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Buffy y Spike despiertan
desnudos y llenos de cardenales en el edificio abandonado, que se ha
derrumbado durante la noche. La Cazadora, arisca y de nuevo encerrada
en la negación de lo que siente, Spike provocativo e
impertinente, acaban discutiendo de nuevo. Ella le golpea y se marcha,
amenazándolo si ñle cuenta a alguien lo que ha ocurrido.
Buffy regresa a casa, agotada y sin
poderse ni sentar sin dolor. Se da cuenta de que también Willow
ha estado fuera toda la noche, y han dejado sola a Dawn. Suerte que
estaba tara, que sigue en la casa. Buffy da evasivas a sus preguntas, y
cuando regresan Willow y Amy la cara de Tara es digna de ver. La bruja
pelirroja tiene sus propios problemas, se encuentra agotada y
vacía de poder tras una noche de excesos mágicos.
Lejos de intentar frenarse, sale de nuevo
con Amy a casa de Rack, un camello de magia negra que proporciona
chutes muy fuertes de poder. Mundos extraños y pesadillas donde
Willow pierde la conciencia del tiempo y del espacio. Es misma
noche acude a ese sitio una vez más, en compañía de
Dawn. La trata muy mal y la pone en grave peligro cuando un
demonio atraído por la magia las ataca, e intentando escapar en
un coche Willow lo hace chocar..
Entretanto Buffy ha ido en busca de
un agotado, dormido (y gloriosamente desnudo) Spike, que la
acompaña en la busca de Dawn. Spike le dice que ese Rack es mala
cosa, y recorre las calles con una Cazadora que lo trata mal y se porta
mezquinamente con él mientras intenta distinguir la entrada al
tugurio de magia con sus sentidos de vampiro.
Al final encuentran a las dos
jóvenes, Dawn con un brazo roto se marcha con Spike al hospital.
Buffy se queda con Willow, que derrumbándose le pide ayuda:
está enganchada a la magia y no consigue salir.
por Ehiztari
Pues este capítulo, para mí, tiene dos
escenas: la segunda (la primera es la de Tom y Jerry despertando en el
sofá a Dawn y Tara) y la última.
La segunda escena es “el
día después” y sólo por ver la cara de
terror de Buffy merece la pena. Debo de ser muy mala, pero me encanta
lo asustada y enfadada que está. Y seguramente voy a decir una
herejía que me haréis expiar largamente, pero en esta
escena me gusta más Buffy que Spike. Buffy, la controladora y
endurecida, que descubre que ha perdido por completo el control e
intenta recomponer su apariencia (“¿Dónde
está mi zapato? ¡Necesito mi zapato!”) al tiempo que
su conveniente imagen de sí misma, vistiéndose con
nerviosismo, mientras lo que ya no tiene vuelta atrás le mira,
sardónico y desnudo, disfrutando del cambio de papeles. Sin
embargo Spike me resulta excesivamente achulado en esta escena. Claro
que todo se lo perdono cuando se abrocha de esa manera enérgica
su cinturón y vuelve a ser el chico malo dolido por el
enésimo desprecio de su nueva amante.
La última escena se sitúa tras
el síndrome de abstinencia de Willow. Después de esa
conversación entre las dos amigas en que Will se derrumba y le
cuenta a Buffy que no puede dominar su dependencia y Buffy, que se sabe
también derrumbada, calla. Después de las imágenes
de Willow agitándose sudorosa en la cama, en claro paralelismo,
tenemos otra imagen también sin palabras en que Buffy sentada en
su cama mira con miedo en la oscuridad preguntándose si
servirán de algo el crucifijo que aferra en sus manos o las
ristras de ajos que decoran todas sus ventanas. ¡Pobre Buffy!
Todos sabemos que no. Los ajos y las cruces quizás puedan
detener a Spike, pero no podrán pararla a ella misma.
Y casi me olvido de la otra escena, en el
callejón, cuando Buffy insiste (¿a quién quiere
convencer?) en que la noche pasada ha sido sólo una
equivocación que no volverá a repetirse y Spike,
enfadado, replica que ha sido una “bloody revelation”.
El resto, no me importa demasiado. Willow no
llega a emocionarme, quizás porque me resulta muy
estúpida su dependencia de Amy (a la que claramente odio) y me
parece que traspasa demasiadas barreras de modo brusco e injustificado
(la pérdida de Tara ha quedado ya un tanto lejos como para que
sea el detonante). Willow ha perdido el encanto ingenuo de las primeras
temporadas y cuanto más bruja poderosa se hace, menos me
interesa. Rack es un tipo bastante repulsivo, pero del todo
intrascendente. No consigue transmitirme sensación de peligro,
manipulación, ni nada por el estilo. Es sólo un camello
que comercia con la dependencia de sus víctimas. Dawn es una
chiquilla sola que intenta ser valiente y sensata en un mundo donde los
“adultos” están más perdidos que ella. Junto
con Anya y Xander representan las escasas dosis de sentido común
en este capítulo. Dawn será la víctima. Anya y
Xander actúan como espectadores que juzgan, sin implicarse, los
errores que contemplan (la dependencia de Willow de la magia y, aunque
ellos no lo saben, la dependencia de Buffy del sexo con Spike). Los
tres (Anya, Xander y Dawn) tienen escasos minutos y escasa importancia
y, por ello, casi desaparecen entre el resto de este
capítulo que inicia el descenso a la confusión de las
otras protagonistas. Bastante triste en general, aunque la
situación aún tiene mucho que empeorar.
Y otro detallito que también me
gusta: Buffy y Spike, buscando a Dawn. Discuten, rezongan, pero van uno
al lado del otro, como papá y mamá buscando a su
niña. Cuando la encuentran, mientras Buffy se enfrenta al
demonio (y después a Willow), Spike, con solicitud,
cariño y naturalidad, se encarga de Dawn. Vuelve a ser la figura
masculina protectora que necesita la adolescente.
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