejor, porque Angelus era demasiado cruel,
demasiado egoísta, no se contentaba con poseer algo hermoso,
tenía que destruirlo. Como el niño que juega con sus
muñecos y sólo alcanza la más sonora de las risas
al contemplarlos hecho pedazos.
Meneó triste la cabeza, pero esa vez no
pudo espantar los recuerdos. Spike y Dru seguían riendo y
jugando allí abajo. Ya no bailaban pero ella estaba entre sus
brazos retorciéndose divertida tratando de evitar las cosquillas
de Spike, que también reía, apresándola
cariñosamente entre sus fuertes, tensos brazos. No, Angelus
nunca tuvo nada de eso, y tal vez era responsable de esa estrecha
relación, pues ambos, Drusilla y Spike fueron desde el principio
sus juguetes más preciados, más torturados
también. Su perversidad los unió, el temor a su voz, a
sus golpes, a sus excesivos castigos convirtió a ambos en
eternos compañeros de viaje. Porque nadie más que ellos
podían comprender lo que sentía el otro después de
una paliza o una violación de su Sire.
Y sólo por eso Angel reprimió el
impulso de bajar precipitadamente las escaleras y echar con un temible
grito a Drusilla de allí, y si acaso, a Spike también.
Porque era su culpa, porque ellos dos no eran más que el reflejo
del demonio que fue. Y sólo por eso los dejó jugar y
reír como niños. A fin de cuentas, Dru estaba loca pero
él podría controlarla, ¿qué podría
pasar?
La rebelión de los juguetes
- ¿Qué podría pasar?- Giles de veras estaba
enfadado. Después del Apocalipsis y la intervención de
las Cazadoras, aceptó quedarse en W&H, al menos, hasta que
encontraran sustituto al llorado Wesley. La decisión
había levantado ampollas y suscitado una gran polémica
entre el resto de los Vigilantes del Consejo. Desde Europa se vigilaba
con recelo a la firma de abogados, y que Angel hubiese aceptado la
dirección de la misma había decepcionado a muchos y dado
la razón a otros tantos. El Consejo desconfiaba de las buenas
intenciones del vampiro, ni siquiera Giles pondría la mano en el
fuego por él…pero ahí estaba. Logró
convencer a sus superiores de que, conociendo la diabólica
naturaleza del bufete, no estaría mal tener a alguien dentro que
los informase de todo cuanto ocurriera en W&H, y así estar
preparados para actuar si llegase el momento. Aún desconfiados,
le habían permitido ocupar temporalmente el lugar de Wesley.
Para el Vigilante no resultaba fácil estar
allí, después de todo cuanto había ocurrido entre
Angel y él, pero no era la presencia del nuevo director de
W&H lo que más le inquietaba. Lo que más le
sorprendió al llegar allí fue descubrir que Spike
seguía vivo- todo lo vivo como puede estarlo un vampiro con
alma- y que ahora en cierto sentido trabajaba para Angel. Las pocas
veces que habían coincidido apenas se habían dirigido la
palabra, y en contra de lo que pensó en un primer momento, el
rubio no había mencionado ni una sola vez a Buffy. Aquello
más que aliviarle, le pareció
sospechoso.
Aunque en ese momento una única idea ocupaba su mente: Drusilla
se había escapado. Airadamente se encaró de nuevo con
Angel, recriminándole su error:
- ¿En qué demonios estabas pensando?
- Lo siento Giles, creí que podría controlarla.
Giles le dirigió una mirada furibunda. Menuda estupidez,
controlar a Drusilla. Una demente, una loca, una perturbada y sedienta
asesina.
- Tenemos que encontrarla antes de que mate a alguien.
Angel asintió en silencio,
derrumbándose tras el escritorio. Cerró los ojos y se
frotó lentamente las sienes tratando de alejar la jaqueca que
amenazaba con enloquecerle.
Al principio todo había resultado más
o menos sencillo. Drusilla se había limitado a pasar su tiempo
con Spike, jugando al escondite por las oficinas, paseando por las
noches del brazo de su adorado caballero andante, y salvo algún
que otro momento embarazoso…como cuando los descubrieron
follando como salvajes encima de la mesa de reuniones, no había
causado mayores problemas.
Spike, de manera arrebatadora y acostumbrado a
manejar el infantil mecanismo de pensar de Dru, la había
convencido de conformarse con la sangre animal, y de no atacar a los
humanos. La mantenía todo lo entretenida posible y no se
separaba de su lado ni un instante, en parte para asegurarse de que no
se portaba mal, y en parte porque ahora que estaba allí, el
resto del mundo había dejado de importarle.
Lejos
de aliviarle que Spike no pudiera dedicarle ni un segundo de su tiempo,
librándose de sus impertinencias y su fastidiosa presencia,
Angel sentía una extraña desazón. Spike no le
prestaba la más mínima atención; sólo
tenía tiempo para su diosa negra y aquello le molestaba.
Cuando los veía cruzar el hall, de vuelta de
alguno de sus paseos nocturnos, cogida ella de su brazo,
mirándose el uno al otro fijamente, devorándose con la
mirada, diciéndose tantas cosas en ese silencioso caminar, Angel
sentía el ramalazo de los celos. Porque sabía que Dru era
la única capaz de conjurar lo que se escondía en la luz
que brillaba en los azules ojos de Spike. La única que
poseía la llave, que conocía los secretos de su mente. La
única a la que Spike había dejado entrar, poseerlo por
completo.
No es justo, bramaba entonces Angelus dentro de
él, desde lo más profundo del abismo de su alma. No es
justo, yo también lo quiero. Siempre lo quise. Es mío,
mío, es sólo mío y debería saberlo,
debería haberlo entendido después de tantas veces
que…
¡Calla!, era un verdadero esfuerzo, una odisea
mantener a raya a su otro yo y volver al instante presente. Es feliz
con ella, siempre lo fue, no tenías derecho a hacerles esas
cosas…no tengo derecho… yo no…
Ahora todo se había desmadrado. Dru
había escapado de la vigilancia de Spike y andaba suelta
por la ciudad. Aquello era un desastre. Giles estaba en lo cierto;
tenían que encontrarla antes de que le diera por saciar su sed.
- Demasiado tarde.- Illyria hizo acto de presencia envuelta en
una nube de humo azul. Tan aterradora como siempre.- Ya son seis las
víctimas.
- ¿Seis?- Giles se empujó el puente de las gafas nervioso.- ¿Seguro que es obra suya?
- imposible no reconocer ese olor tan delicioso…a violetas,
creo.- Replicó la ex – dios como molesta de que dudaran de
su palabra.- Además es el mismo modus operandi… una
auténtica sádica, sí señor.- Le dio unas
palmaditas a Angel en el hombro.- La enseñaste bien.
Angel sintió que se le revolvía el
estómago ante el “cumplido”. Por supuesto, por
supuesto que lo había hecho. Dru era su más perfecta
obra, la que mejor reflejaba la oscuridad de Angelus, su grado de
depravación, sadismo y violencia.
Maldiciendo se preguntó dónde diablos
andaría Spike metido. En cuanto se supo la ausencia de la
vampiro se había lanzado a las calles con un escueto “La
traeré de vuelta” a modo de adiós. De eso
hacía ya dos días, y Angel se preguntaba dónde
habría pasado el día, en qué tugurio,
sótano o cloaca se habría refugiado de los mortales rayos
del sol. Y si la habría encontrado… y si se
encontraría bien.
- A lo mejor no todas son víctimas suyas.- sugirió Gunn.- A lo mejor Spike…
- ¡No!- Angel se levantó como impulsado por un resorte
dando un fuerte manotazo en la mesa de caoba. Giles lo miró
sorprendido.- Spike… ya… no es… así.
- Otro igual.- Murmuró despectivo el Vigilante. Cuando Angel le
preguntó que a qué se refería, se encogió
de hombros.- Buffy me dio una respuesta más o menos
parecida… no hace mucho tiempo. Me sorprende la vehemencia con
la que los dos le defendéis.
- ¿Estaba equivocada?- Giles no le respondió. Angel repitió la pregunta un poco agresivo.
- No, no lo estaba pero…- Giles suspiró.- Angel,
tú sabes el poder que Dru siempre ha ejercido sobre Spike.
Tienen esa extraña… relación, esa misteriosa
compenetración. Dru siempre ha sabido cómo doblegar a
Spike bajo sus deseos. Tú más que nadie deberías
saberlo.
Lo sabía. Angel sabía que la mujer
poseía sobre el rubio vampiro una perversa y oscura influencia.
Era capaz de anular la voluntad de Spike de un soplido, por ella fue
capaz de cometer los más impuros actos en el pasado pero…
pero no podía, no quería creer que el Spike de ahora con
alma, con conciencia sucumbiría a sus maléficas artes.
- Concentrémonos en Drusilla, Giles.- Suspiró suavizando
el tono.- Spike es asunto mío. Aunque te repito que no creo que
él haya…
- Está bien, pero aún dando por hecho que Spike no haya
tomado partido en el festín.- Gunn intervino.- ¿Crees que
te lo pondrá fácil? No creo que te deje aniquilar a su
Dru así como así. Tendrás que pasar por encima de
él.
Illyria bufó disgustada. De alguna forma, y
sin que nadie supiera muy bien por qué, Spike le caía
simpático. Era algo así como su mascota, y no le gustaba
la idea de que le hicieran daño.
Mientras los rojizos destellos del atardecer
iluminaban el despacho, Angel cogió de su arsenal todo lo
necesario para un enfrentamiento. Tenía que admitir que si al
encontrar a Dru ésta se hallaba junto a Spike, el vampiro no iba
a permitirle a nadie que la dañase. Ésa siempre
había sido su obsesión, su misión. Angel
recordaba, sin mucho esfuerzo pues Angelus estaba más a flor de
piel que nunca, que la mitad de las palizas que le había
propinado fue porque Spike se había interpuesto entre Drusilla y
su Sire. Así que por mucho que le disgustara la idea,
había muchas probabilidades de que todo aquello terminara con
una nueva pelea entre ambos vampiros.
El grupo formado por Illyria, Gunn, Rebeca –
una de las cazadoras bajo la tutela de Giles que había decidido
quedarse junto a su mentor- y el propio Giles, con Angel a la cabeza,
se puso en camino en la búsqueda de la peligrosa vampiro.
Según la información que el ex
-demonio había conseguido, Dru había rechazado los
típicos antros y tugurios peligrosos de la ciudad y estaba
disfrutando del placer de la sangre en los templos religiosos y sus
alrededores. Teniendo en cuenta el rastro de cadáveres que
había estado dejando a su paso, creían estar seguros de
cuál sería su próximo coto de caza.
El interior de la iglesia estaba a oscuras, los
bancos alineados a ambos lados del pasillo central vacíos, un
silencio sepulcral lo invadía todo y Giles sintió que un
escalofrío le recorría la espalda.
Se distinguía una forma a lo lejos, un bulto
sobre el altar y Angel, franqueado por Gunn y Rebeca, recorrió
la distancia que lo separaba de él esgrimiendo una estaca en la
mano derecha, y un corto pero eficaz cuchillo en la otra.
- Vaya, hemos llegado tarde.- Murmuró Charles al identificar el
bulto como el cadáver desangrado del párroco del templo.
Un siseo levísimo, como el silbido de la
brisa al colarse por una rendija en la pared, llamó la
atención de Angel.
- Dru, sal de tu escondite.- Su voz rebotó en los gruesos y
altos muros de piedra. La luz de la luna se colaba por las vidrieras y
otorgaba al lugar un aspecto fantástico, como de sueño.
Nadie respondió a su reclamo así que insistió.-
Vamos pequeña, papi no está enfadado.
Todos permanecieron a la espera y Rebeca notó
algo, una presencia, una mirada furtiva a su izquierda. Se giró
en un rápido movimiento de pantera, pero nadie había
allí.
- Yo… creí que…- Masculló algo confusa.
- Dru, sal ahora mismo.- Angel trató de conferirle a su voz
autoridad. Pasaron otros dos, cinco, diez segundos y empezó a
irritarse de veras. Convirtió su sereno rostro en el de un
demonio de amarillentos ojos y habló como Angelus lo
habría hecho.- ¡Vamos criatura indeseable, no estoy para
juegos!
Casi de inmediato, oyeron un triste sollozo, un
gimoteo de cachorrillo a su espalda, y cuando se volvieron todos casi
al unísono, la hermosa y delirante Drusilla estaba ante ellos.
Se mantenía encogida, las manos a la espalda, con gruesas
lágrimas cayéndole por las mejillas, en un dulce y
enternecedor gesto de inocencia y temor.
- Dru, ¿por qué has desobedecido?- Angel se acercó
algunos pasos hacia ella, fingiendo una violencia que en realidad no
sentía.- ¿Por qué te fuiste sola y has hecho estas
cosas?
- Es que…- Dru hizo un puchero, parecía una niña pequeña.- Es que me aburría mucho.
Casi esbozó una sonrisa al oír la
infantil respuesta. Se acercó un poco más, ella
seguía agitándose en lastimeros sollozos.
- ¿Vas a castigarme?- Preguntó con los ojos clavados en el suelo.
- Tengo que hacerlo.- Angel sintió que la estaca temblaba en su
mano. Esa criatura totalmente desquiciada era su hija, de cualquier
enfermiza y oscura manera, y no podía evitar sentirse culpable.
A lo mejor es que simplemente; lo era.
Dru asintió como si comprendiera que no
había otra forma posible de que su Sire actuara. Y entonces
susurró, aún sin dirigirle la mirada, la más
tierna y generosa de las súplicas.
- Por favor, no castigues a Spike también, daddy.-
Suspiró llena de angustia.- No lo harás, ¿verdad?
Él ha sido bueno, yo me escapé, no… no le
harás daño, ¿lo prometes papi?
Angel estuvo a punto de dejar caer las armas.
Allí estaba de nuevo; el reflejo más abominable de
Angelus. En aquellas palabras de horror y ansiedad quedaba plasmada la
personalidad del demonio. Allí estaban todos los ultrajes, todas
las humillaciones, todas las injusticias cometidas contra ambos. De
nuevo cruzó por su mente la imagen de dos pobres muñecos
rotos bajo los pies de Angelus.
- No Drusilla, prometo no castigar a Spike.- Murmuró sobrecogido
el vampiro estrechándola contra él, en lo que
parecía un abrazo. Un abrazo mortal, pues escondía una
estaca dispuesta para la ocasión, pero a Angel le pareció
una buena forma de despedirse de su engendro. Un abrazo por todo el
daño.
- No, claro que no.- Drusilla alzó los ojos hacia su Sire y el
vampiro sintió que algo había cambiado. En las manos de
Dru, al fin al descubierto, una daga brilló un segundo antes de
clavarse en el corazón de Angel.
En apenas un instante, la personificación del mal se adueñó de aquella iglesia.
El Sire
- Oh, ya está aquí, ya está aquí.- Dru
palmoteaba excitada ensimismada en una de sus visiones.- Correrá
la sangre, el dolor…
Angel luchó por liberarse de sus ligaduras
mientras el dolor le nublaba la mente; la daga seguía clavada en
su carne y la sangre se deslizaba por su torso desnudo, goteando hasta
el suelo.
Giles, yacía inconsciente bajo un
montón de escombros a su izquierda después de que
Drusilla momentos antes lo hubiese cogido del brazo y lo lanzara contra
el muro.
Gunn y Rebeca habían durado algo más,
pero con Angel fuera de combate y con esa extraña fuerza que Dru
irradiaba, pronto sucumbieron. Rebeca a pesar de su pasión
aún no poseía la suficiente experiencia, y Drusilla
logró derribarla de una formidable patada que la lanzó
varios metros hacia atrás, cayendo con estrépito sobre
los bancos de madera. Y Gunn… al luchador consiguió
morderle y succionar su sangre hasta dejarle totalmente debilitado. Los
ató a ambos, y después arrastró a su malherido
Sire hasta el altar, atándolo a una columna.
Illyria, después de un par de golpes y
patadas intercambiadas con la vampiro, se había esfumado dejando
tras ella una cobarde nube de humo azulado.
- Dru, suéltame ahora mismo.- A pesar del dolor, Angel
trató que la voz no le temblara y actuó como Angelus.-
Vamos, esto no está bien.
- ¿Bien?- El hermoso rostro femenino se transformó en una
máscara demoníaca y se inclinó sobre él
hundiendo aún más la hoja del cuchillo.- ¿Y ahora,
mejor? Recuerdo tus palabras, “no hay nada como un hermoso cuerpo
torturado”. ¿Qué ocurre papi, no es lo mismo cuando
se trata de tu hermoso cuerpo?
Drusilla lamió lascivamente la sangre con la
que se había manchado los dedos y después le cruzó
la cara al vampiro con tanta fuerza que Angel sintió que le
estallaba el tímpano.
Encadenados a otra columna cercana, tanto Gunn como
la cazadora habían recuperado el conocimiento y luchaban por
liberarse.
- No, pequeños, no os mováis.- Drusilla los
regañó dulcemente, como cuando jugaba con sus
muñecas de porcelana.- No querréis que daddy se enfade,
¿verdad?
- Yo nunca les haría daño.- Replicó Angel escupiendo la sangre que le amargaba en la boca.
- No, tú no Sire.- Había odio, un odio contenido y
desmesurado en esa última palabra, tanto que a Angel le
sonó como un insulto. Sus ojos brillaban amarillos y peligrosos.
De pronto algo atrajo su atención tras las gruesas puertas de la
entrada.- Oh, ya está aquí, ya está aquí.
Las puertas se abrieron con un lento y agudo
chirrido mientras todos los presentes contenían la
respiración. Tras tres segundos interminables, una cabeza rubia
y un característico abrigo de cuero negro precedieron a Spike.
Drusilla humanizó de nuevo su rostro y
corrió a darle el encuentro con los brazos extendidos. Spike y
ella se fundieron en un cálido abrazo, dulce, íntimo,
lleno de amor. El vampiro acarició la frente, las mejillas, la
barbilla de la mujer como asegurándose de que todo estaba como
debía, que no había sufrido ningún daño.
Después, enredando sus dedos en el abundante cabello negro de
Dru comenzó a besarla despacio primero, más ansioso
después.
- Genial, primero esa maldita de Illyria nos abandona…- Gunn
forcejeaba sin éxito.- Y ahora Spike se pasa al otro lado.
- Yo nunca estuve del vuestro.- Replicó el aludido separándose con desgana de su adorada.
- William, acompáñame.- Ronroneó Drusilla tomándole del brazo.- Tengo un regalo para ti.
Caminaron tomados de la mano, y si la
situación hubiese sido otra, el gesto habría sido
hermoso. Pero bajo la fantasmagórica luz de las velas, la pareja
era una siniestra estampa de luces y sombras.
Angel suspiró derrotado al ver acercarse a
ambos vampiros sonriendo. Drusilla, hermosa con aquel vestido de
terciopelo oscuro, del color de la sangre, con los cabellos sueltos
cayendo graciosamente sobre los hombros y los ojos brillándole
sobrenaturales bajo aquella amarillenta y oscilante luz. A su lado,
Spike avanzaba con pasos de felino, ronroneando de placer con ese ronco
sonido que Angel sentía vibrar bajo su propia piel,
enervándole la sangre, con los pómulos marcados y los
ojos azules fijos en los suyos. Una vez más Angel se
sumergió en ellos y de nuevo quedó atrapado, otra vez
naufragó tratando de leer en ellos los pensamientos más
íntimos y secretos del que fuera su pupilo.
- Vaya Dru, veo que lo engañaste. ¿Qué hizo,
abrazarte?- Spike se arrodilló ante él y examinó
la daga dolorosamente clavada en el pecho de Angel.
- Papi ya no es como antes.- Asintió complacida.- Unas simples lágrimas bastaron.
- ¡Bravo mi pequeña diablesa!- Aplaudió Spike con
una sonora carcajada.- Bien, terminó el juego dulce mía,
ahora suéltalos.
Dru negó con la cabeza lentamente y se tapó la boca tratando de contener una risita traviesa.
- No es un juego, William.- Con un movimiento brusco tiró de la
daga, dejando una herida abierta sangrante, arrancándole a Angel
un largo alarido.- Vamos a vengarnos, por todas las cosas malas que nos
hizo.
Spike intercambió una rápida
mirada con Angel, y luego se acercó a Drusilla paciente,
susurrándole palabras cariñosas, embaucadoras,
disuasorias… pero no obtuvo éxito. Dru estaba totalmente
convencida, extrañamente lúcida.
- Spike.- Jadeó Angel. Estaba realmente débil, había perdido mucha sangre.
- No lo escuches mi amor.- Drusilla acarició su bello rostro
alargado con la yema de los dedos.- Recuerda lo que nos hizo. Recuerda
todas aquellas palizas, todo cuanto te quitó, te
robó… todas las veces que…
Spike recordaba. No podía evitarlo, ni un
sólo día había dejado de hacerlo. Recordaba los
puños de Angelus rompiéndole la cara, los fuertes dedos
asiéndole del cuello y lanzándolo contra los estantes de
la biblioteca. Recordaba las patadas rompiéndole las costillas.
Recordaba las veces que la poseyó frente a él sólo
porque sabía cuánto la amaba. Recordaba…recordaba
aquella primera vez que le golpeó el rostro contra la mesa del
comedor y lo retuvo allí, sujetándolo por la nuca
mientras le bajaba los pantalones. Recordaba la respiración
entrecortada y caliente en su oído, el sonido de su voz
preguntándole “¿te gusta que te folle, William?
Recordaba su polla dura, dolorosamente eréctil abriéndose
paso a través de su ano, desgarrándole, haciéndole
aullar de dolor, los fuertes, violentos empellones, una y otra vez, una
y otra vez…
- Spike.- La voz de Angel era suplicante y Spike recordó que
muchas veces él mismo había susurrado de la misma manera,
y que nunca obtuvo piedad.
- ¡Maldita sea Spike, ayúdanos!- Rebeca trató una
vez más de romper las cadenas y Drusilla, con los ojos casi
fuera de las órbitas, fue hasta ella y le dio un sonoro
guantazo.- No le hables así a mi William, jovencita.-
Después regresó junto al altar, y como culpándolo
también a él, roció el pecho y el rostro de Angel
con agua bendita, quemándole la piel. Reverencial, tomó
del suelo la estaca que momentos antes había temblado en manos
de su Sire y con infinita ternura, se la ofreció a su amado
poeta.
- No lo hagas, no…- Drusilla volvió a abofetear a Angel cuando trató de hablar con Spike.
- No le escuches, amor mío. Hazlo, hazlo por nosotros.- Drusilla
de nuevo lucía su rostro de monstruo y volvía a encararse
con el prisionero- ¿Te gustaba torturarnos? Sí, Angelus,
el gran Angelus no se contentaba con tenernos a sus pies, absolutamente
entregados a satisfacer sus deseos y obedecer sus órdenes. No, a
ti te gustaba también atormentarnos, ver resbalar la sangre por
nuestra piel, verter sal sobre las heridas, vernos retorcernos de dolor
por el suelo. Pero ese tiempo se acabó, me he hartado, nunca
más. Nunca más le harás daño a nadie, nunca
más alguien sufrirá lo que padecieron los míos
bajo tus manos. Y tampoco mi dulce William. Siempre lo subestimaste,
pero en realidad sólo estabas celoso, porque era mejor que
tú.
Spike seguía inmóvil con la estaca
fuertemente asida en las manos mientras su amada daba vueltas alrededor
de Angel escupiéndole su odio, al mismo tiempo que Rebeca y Gunn
se debatían impotentes bajo sus grilletes y Giles… bueno,
Giles no estaba enterándose de nada.
- Vamos amor, hagamos de Angelus algo hermoso, un hermoso montón
de cenizas.
El vampiro clavó de nuevo la azul mirada en
los ojos de Angel, que se desangraba frente a él, y no
podía. Una parte de sí le gritaba que lo hiciera,
coreando a Dru, dándole la razón. Toda su existencia
había soñado, deseado, buscado, peleado por ese momento.
Darle a Angelus algo de su propia medicina, clavarle sin miramientos
una estaca en el corazón y lanzarse al mundo a vivir una oscura
felicidad con su querida y loca Drusilla. Pero… algo se lo
impedía, algo en los ojos de Angel le detenía, y
también algo dentro de sí. Quizás, quizás
se debiera al alma. Tal vez la oportunidad llegaba demasiado tarde,
cuando su conciencia pesaba demasiado y los remordimientos le
hacían perder el sueño después. No…
había algo más. Algo más, un latido en la sangre,
una nota discordante en la melodía, un verso que no terminaba de
rimar con el resto del poema. Pero, ¿qué?
¿Qué significaba aquél brillo en los ojos de
Angel?
- Creí que….- Drusilla lo sacó de sus
pensamientos.- Creí que sería una excelente manera de
sellar nuestra reconciliación pero si no puedes…
¡lo haré yo!
Spike reaccionó a tiempo y mantuvo la estaca
lejos del alcance de la vampiro. Ésta lo malinterpretó y
aplaudió complacida:
- ¡Sí, adelante William! Hagamos de esta noche algo excitante, algo centelleante…
No pudo terminar la frase. Con un rugido animal,
desesperado, herido, atronador, Spike la tomó de la mano y
girándola rápidamente para ponerla frente a él, le
clavó la estaca en el pecho, bajo el seno izquierdo, donde
algún tiempo atrás latió un corazón. Ella
abrió muchos los ojos, dolorida y atónita, dejando
escapar de entre sus labios un agudo gemido para después
desintegrarse en una llamarada fugaz.
Por fin lo había comprendido. Lo había
visto después de todo, aunque demasiado tarde. La respuesta a
todas sus preguntas, o al menos a buena parte de ellas. Por qué
ese afán dominador de Angelus sobre él y sus posesiones.
Por qué soportaba todas sus vejaciones. Por qué le
permitía tratarlo como un objeto de su propiedad. Por qué
dejaba que lo violara de aquella manera, una y otra vez. Por qué
a pesar de todo, no podía alejarse de su lado. Y por qué
cuando Angelus, transformado ya en ese ser con alma se separó de
ellos se sintió tan solo, tan desolado, abandonado. Por
qué desde ese momento no dejó de buscarlo, inventando una
y mil excusas que lo justificasen. Lo había comprendido, eso
era, esa era la pieza que no encajaba en aquél gigantesco
rompecabezas. La razón por la que en lugar de vengarse de
Angelus, había decidido sacrificar a su diosa negra para salvar
a Angel…porque había sido él, y no Drusilla quien
en realidad lo apadrinó aquella lejana y fría noche en
Londres. Porque Angelus y no la demencial Drusilla, había sido
su auténtico Sire, y porque de alguna forma, Angel seguía
siéndolo.
Durante un breve lapso de tiempo, el tiempo
pareció detenerse en el interior de la estancia. Ni Gunn ni
Rebeca luchaban ya por soltarse, Giles aún yacía
inconsciente y Spike… Angel observó en silencio al
vampiro. Permanecía de pie ante él, con la mirada fija en
el montón de cenizas en el que Dru se había convertido,
con la estaca de madera entre las manos. Absolutamente inmóvil,
absorto en sus propios pensamientos, ajeno a los tres pares de ojos que
lo miraban fijamente, esperando su reacción.
Angel quería hablar, decirle algo, pero no se
le ocurría nada que decir. Se limitó a seguir observando
a su Childe, admirando las líneas duras de su perfil de estatua,
la curva de su cuello, el brazo musculoso y tenso, los nudillos
blancos. La sangre seguía brotando de su herida pero no le
importaba. Nada importaba en ese momento, salvo Spike. Le rehuía
la mirada, y él habría dado su alma por conocer los
pensamientos del vampiro en ese instante. ¿Por qué lo
había hecho? Cuando lo vio acercarse hasta él cogido de
la mano de Dru llegó a pensar que su fin había llegado,
que por fin Spike consumaría su venganza. Se lo merecía,
de todas formas, Angelus se merecía eso y mucho más. No
entendía, no lograba entender por qué al final se
había puesto de su lado, por qué le había clavado
a su diosa negra esa estaca que llevaba su nombre.
Spike mantenía fuertemente encajada la
mandíbula en un gesto que Angel conocía a la
perfección, un gesto que dejaba vislumbrar las lágrimas
que estaba tratando de no derramar, el dolor que su acción le
estaba causando. De nuevo Angel quiso preguntar, ¿por
qué? Sintió deseos de gritarle que era un
estúpido, que se había equivocado, que Angelus no
merecía sacrificio tan grande. Y entonces…
Spike pareció salir de su trance y como si le
quemara, dejó caer la estaca junto al montoncito de polvo de Dru
y se giró hacia él. Lo que Angel encontró en sus
ojos azules lo dejó sin aliento. Amor. En la mirada dolorida y
triste de Spike no había odio, ni rabia, ni rencor hacia
él, sólo amor. Un amor absoluto, incondicional, que
brillaba en el fondo de aquellos ojos oceánicos.
Sacando fuerzas de dios sabe donde, Spike le
dirigió una leve sonrisa resignada y en silencio se
agachó junto a él para liberarlo. Cuando al fin
cortó las ligaduras, Angel se dejó caer agotado, apoyando
el rostro sobre el hombro del rubio. Con un suspiro dejó escapar
su agradecimiento.
- Spike…gracias.- Bajo su abrazo, Angel notó cómo el aludido se tensaba un instante.
- Sire.- Fue la respuesta lacónica, sencilla y temblorosa que
susurró en su oído antes de ayudarle a levantarse
trabajosamente del suelo. Angel buscó de nuevo la mirada de su
compañero y su corazón se sobrecogió como si
aún estuviera vivo, o mucho mejor, como si hubiera resucitado.
Ahí seguía, en esos ojos enormes, azules, limpios como
los de un animal, todo el amor, toda la admiración posible, como
un hijo mira a un padre… y Angel comprendió que la
última mentira, la última barrera que los separaba
había caído, y que ya no sería posible una vuelta
atrás.
FIN
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