Spike: el misterio del vampiro rubio (por Ehiztari) PDF Print E-mail


Spike: el misterio del vampiro rubio

por Ehiztari

Spike es un vampiro que aparece en la segunda temporada para amargar un poco la vida de la protagonista. Es decir, es el malo. Un malo episódico que no debería haber durado más de tres o cuatro episodios ya que los guionistas tenía prevista su muerte para dejar paso al verdadero y sorpresivo Big Bad de la temporada, Angelus (pero eso es otra historia). Cómo un personaje secundario de un puñado de capítulos logra sobrevivir, hacerse habitual de la serie y acabar siendo el coprotagonista es uno de esos misterios que jamás conseguiremos desentrañar, pero que agradeceremos eternamente. La verdad es que desde su irrupción en la serie, Spike rompía moldes: inteligente, irónico, divertido, atractivo y enamorado hasta las cachas de una vampiro perturbada (Drusilla) a la que idolatra y con la que conforma la pareja más letal y atípica desde Bonnie and Clyde. Luego, a lo largo de las seis temporadas siguientes, el personaje seguirá evolucionando, muchas veces a su pesar (Drusilla le abandona, un grupo militar le inserta un chip que le impide atacar humanos, se obsesiona por Buffy y la arrastra a una pasión destructiva, y finalmente inicia el camino de su redención hasta un final heroico).

¿Que qué le veo de especial? ¿Basta con decir que me parece uno de los personajes más complejos y fascinantes de la historia de la televisión? (Realmente, no sé por qué he utilizado el plural). Spike es contradictorio en todas sus facetas: malvado, amoral, peligroso, pero sensible, perceptivo, inteligente, sarcástico, vulnerable, enamorado, imprevisible. Técnicamente está muerto, pero es el personaje más vivo de todos los de la serie: hedonista, sensual, impulsivo y eterno juguete de sus propios sentimientos. Sus frases (irónicas, descaradas o conmovedoras) forman parte de la más exquisita antología de una serie que, de por sí, ya destacaba por la inteligencia de sus diálogos. De Spike siempre se puede esperar cualquier sorpresa, para bien o para mal. A lo largo de su tránsito por la serie ha sido sucesivamente el personaje malo, el gracioso y el héroe, y en cualquiera de esas facetas ha robado todas y cada una de las escenas en que aparecía. Poco a poco, nos desvelaron su pasado como un tímido poeta en la Inglaterra victoriana (William) y comprendimos que tras el malhablado y canallesco vampiro siempre pervive la hipersensibilidad del desdichado poeta.

Por si faltara algo, están sus relaciones con otros personajes: fustiga con comentarios asesinos a Xander y a cualquier otro que se le ponga a tiro; es capaz de sacar de sus casillas con discusiones surrealistas al imperturbable Angel, el vampiro que lideraba su clan y con el que establece lazos de dependencia, competencia y amor-odio; pero también cuida de Dawn, la hermana adolescente de Buffy, con el cariño de un hermano mayor; se entiende a las mil maravillas con Joyce, la madre de Buffy, junto a la que comparte veladas de dulces y telenovelas,...

Spike el malvado, el gran seductor, el no-muerto, el no hombre, el vampiro enamorado, el lúcido deslenguado, el sarcástico lleno de dolor... Decir a estas alturas que Spike es un personaje fascinante, no supone ninguna novedad. Entender en qué reside su atractivo me sigue siendo un misterio. Y por muchas vueltas que le dé (y se las doy) sólo llego a la conclusión de que está lleno de contradicciones, de ambigüedad, que es tan escurridizo que resulta imposible de caracterizar. ¿Es malo? Sin duda. Pero ¿no es uno de los chicos buenos? Pues... también. Como Buffy, a veces pienso que habría que matarlo y otras, que quererlo es poco.

Sus rasgos positivos (pasión, humor e inteligencia) a veces son discutibles (su amor puede ser muy oscuro; su sentido del humor es siempre hiriente, como su inteligencia, que suele aplicarse al cálculo egoísta o incluso la traición.) En cualquier caso, no parecerían suficientes para equilibrar la balanza ni hacerlo tan atractivo. Pero sin duda lo es. La clave quizá esté en esa ambigüedad, en esa capacidad de contradicción que lo hace tan humano. Y en su apasionamiento vital. Spike ama intensamente, odia intensamente, sufre intensamente y disfruta cuanto puede de los placeres a su alcance. Es sin duda el personaje más vivo de toda la serie, aunque haya muerto muchos años atrás. Parece la plasmación de lo humano por excelencia. Sin embargo no lo es. Resulta difícil asumir que Spike no es uno de los nuestros. Es tan cercano que olvidamos su verdadera naturaleza vampírica que, por otra parte, define al personaje y marca su destino.
Sometido a un estudio pormenorizado, las conclusiones son confusas:

Físicamente, las características biológicas destacan las diferencias de los vampiros con los seres vivos. Por ejemplo, la temperatura corporal más fría. Posibilita su detección por medios tecnológicos como los de la Iniciativa. Otro rasgo característico es la palidez, fruto más probable de la falta de sol que, como dice Giles, de la ausencia de melamina. Palidez y frialdad, ambas connotaciones de muerte, hacen inquietante la idea de trato íntimo, pero siempre la unión de amor y muerte ha tenido una aureola morbosa profundamente erótica. También la anatomía presenta notorias diferencias, aunque Spike parece arreglárselas para saltar las barreras: Los vampiros carecen de respiración (sin embargo Spike fuma), su corazón no late (aunque él siente que si lo hiciera, golpearía contra su pecho), ni seguramente su sistema digestivo está preparado para otra cosa que la ingesta de sangre por lo que las papilas gustativas de los vampiros son superfluas (pero a Spike le encantan las alitas de pollo y le gusta experimentar con texturas y “grumitos” añadiendo cereales a la hemoglobina. Y en cualquier caso, siempre ha preferido el burbon como el mejor filtro para acabar con el dolor. Evidentemente le hace efecto porque sus borracheras son de las que quedan en la memoria). Sobre su capacidad sexual parece no caber ninguna duda, si bien destaca por una exquisita dedicación a todo tipo de “aficiones alternativas”: fetichismo, voyeurismo, fantasías, infidelidad, sexo oral, juguetes como la buffybot o las más tradicionales esposas y sobre todo un muy acusado sadomasoquismo, herencia probable de Drusilla. De todas formas, parece que lo único que él considera rechazable es lo que le recimina a Angel (In the dark, Angel 1x03): “¡Enamorarse de una cazadora, qué perversión!” (Por consideración a nuestro chico, ahorraremos esta vez el comentario, pese a lo tentador que resulta.)

Intelectualmente, es muy listo. No sólo inteligente, sino dotado de una inteligencia práctica notable. Es astuto, capaz de engañar y manipular a cualquiera (a los scoobies uno por uno en El factor Yoko, a Ángelus e incluso a una diosa como Glory). Pero además tiene una “inteligencia sensitiva” que le permite entender al instante lo que sienten los otros. Es perceptivo y muy intuitivo, un rasgo único que está a medio camino entre el instinto animal y la sensibilidad del expoeta. Esto hace que Spike sea el primero y a menudo el único que se da cuenta de cuándo alguien está sufriendo.

Socialmente, es un inadaptado. Siempre. Tanto en la sociedad victoriana de donde procede (por un exceso de sensibilidad y bondad), en el clan de Ángelus (por un exceso de violencia), entre los vampiros y demonios y entre los humanos de Sunnydale. Pero si uno se define por sus amigos, Spike resulta admirable. Es sorprendentemente sociable. Encaja a la perfección con quien menos sería de esperar: Joyce, Dawn, Clem...Es decir, la madre de su enemiga que pasa de golpearle con un hacha a consolarle en sus penas amorosas, una niña a la que cuenta poco edificantes historias de terror y un cacho de pan “con problemas dermatológicos”. Spike acepta y es aceptado. Pero siempre al margen y entre los marginados. Por el contrario, “el núcleo duro” de la pandilla lo mira siempre con reticencia y cierta razón tienen, porque de Spike más vale no fiarse nunca.

¿Es un perdedor? La verdad, si se empieza por estar muerto, a partir de ahí poco campo queda para la mejora. Inutilizado y expulsado de entre los vampiros, despreciado por los humanos, difícilmente va a conseguir nunca lo que desea. En cualquier caso, tampoco parece que lo que realmente mueva a Spike sea el triunfo social (sí la aceptación) y su lucidez le sitúa por encima de mezquinos éxitos de popularidad. Sus constantes derrotas, -segundón de Angel, malo constantemente vencido, enamorado rechazado...-, provocan la identificación del espectador que no puede evitar mirarlo con una sonrisa de compasión y simpatía al verle fracasar una y otra vez. “Pobre Spike"-es el inevitable comentario. Nada le sale bien. Pero el eterno perdedor lucha por lo que quiere y lucha más que nadie y así completa una trayectoria vital apasionante. A su carácter de outsider, que pone siempre el dedo en la llaga, quizá precisamente porque no tiene nada que perder, Spike, el de aparente imposible redención, añadirá el carácter de salvador, pero eso será ya en la séptima. Y ésa es otra: su evolución.

Otro misterio. Entra en la serie como el malo. Pero un malo guapo, inteligente, lleno de humor y tiernamente enamorado de su perturbada pareja. ¡Un malo imposible de odiar! Luego nos enteraremos de que en vida fue un tímido y sensible poeta, también enamorado, que buscaba algo “efulgente” y encontró primero el desprecio y luego la muerte... De villano se convierte en bufón inofensivo “gracias” a La Iniciativa (4ª temporada), pero a partir de ahí remonta el vuelo adquiriendo categoría de casi coprotagonista y héroe positivo. Más o menos positivo. En el caso de Spike, nunca sabe uno a qué carta quedarse.-  El hecho es que Spike, a quien, a diferencia de Angel, el alma, la dimensión moral, la redención, el sanshu y otras cuestiones por el estilo le importan un rábano (“I´m not good, and I´m okay”), se encuentra de pronto con que le caen todas encima. Y, máxima ironía del destino, no por una maldición inesperada como a Angel, sino porque ha luchado a brazo partido por ellas, aunque no las quería. ¿Injusticia? No. Aunque, él no las buscara, es justo que las consiga porque Spike es la encarnación de lo humano, con todas sus contradicciones, o precisamente por ellas

Un último apunte en su faceta social son las reminiscencias de caballero. El canalla que es casi siempre Spike, a veces conserva rasgos de una exquisita educación: en ocasiones provocan la sonrisa, como cuando abre la puerta y espera cortésmente para ceder el paso a Buffy con el consiguiente enfado de la chica (Crush), en otras se tiñen de amargura, como la inclinación de cabeza con que se despide de Anya en la tienda de magia, igual que lo haría un aristócrata con una amante de alcurnia. Poco antes a la pregunta de la exdemonio de a qué se debía el honor, Spike había respondido con sarcasmo que ya no le quedaba honor. Honor quizás no, pero buena educación, sí.

Moralmente, Spike es una criatura de la noche, un monstruo, según su propia definición. Mata. Y lo hace sin remordimiento, con astucia, en busca únicamente de su beneficio. Si deja de matar, es simplemente porque no puede seguir haciéndolo, no por ninguna otra razón. Las reglas morales no le afectan, ni siquiera se las plantea. Quizás no tengamos tampoco derecho a aplicárselas, porque tales reglas son humanas y él no lo es. Es sólo un depredador de humanos, el Hostil 17. En cualquier caso, no contempla las implicaciones éticas de los actos, como ocurre con la muerte de Katrina (Dead things). Probablemente el verdadero abismo que le separa de Buffy es ése, su negativa –porque no puede o porque no quiere- a someterse a un planteamiento ético. Si moralmente Buffy se sitúa en el polo del bien y Spike en el del mal (hipótesis por otra parte discutible), para encontrarse, uno u otra deberá acercarse al contrario. En principio Spike parece atraer a Buffy hacia su oscuridad, pero a la larga eso sólo puede llevar a que Buffy deje ese camino y, para decepción de Spike, la única salida que le queda, si realmente la quiere, es que él se dirija hacia el bien. Con todo, que no acepte cortapisas morales, no significa que no sea plenamente consciente de cuándo obra mal. Por cálculo o por su aguzada percepción del sufrimiento ajeno, Spike sabe perfectamente cuándo ha sobrepasado la línea. Por ejemplo, al delatar las salidas nocturnas de Riley. Sabe que actos como ése exigen reparación. Aunque difícilmente pueda proporcionarla con una caja de bombones aplastada.

Afectivamente, Spike “apesta a humanidad”. Y poco más cabe añadir a la afirmación del Juez. Salvo que la “humanidad” de Spike se define por el ansia de amor. Amor pasión, prácticamente obsesión, amor intensamente sexual, pero también –daños colaterales de su relación con humanos-, amor que se tiñe de cariño y se caracteriza por la empatía, hacia algunos –pocos- privilegiados: Joyce, Dawn, quizás Anya. Y, sobre todo, amor por Buffy, tan lleno de comprensión que no retrocede ni ante la autoinmolación.
Pero este aspecto abre un nuevo tema: la entidad humana de Spike (en la serie se identifica con el alma), que es el producto de una larga evolución y aporta otras dimensiones al personaje:

Simbólicamente, es, junto con Buffy, uno de los dos personajes trascendentes de la serie. (Tres, si añadimos a Angel en la distancia). Son los personajes con altura mítica, los que persiguen una meta trascendente. Angel quiere hacerse perdonar, redimir sus pecados. Buffy, salvar al mundo. ¿Y Spike?  ¿Qué demonios busca Spike? Más bien parece que él no busca nada. Se lo encuentra. Mejor dicho, busca una cosa y se encuentra otra. En realidad, lo que le obsesiona es Buffy. Su objetivo es el amor de Buffy. Como no puede conseguirlo siendo como es (un vampiro sin alma), Spike, que es muy inteligente, comprende que tiene que cambiar. Y como es muy osado, dice que lo hará. Pero nadie le cree. Buffy ni siquiera le escucha cuando él afirma que puede cambiar. Así, que se lanza a la demostración por los hechos. Y buscando el amor, encontrará, sin embargo, la humanidad (el alma). De esa manera, Spike encarna la esforzada conquista de la humanidad por un ser no humano.

Quiero creer que la consecución del alma no se produce sólo por superar unas pruebas físicas. Sería decepcionante y un tanto absurdo, como ya se ha comentado en el foro. Me parece mejor pensar que a Spike se le concede su alma por dos motivos principales: primero, porque ha tomado la decisión consciente de luchar por ella, y, segundo, porque siempre ha sido un vampiro atípico, que había emprendido ese camino hacía mucho tiempo. El alma otorgada por el demonio de la cueva no hace sino ratificar rasgos inequívocamente humanos que ya estaban presentes en Spike desde muchos capítulos atrás: la conciencia del mal (al delatar a Riley, por ejemplo), el arrepentimiento por el daño causado (aunque nunca lo reconozca, creo que es claro que lamenta sus malas acciones cuando hieren a Buffy: darle celos en la no-boda, acostarse con Anya, la escena del baño...), por supuesto los sentimientos (respecto a Dru, a Joyce...), la empatía que establece con Dawn.... Pero, sobre todo, el amor. Spike se define fundamentalmente como personaje enamorado y es el amor –amor obsesivo, absorbente, loco- lo que guía todas sus decisiones. Si Angel optó por dejar a Buffy para buscar solo el camino de su redención, en Spike eso es impensable. Spike obra al revés, llegará a la redención a través del amor.

Pero en líneas generales y dejando aparte elucubraciones filosóficas hay que reconocer que el retrato parece más bien el de un psicópata peligroso. La simpatía que genera Spike sigue siendo inexplicable. ¡Tendrá razón cuando dice que las mujeres se casan con los psicópatas! Si es un cúmulo de malas acciones, un villano nunca del todo reconvertido, insultante, hiriente y peligroso para la protagonista, ¿por qué entonces es tan cautivador? Todas las explicaciones (que las hay: es irritantemente sincero, siempre actúa por un buen motivo (o sea, un motivo bueno para él), sus indudables cualidades, su apasionante evolución,...) no parecen suficientes para explicar la atracción que despierta, pero que es innegable. Spike es la paradoja personificada: el no humano, más humano que nadie; el vitalista que está muerto, el personaje con alcance simbólico psicológicamente más complejo, el malvado capaz de generosidad y heroísmo, el vampiro enamorado... Puede presentarse distante, sarcástico, cruel... pero siempre es capaz de la pirueta sorpresiva que desnuda su lado de ternura, del comentario irónico que muestra la incongruencia –no sólo suya, sino sobre todo nuestra-, de la salvación por el humor y el sentimiento. Su vitalismo, hedonismo, sensibilidad, inteligencia... demuestran que la Humanidad, ese mundo al que él aparentemente no pertenece, aún tiene una posibilidad de redención. Como en la escena casi final de Once more with feeling: Buffy está a punto de quemarse en el baile diabólico mientras sus amigos contemplan atónitos e inmóviles la escena. Entra Spike y es el único que la detiene. La salva diciéndole que debe vivir, “para que uno de los dos viva”. Es evidente que no será él. Quien debe vivir es Buffy. Si el regalo de la Cazadora es la muerte, el regalo de Spike es la vida, la vida para otros.