Camina por las calles húmedas del casco antiguo. Helado bajo la chupa de cuero.
La lluvia le ha corrido la raya de ojos dándole un aspecto entre peligroso y
demacrado. Se siente un poco así también, las dos cosas. Se estremece, de nuevo.
Jodida ciudad de mierda, no encuentra más que drogatas. Semanas desde la última
comida decente. El último tío al que mordió en un callejón tuvo que vomitarlo.
En la vida había cogido una tan fuerte, y mira que con Angelus batió records.
Algún veneno moderno, más mierda sintética que heroína, posiblemente. Joder,
sentarle mal a un vampiro, es increíble.
Hace más de un mes que no sabe nada
de Drusilla.
No quiere pensar en eso, se dijo que no lo haría, se juró que no
pensaría en ella esta vez. Maldita...Drusilla y sus ataques de locura. Joder, él
no le ha negado nada nunca ¿no? Bueno...no puede contener los celos, a veces,
pero eso es porque la quiere. Ella no parece darse cuenta. Libre en su locura,
también para encapricharse de cualquier gilipollas por ahí. Una mujer, esta vez,
muy parecida a Darla. Spike no quiere pensar en Darla. No quiere pensar en Darla
porque termina pensando en Angelus y JODER, NO QUIERE PENSAR EN ANGELUS.
Se
detiene, respirando agitadamente. Intenta concentrarse, cierra los ojos, alza el
rostro, esculpido en mármol a la luz azulada de la farola. Ventea el aire frío,
húmedo de la noche, buscando un jirón de algo. Lo encuentra, aunque no muy
claro. Lo sigue, apenas viendo dónde echa las botas de militar, sucias y mojadas
de los charcos. Otra maldita pandilla de chicos, la mitad drogados, la otra
mitad también borrachos. Mira a la chica, de reojo, ella se queda engarzada en
su mirada, ojos oscurecidos por las sombras, pintura corrida, largas pestañas.
Angelus decía que era jodidamente guapo. Bueno, no sólo Angelus, también algún
cabrón de sus amigos.
Ha parado un poco de llover. La chica sigue camino, con
los demás, pero se vuelve a mirarlo y Spike sabe que ya la tiene. Echa a andar
tras el grupo, con aire casual de predador entrenado. Ella se va volviendo a
mirarlo cada vez con más frecuencia. Spike espera, espera y luego tira del hilo.
Se detiene bajo otra farola, se apoya en el muro y enciende un cigarrillo. La
llama del mechero de gasolina le arranca brillos amarillos de los ojos, hace
oscilar la curva de sus pómulos marcados. La chica se detiene, habla con
alguien, se separa del grupo, deja que sigan camino. Duda, un momento, luego se
acerca despacio a Spike.
Es delgada, pequeña, muy joven. Demasiado joven
para ir dando tumbos por las calles, sin duda. El pelo erizado, casi como el de
Spike, pero negro. Una pequeña, siniestra muchachita.
-¿Te conozco?-pregunta,
voz pastosa, Spike sonríe, levemente
-¿Te gustaría?
Ella ríe, invitadora,
Spike tira el cigarrillo a medias, le pasa cuidadosamente el brazo por los
hombros, delgados como los de una niña. Como los de Drusilla
-Vamos a tomar
algo, me muero de frío-susurra
Ella no dice nada, y casi enseguida rodea su
cintura con el brazo. Su carne está tan caliente en comparación a la de Spike
que casi lo hace jadear. Cierra los ojos, intentando controlar el ansia mientras
se encamina hacia el parque.
-¿Vamos a cruzar el parque?-pregunta la
muchacha, quizás alarmada por su silencio, Spike inclina un poco la cara hacia
ella, como oliéndola, le roza la boca con la suya, la muchacha sonríe mientras
lo besa. A Spike realmente no le apetece besarla, sino morderle, pero no puede
hacerlo ahí. Tiempos jodidos para las criaturas de la noche...las calles ahora
están llenas de gente a cualquier hora, y de repente pueden aparecer grupos de
muchachos desde cualquier rincón. Algunos con peores intenciones que la suya
incluso.
Al final la conduce por el parque, estremeciéndose cuando las gotas
mojadas caen de los putos árboles y se le cuelan por el cuello de la chupa de
cuero. Tiene tanto frío.
-Quieres algo, llevo coca-dice la chica, mirándolo,
Spike se estremece de nuevo
-Luego-susurra
Ella no contesta, solo lo mira
y mete la mano bajo su camiseta acariciando su piel suave, su cuerpo duro,
nervudo, masculino. Debe de pensar que ha pescado una buena pieza. Spike está
tan nervioso, lo pone muy nervioso sentirla latir tan cerca.
La lleva al fin
entre los arbustos, contra una pequeña edificación, quizás un almacén antiguo,
no lo sabe. La besa contra el muro, sintiendo sus bracitos delgados en torno al
cuello. Apenas hay preliminares, tiene demasiada hambre esa noche. Se
transforma, la mira, ella parpadea incrédula, luego se remueve un poco contra él
intentando apartarse de él, gimiendo asustada. Spike empuja y la aprisiona entre
su duro pecho y el muro, le gira la cara y muerde con fuerza y bebe de ella. La
chica grita, un gemido agudo que acaba enseguida. Spike bebe con ansia,
empujando, mordiendo, mordiendo de nuevo salvaje, innecesariamente. Jadea de
ansia mientras bebe su sangre a borbotones, caliente, dulce, caliente, fuerte,
caliente, Dios tan caliente. Bebe de la muchacha mientras su calor va pasando a
sus venas dolorosamente, con fuerza, arañándole por debajo de la piel,
haciéndolo jadear, gemir roncamente, provocándole una erección durísima, casi
dolorosa, Spike empuja de nuevo contra el cuerpo delgado de la muchacha, contra
su cuello tierno, fragante, rojo de sangre, lame, bebe de nuevo, y más aún,
hasta matarla.
Luego la deja caer como un fardo en el suelo húmedo. Ella
apenas hace ruido al caer. Spike se queda apoyado contra el muro, jadeando,
intentando recuperarse de beber tanto tan de golpe después de tantos días. Un
calor casi olvidado, casi de fiebre, irradia desde su estómago por toda su piel
mientras la lluvia arrecia de nuevo. Mira a la chica, respirando agitadamente
aún. Tenía demasiada hambre para follarla, ahora se arrepiente de no haberlo
hecho, excitado y caliente por haberse alimentado. Bueno, puede
encontrar...otra. Ya está mejor. Ya no tiembla ni las calles se mueven a su
alrededor, ya no le duele. Dios, es tan bueno cuando ya no le duele.
Se
limpia la sangre de la cara, ya humana, con la mano. No sabe si la ha
emborronado más. Bueno muchos chicos van maquillados, o pintados. Tampoco
llamará mucho la atención.
Echa a andar saliendo del parque, caminando
deprisa. Camina por la calles húmedas, bajo la lluvia, mirando el bullicio de la
salida de los pubs y las discotecas. Mirando la gente, de pasada. Las chicas
maquilladas como espectros, vampiros, los chicos agresivos con su pelo de punta
y sus muñequeras y sus remaches y cadenas. Algunos lo mira retadoramente pero a
Spike no le apetece pelear.
Se encamina cruzando el casco antiguo a su
guarida, un vejo almacén tierra de nadie donde siempre hay un sitio para dormir.
La sangre de la muchacha lo mantendrá caliente esa noche, quizás la siguiente,
no está muy seguro. Es casi invierno, y puede que no le dure tanto tiempo.
Se
detiene en la puerta metálica del almacén y piensa de nuevo en Drusilla. Se
pregunta si habrá encontrado lo que sea que busca, eso que él nunca parece ser
capaz de darle. No lo cree. O quizás sólo no lo desea.
Mientras la lluvia
helada lo cala hasta los huesos Spike tiene un instante de dejà vu, repentino,
nítido, desasosegante como una pesadilla, frío como las sucias gotas de agua.
Aprieta los labios, mirado sus propias botas en los adoquines húmedos. Spike se
ve a si mismo siguiendo el rastro de Angelus por unas calles adoquinadas, como
ésas. Encaja los dientes intentando contener la rabia que lo tambalea. La
angustia que lo encoge por dentro. Las ganas de llorar.
No quiere pensar en
Drusilla pero lo que menos quiere es echar de menos a ese cabrón de Angelus.
Baja la cabeza, sintiendo la fría lluvia mojarle los hombros, el pelo,
resbalar por su cara, hacia su boca. No sabe a quién demonios quiere engañar.
Mañana seguirá a Drusilla como un perro, buscando su rastro por las calles
húmedas. No puede hacer otra cosa.
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