Trailer
Buffy continúa su
alienante trabajo en la hamburguesería, incluso los vampiros se
niegan a morderla por su olor a carne frita. Nada de eso le importa
a Spike, que la espera a la entrada de casa para pasar un rato
con ella.
La llegada imprevista de Riley
felizmente casado a Sunnydale hace replantearse su desastrosa vida a
Buffy. Patrulla por el cementerio y en una conmovedora escena corre a
la cripta de Spike y le pide que le diga que la ama. El le dice que claro
que la ama, que la desea siempre. Buffy se apresura a besarlo y
conducirlo a la cama. Cuando despierta, Riley está en la cripta.
La reacción de Buffy es de avergonzarse. Entre las baladronadas
de un Spike que disfruta de ver la cara que se le queda a Riley, sale
el hilo de la historia: el traficante de huevos de demonio que Riley
iba buscando resulta ser Spike.
Los huevos de demonio están en el
sótano, y se están abriendo. La escena completa es muy
desagradable e injusta, por el mal trato de Buffy a Spike, que llega
incluso a golpearlo dos veces delante de Riley. Riley soluciona el
asunto de los huevos de demonio con una granadas que destroza la cripta
de Spike. Luego se marcha de Sunnydale con su chupi mujer (y superior
en el ejército) tan perfecta como él.
Buffy regresa a la cripta, para
encontrar a un triste Spike que creía que se había ido con
el soldadito. Ella no ha ido a reñirle por su negocio de
demonios, o a echarle nada en cara. Tampoco a que la consuele en la
cama, como un Spike sin el más mínimo amor propio le
ofrece. Ha ido a romper su relación con él.
Nunca he tenido muy claro si
Buffy lo
hace por egoísmo, o de verdad por cariño a él
o por ambas cosas. Sabe que Spike sigue siendo un monstruo, inmoral por
definición aunque parezca tener algún tipo de conciencia.
No sabe realmente distinguir el bien del mal, eso está claro.
Pero Buffy nunca se propone ayudarlo, ni tampoco los demás que
le rodean. Sea como sea, creyendo que su relación con Spike es
una de las cosas
malas que le pesan en el alma, y a la vez torturándose porque
cree utilizarlo sin amarlo, Buffy decide poner fin a la
relación. le susurra un lo siento, William que lo deja si habla.
Y se marcha.
Impresionante la expresión desolada de Spike y sus ojos
brillantes de lágrimas. Tristísima la escena final, con
Spike en la cripta destrozada y Buffy saliendo a la luz del
día, ya donde él no puede seguirla.
por Ehiztari
Había visto este episodio como hace unos diez días, pero
el ataque de vagancia supina que he sufrido, me había impedido
hacer el comentario correspondiente. Como casi lo tenía
olvidado, he vuelto a verlo… y ¡es increíble!
Pensaba que me aburriría y por el contrario me ha gustado mucho
más y he visto matices que antes se me habían escapado.
Eso no significa que esperéis un brillante comentario…
pero lo intentaré. Os transmito mis impresiones. Desde la K-
BHR, Tere in the morning emitiendo para la mesa camilla.
Todos sabemos que la
sexta es el descenso a los infiernos de Buffy y éste
capítulo es el momento en que toca fondo (Bueno, otro
más, pero a partir de aquí la cazadora hace pie y se
impulsa hacia arriba. Desgraciadamente, para eso tiene que dejar que se
hunda como lastre a Spike). Para que tome la decisión de salir
de su mundo alienante y destructivo, será decisiva la
aparición de Riley Finn y señora. Toparse de cara con el
triunfador y feliz soldadito hace que Buffy se replantee, por
contraste, su deprimente existencia. Todo el capítulo va por
ahí, insisitiendo una y otra vez en esa contraposición
del sano chico de Iowa con una promesa de familia y una heroica
misión en la vida y la joven provinciana, subempleada y
dependiente del sexo sucio en que se ha convertido Buffy.
¡Pero qué listos son los creadores de BTVS! A Maquiavelo
citaba el estúpido niñato superior de Buffy en el Palacio
de las Hamburguesas y maquiavélica (e inteligentísima y
muy humana) me parece la intención de este capítulo.
Porque… vamos a ver, que levante la mano quien no odie en este
capítulo a Riley. ¿Hay alguien que no quiera
asesinar a su perfecta esposa? Todos de acuerdo en identificarnos con
la perdedora Buffy, ¿verdad? Y, bueno, esto ya es que hasta me
da vergüenza preguntarlo: el mayor perdedor de todos, el
“malo” del episodio, Spike, ¿alguien se
resistiría a consolarlo? ¿No se gana todo nuestro
cariño y nos conmueve y estamos dispuestos a perdonárselo
todo y deseando que sea un poquito feliz? Traficar con huevos de
demonio que pueden ser armas letales contra los humanos, bah,
¿qué es eso? Una tontería frente a lo mal que lo
pasa el pobre.
Pues eso. Que de nuevo la serie da una vuelta de campana y nos pone a
contemplar la existencia desde el lado opuesto al comúnmente
admitido: el lado de los fracasados, los no-demasiado-buenos, los
tristes y mediocres (aunque sean monstruos malvados y
superheroínas). Nos identificamos con ellos, mientras los
“buenos”, paradigma de lo más deseable en la
existencia, nos repatean y nos dan ganas de vomitar. Bien por
BTVS.
Empieza la cosa ya desde el “previously” con ese vampiro
que ¡se permite rechazar a la cazadora! Como si de una cita se
tratara, el muy patán se disculpa y dice que “otra vez
será”, y todo con la excusa de que ella huele mal.
“Tú estás muerto. Tú hueles
así” –le recuerda Buffy, pero nada. Después,
mientras Dawn amablemente rehúsa también el
enésimo paquete de comida rápida (esto yo lo veo
más justificable) y se marcha al Bronze, Buffy recibe un nuevo
rechazo: no es suficientemente buena para reanudar la universidad.
Bien, tres bofetadas en una noche, y aún está por llegar
el golpe más duro.
El golpe más duro se llama Riley Finn y ver cómo en el
pasado elegiste el camino equivocado (o eso cree Buffy. Yo no). Riley
resolutivo, madelman eficaz y seguro de sí mismo, imagen de una
vida rehecha con meta directa en el triunfo (Al menos me alegro de que
el tiempo le haya dejado una llamativa cicatriz cruzando su bonito
rostro. ¡No podía salir del todo inmune!). Buffy lo deja
todo, incluida su gorra con forma de vaca, para seguirle, pero el
patetismo continúa. Una patética y deprimida Buffy
alterna entre la vergüenza propia y la ilusión por poder
quizás recuperar lo perdido y coquetea penosamente con su ex.
(Buffy me da mucha pena, sobre todo, porque creo que yo sería
igual de patética, pero vista desde fuera, hay que reconocer que
es muy tonta: Tiene a Spike y su amor absoluto, suspirando por ella y mientras tanto,
Riley, mucho más mediocre, va a dejarla colgada por segunda vez). Siguiendo con el
capítulo, Buffy se emboba con Riley y la absurda ilusión
de que el tiempo pasado pueda volver… Y Riley se comporta como
un capullo, no explicando cuanto antes que las cosas han cambiado. Este
chico siempre tuvo un problema de comunicación. Hasta que, de la
nada, aparece Samantha Finn. “¿Qué haces con mi
marido?” Maravillosa Samantha Finn, guapa, atlética,
simpática, con soluciones para todo, que lo mismo te arregla el
problema de las fotos de una boda que desventra a un demonio. La mujer
perfecta. Tan “comprensiva” con Willow, tan
“maravillosa” con Buffy, tan estupenda esposa y perfecta
oficial.
Odio a Samantha Finn. En realidad odio a la gente maravillosa.
¿Os lo he dicho ya? Un claro problema de “envidia
cochina”, pero el hecho es que odio a ese
tipo de personas, como ya comentamos en el capítulo aquel de la
compañera de habitación de Buffy en la universidad.
Ayuda, tener al lado a alguien como Willow, capaz
de saludar sonriente a los recién llegados y a
continuación ir junto a Buffy para susurrarle: “Que sepas
que estoy dispuesta a odiar a esa mujer de la manera que
quieras”. ¡Eso es una amiga, sí señor!
Hacía tiempo que Will no estaba tan bien. O como cuando el
matrimonio Finn se marcha elevándose a los cielos cual seres
angélicos. “what a bitch!”. Sí,
señora. Willow for ever. A su lado Xander, recupera su papel de
tontito, babeando por la perfecta pareja en la que cree ver el espejo
de matrimonio perfecto donde mirarse, ayyyyy. Si es que este chico
está muy tonto… En su descargo, hay que decir que si lo
de preparar una boda es siempre lo más semejante a planear el
Desembarco de Normandía, su caso, alternando demonios
auténticos y monstruos familiares, tiene categoría de
odisea. “Estoy empezando a pensar en bouquets de gardenias
–confiesa –Gracias a que mis amigos varones no pueden
oírme”.
Bueno,
pues todo eso había en este capítulo.Todo eso y la escena
más desgarradora, la de la ruptura de Buffy y Spike.
En realidad, como siempre, las escenas de Spike marcan otro nivel: el
momento en que él la espera en el porche antes de entrar en casa
y Buffy, que intenta decir que no, acaba yéndose con él a
la zona más oscura del jardín. La escena en que Buffy,
deprimida por la aparición del recién casado Riley, va en
su busca y le pide, en una conversación tan necesitada que me
recuerda a la de Johnny Guitar: “Dime que me amas. Dime que me
deseas”. Sólo que la cara de Spike transmite que sus
sentimientos tienen una profundidad y una verdad insondables. La escena
en que Riley irrumpe en la cripta para encontrar a los amantes en la
cama y descubrir a Buffy la verdadera identidad del Doctor. La escena
inmediatamente posterior, en el subterráneo bajo la cripta,
cuando Buffy indignada le dice que basta de juegos y Spike, con la voz
temblando de dolor le rebate: “¿Juegos? Tú eres
quien ha estado jugando conmigo”. Y por supuesto, la
última escena. Una escena que se abre en el panorama desolador
de la cripta destrozada cuando “aparece ella” y le dice que
Riley se ha marchado y Spike cree que la situación vuelve a
repetirse (“¿Y has venido a por un poco de alivio
frío?”) . Pero esta vez va en serio. En unas pocas frases,
Buffy, con una claridad y una sencillez, que pocas veces se ven, lo
destroza por completo: “Te quiero a ti. Te estoy utilizando. Y me está matando”
Y luego, dejando a Spike en la cripta, sale a la luz del sol.
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