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Basta Autor: inyetyemela Pairing: Spangel Rating: NR-18 Este fic se sitúa posteriormente a mi primer fic "Deseos". Dedicado a demoniodehiel. |
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Era bien entrada la madrugada. En el enorme edificio no quedaba ya nadie, salvo los encargados de la seguridad. El silencio lo envolvía como un manto, haciéndole encoger los hombros bajo su peso. Desde que se había ido de su lado, el silencio era una carga, un castigo. Tantas veces que deseó librarse de su impertinente presencia, y ahora el deseo le había traicionado haciéndose realidad. “Cuidado con lo que deseas, podría cumplirse”, solía decirse, demasiado a la ligera teniendo en cuenta la terrible verdad que encerraba. Ahora lo sabía, pero no hallaba la forma de arreglarlo. ¿Cómo traerlo de vuelta? No estaba en sus manos, ¿qué iba a hacer? ¿Rastrearlo, perseguirlo como un perro de caza y obligarlo a volver junto a él? ¿Mantenerlo a su lado a la fuerza, exigirle que lo amara como nunca creyó necesitar que lo hiciese? No, irónicamente, Spike era quien tenía la última palabra. Quizás la hubiese tenido todo el tiempo y él sin enterarse de nada… Sacudió la cabeza espantando el fantasma de Spike y decidió que ya estaba bien de trabajo por ese día. Pero, a pesar de la hora y del cansancio que le roía los huesos, no fue capaz de volver directamente a su apartamento. Una extraña excitación le corría por la sangre, así que decidió darse una vuelta por el bufete. A lo mejor así apaciguaba su espíritu. Planta tras planta realizó el mismo ritual mecánico de recorrer los desiertos pasillos, comprobar que las puertas de los despachos estaban cerradas con llave, y que el vigilante de guardia no dormitaba por cualquier lado. “Esto es absurdo”, pensó de nuevo dentro del ascensor. Pero aún así, pulsó el botón del piso siguiente. Era el turno de los vestuarios y las duchas. ¿Qué demonios pensaba encontrar allí abajo? Cuando las puertas se abrieron su cuerpo se negó a obedecer a su sentido común, y salió del ascensor como por voluntad propia. Caminó acompañado por el eco de sus pasos con desgana, hasta que al llegar al vestuario masculino el débil sonido del agua correr atrajo su atención. “Genial, a saber cuánto hace que se dejaron una de las duchas abiertas”, gruñó para sí pensando en el agua caliente malgastada. Abrió la puerta molesto y una nube de vapor lo engulló. Una nube caliente, asfixiante, que le dilató las fosas nasales y nubló su mente. No era vapor corriente, nada más lejos de la realidad. Cada gota de agua contenía un puro, dulce y picante aroma que en los últimos meses había extrañado y que ya había dado por perdido. Era una nube de caliente y concentrada esencia de Spike. ¿Spike? En silencio, como sonámbulo, se adentró en aquella niebla deliciosa, guiado por el sonido de la ducha, buscando a su Childe. Y lo encontró; allí estaba, como una aparición y bajo el chorro de agua caliente, la más hermosa estatua jamás esculpida. El vampiro rubio no parecía haberse dado cuenta de su presencia aún, y Angel aprovechó la oportunidad para admirar su anatomía libre de tensión o cautela, totalmente confiado bajo la ducha. Angel deseó entonces ser el agua. El agua caliente de la ducha que caía en una caricia húmeda, acogedora y lenta. Enredarse en el pelo rubio revuelto y deslizarse juguetona desde la nuca, lamer los hombros enrojecidos por el calor, la espalda, remolonear en la dulce redondez de su trasero…Ser ese agua que le cerraba los párpados y saltaba desde la punta de su nariz hasta el pecho, zigzaguear con demora por esos abdominales tallados en aquél torso de alabastro, derramarse por sus caderas y terminar atrapado entre el vello áureo que rodeaba su miembro magnífico, aún estando en reposo. Poco a poco el vampiro moreno fue sintiendo la característica y molesta tensión de una erección en su entrepierna. Tenerlo de nuevo allí, frente a él lo embargaba de una felicidad casi indecente. Su proximidad le provocaba un placer que adquiría un cariz perverso y perturbador. Jadeó levemente como si le hiciera falta respirar, pero sólo logró tomar una nueva bocanada de vapor caliente e intoxicante. Entre la bruma caliente el cuerpo desnudo y mojado de Spike adolecía de una belleza casi onírica y por un instante Angel temió estar sólo ante una visión. Tragó océanos de saliva antes de atreverse a acercarse más para comprobar cuán real era. Esa vez el rubio sí se percató de que no estaba solo y cerró el grifo con rapidez, enrollando una toalla alrededor de su cintura. Angel casi gimió de frustración al verse privado de tan maravillosa visión. Con esfuerzo logró levantar la vista de la toalla y sus ojos acabaron presos de la mirada celeste de Spike. La comisura de sus labios se dispararon hacia arriba en una sonrisa pocas veces autorizada. Pero el gesto no llegó a materializarse del todo pues Angel detectó desconcierto en el fondo de los ojos azules. Ninguno de los dos pronunció una palabra. Tampoco se movieron de donde estaban, tan cerca y tan lejos a la vez. Angel se preguntó durante un segundo por qué habría vuelto su Childe, hasta que comprendió que le daba igual. Había vuelto, estaba allí, de pie ante él. ¿Qué más le daba, el por qué? Spike siguió inmóvil, chorreando agua, aferrando la minúscula toalla alrededor de su cintura, la mirada avergonzada y huidiza. A Angel le chocó su pudor. Como si no hubiese visto de sobra lo que pretendía esconder de él. Aquella actitud sólo logró hacerlo más tentador que nunca, avivando el deseo que le impelía a estrellarse contra su cuerpo con el fanatismo de un piloto suicida. El rubio ladeó entonces su cabeza, en un gesto que siempre le confería ante los ojos de Angel un aire animal, de felino o incluso de pájaro. Sí, eso era Spike, un ágil, nervioso y pequeño pájaro de dorado plumaje. Con los sentidos alerta, como un perro venteando la caza, Spike captó la excitación de su Sire y sin quererlo se tensó, a la defensiva. Angel sintió que si no hacía algo pronto iba a perderlo de nuevo, y no estaba dispuesto. Así que ignorando el paso atrás que dio Spike en cuanto lo vio encaminarse hacia él, se despojó de la chaqueta y se reunió junto a su Childe, zapatos exclusivos de piel incluidos, bajo la ducha ahora cerrada. Agarró suavemente al vampiro del brazo y sintió una descarga eléctrica al sentir en la palma de la mano el cosquilleo provocado por el vello rubio y suave. Con la otra mano rodeó su húmeda nuca y se inclinó sobre el desconfiado rostro de Spike, permitiendo al fin que su boca descubriera el camino hasta la suya. Pero los labios del vampiro rubio, cálidos y jugosos como recordaba, no se abrieron para dejarle entrar. Angel suspiró vencido por el desaliento y se separó levemente de él. Bajo sus manos Spike temblaba, y su Sire comprendió que no era de frío, sino de miedo. ¿Y por qué no? ¿Acaso podía esperar otra reacción? Angelus había sido tan…no, a quién pretendía engañar. No sólo Angelus, él mismo lo había despreciado y herido a pesar del alma. Si quería tenerlo para siempre a su lado tenía que dejar que lo decidiera él mismo. Había sido muy presuntuoso al dar por sentado que si Spike estaba de nuevo en W&H era por él. Buscó los penetrantes ojos claros y al encontrarlos sus pupilas colisionaron. Angel casi pudo sentir el impacto, casi oyó el rugido del violento choque. - Spike…- La voz le salió ronca y vacilante.- Sólo tienes… que decir basta…siempre puedes…decir… Los labios de Spike interrumpieron su torpe declaración. Ahora sí, la lengua de su Childe se introdujo en su boca, buscando el roce húmedo de la suya, en un baile ávido e inseguro. La mano de Angel que aferraba el brazo de Spike descendió hasta las caderas y de un tirón se deshizo de la toalla mojada. Su dueño respondió con un gemido ansioso dentro de su boca. Una vez desaparecida la toalla, los dedos de Angel acariciaron con descuido premeditado el rizado vello dorado que rodeaba aquél miembro ahora pletórico y excitado, arrancando otro gemido de placer ahogado a la garganta de Spike. Angel atrajo más el cuerpo delgado y fibroso contra el suyo y abandonó momentáneamente los labios sedientos de su Childe para lamer, una por una, las gotas de agua que aún resbalaban por la piel erizada. Acarició con la yema de los dedos la curva del cuello, bajó de nuevo por el torso musculoso, bordeó con la punta de la lengua la orilla trémula de su ombligo y al fin hundió su cabeza entre los muslos de Spike, que jadeó al sentir la lengua de Angel jugueteando con su erección. Con un rugido animal Spike lo obligó a ponerse en pie pasados unos minutos, preso de la imperiosa necesidad de sentir el contacto de su cuerpo desnudo contra el suyo. Angel le dejó hacer complaciente y desechando cualquier atisbo de cordura que quedara por su mente. ¿Cómo iba a pensar racionalmente mientras Spike le desabrochaba los botones de la camisa con su minuciosidad característica? Cuando logró quitársela, la lanzó por encima de su cabeza y con deseo voraz besó al fin el torso desnudo de su Sire. Éste se deshizo sin miramientos del resto de su ropa, dejando al descubierto toda su virilidad. Casi con gesto suplicante, Spike se arrodilló ante él y se introdujo la polla de Angel en la boca, succionando, lamiendo, chupando como sólo él sabía hacerlo, provocando al otro vampiro espasmos de placer, envolviéndolo en oleadas de embriagadora lujuria. Poco a poco aquella ducha se fue transformando en un campo de batalla, una guerra de salivas, gemidos y vapor de agua. Spike luchaba contra él queriendo ser vencido, se rebelaba al tiempo que suplicaba ser dominado. Entonces, cuando ya todos los rincones de sus cuerpos habían sido explorados, lamidos, besados, Angel le dio la vuelta a Spike suavemente, manteniéndolo contra los azulejos húmedos y se metió dentro de él, sumergiéndose en la oscuridad caliente de su cuerpo. Un torbellino de sensaciones le embargó nublándole la vista. Continuó penetrando a Spike, primero con lentitud y ternura, sabía que nadie más había accedido a aquél rincón de su cuerpo aparte de él, y de eso hacía ya mucho tiempo, así que esperó a que el cuerpo de Spike fuese habituándose poco a poco a él. Mientras, lo besó en el cuello, la nuca, los hombros, y esta vez supo que el temblor que sacudía su cuerpo era de placer. En poco tiempo el propio Spike suplicó, con voz entrecortada, que lo penetrase más rápido, más fuerte, estremeciéndose satisfecho. Angel lo penetró con urgencia, una y otra vez, alentado por los jadeos y las exclamaciones de Spike, aferrándose a sus caderas y sintiendo su respiración acelerada, el cuerpo de fino alabastro sometido a la fuerza de sus embestidas, haciéndole quejarse roncamente contra los azulejos del baño. Cerró los ojos extremadamente complacido, presintiendo la explosión del orgasmo. Finalmente y casi al unísono ambos estallaron en una agonía de placer que hizo que Angel se tambaleara. Con desgana se retiró de Spike, saliendo de él con pereza, aunque sin deshacerse de su abrazo. Besó los despeinados cabellos rubios y Spike alargó la mano, aún sin aliento, y volvió a abrir el agua caliente. Bajo la lluvia artificial se revolvió entre los brazos de Angel y se dio la vuelta, apoyando el rostro sobre el torso desnudo del vampiro. Un poco después, con los ojos aún turbios de sexo, se separó levemente de él y susurró inseguro: - Siempre puedo decir basta… ¿verdad? - Siempre.- Respondió Angel besándolo de nuevo, seguro de que Spike no volvería a irse, comprendiendo que nunca había querido hacerlo, pero que no le había quedado más remedio. Seguro de que ahora que le había dado la oportunidad de elegir, elegiría no tener bastante de él…nunca.
FIN
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