Trailer
A causa del veneno de un
demonio enviado por el Trío, Buffy comienza a sufrir
vívidas alucinaciones que la llevan a dudar de si el mundo en el
que vive es real, o sólo el fruto de los sueños de una
mente enferma. La mente de una chica recluida en un centro
psiquiátrico desde hace años. ¿Por
qué mundo se decidirá Buffy?
Atrapada en la pesadilla del veneno,
Buffy se debatirá durante todo el episodio en la incertidumbre
más espantosa, llegando incluso a sucumbir a las voces del otro
lado y atacando a su amigos para "curarse".
Un capítulo
desasosegante y aterrador, un tema muy manido en la CIFI pero creo que
nunca en esta serie, y que levanta pasiones encontradas: hay a quien
le fascina el episodio, y quien lo odia. Personalmente no me gusta que
me intenten tomar el pelo como si nunca me hubiera leído un
libro en la vida, y el enfoque sí que parece destinado a reírse
de los espectadores. Está meditadamente en exceso ambiguo ese
equilibrio entre los dos mundos, y habrá quien haya tenido hasta
dudas de que toda la serie era un sueño de una chica perturbada
encerrada en un hospital psiquiátrico. Así que prefiero verlo
como un episodio de realidades alternativas o hechizo, como otros de la
serie donde nunca hemos dudado nadie de dónde estaba la
"realidad" y disfrutarlo así porque es un buen capítulo
formalmente hablando.
Cosas a reseñar: que
el doctor que atiende a Buffy en el otro lado, le habla de la
mejoría del pasado verano (coincidiendo con cuando muere al
final de la quinta temporada) y que en este episodio Spike dice en voz
alta a Xander que Buffy lo ha con vertido en su esclavo sexual y el
chico no le hace caso, y a su vez Buffy dice a Dawn que se está
acostando con Spike y la muchacha ni se entera.
También destacable
el monólogo que le dedica un Spike preocupado a su modo por la
cordura de Buffy: sabe que si simplemente se dedicara a vivir, y
reconociera que está con él ante los demás se
sentiría mejor, pero ella prefiere seguir
torturándose y negándose lo que más desea, y lo
que más necesita.
por Ehiztari
Desde mi punto de vista, estamos ante el capítulo más
original y rompedor de ambas series. Quizás no el mejor, desde
luego no el más emotivo o emocionante, probablemente uno de los
más desasosegante, y, sin duda, el más audaz porque se
atreve a cuestionar todo el universo que se ha ido creando a lo largo
años y años. Todo fuera de un plumazo. O al menos la
sensación de que todo el complejo edificio levantado puede ser
sólo un castillo de naipes que se derrumba ante la mirada
atónita e impotente del espectador. Y que encima, el espectador
se quede con cara de tonto, con la inevitable zozobra de que le han
engañado durante tanto tiempo. “¿Qué pasa,
creíais que todo esto era cierto?”– parece que nos
dice Normal again. En palabras de Buffy, ¿qué es
más verosímil, una pobre enferma en una
institución psiquiátrica o una heroína con
superpoderes que se enfrenta cada día a vampiros y todo tipo de
monstruos? ¡Por favor!
Reitero que me parece el capítulo más innovador y
revolucionario, pero no sólo de BTVS. Pocas veces en la
televisión (ni en otras artes narrativas) se ha llegado tan
lejos jugando con la propia ficción y con la construcción
de la historia donde todo encaja como un perfecto mecanismo de
relojería para sumergirnos en una paradoja de imposible
solución.
En realidad, la base argumental de la historia no es nada nuevo. Tiene
milenios de existencia y arranca del refinado y antiguo cuento de
Chiang Tzu "El hombre que soñó":
Un hombre soñó que era una mariposa. Cuando
despertó no sabía si era un hombre que había
soñado ser mariposa, o una mariposa que soñaba ser
hombre. Con pequeñas variantes, está también en La
vida es sueño y en algún cuento de Las mil y una noches.
(El del mendigo al que el califa da un bebedizo para hacerle creer que
es un príncipe y, al despertar no sabe si es un mendigo que ha
soñado ser rey o un rey que sueña ser mendigo). La
confusión se acentúa por la diabólica idea de
los guionistas de hacer que la escena final del episodio sea la del
médico diciendo “la hemos perdido para siempre”, lo
que refuerza la idea de que es ésta historia la que actúa
como marco en que se inserta la otra y por tanto desmiente la veracidad
de todo el resto de la serie.
Como es
imposible de resolver, cada espectador es muy libre de decidir
qué quiere creer. En cualquier
caso si yo opto por seguir creyendo que Buffy es la Elegida, ésa
es mi opción personal. La contraria es también
perfectamente asumible y los guionistas de Buffy- que son seres tan
malvados como los que aparecen en la serie- parecen complacerse en
apostar por deshacer todo el edificio construido a lo largo de seis
temporadas, haciendo que la última escena –la que parece,
por tanto, ser el marco “real” de lo ocurrido- sea el
médico diciendo: “La hemos perdido para siempre”.
Ese final parece rubricar que Buffy está en un
psiquiátrico y que todo lo demás son productos de su
mente enferma.
O sea, que Normal again, no hace sino volver al mismo juego constante
de la sorpresa y la ambigüedad, aunque de una forma mucho
más drástica. Con este episodio nos situamos a otro nivel. Pero por otra parte, el
episodio que lo cuestiona todo sigue también avanzando en el
arco argumental: regresa Xander de su no-boda y da sus peregrinas
explicaciones de qué ha hecho al tiempo que pregunta por Anya;
reaparece Tara; Dawn ahonda su incomunicación con Buffy; Spike
insiste en que Buffy debe afrontar sus sentimientos y dejar de
ocultarlos (corta pero intensa escena, con brillante
interpretación de James Marsters. Es un momento clave para la
decisión de Buffy de no tomar el antídoto. Curioso que
Spike, personaje del mundo de Sunnydale, la impulse a huir hacia la
otra realidad de una vida anodina, igual que serán las palabras
de Joyce, situada en esa otra realidad, la que la inclinen a optar por
sus amigos de Sunnydale); se sigue ahondando en la frustración
de los amantes tras la ruptura: a la desorientación existencial
de Buffy se une la de Spike, murmurando ante Xander su resquemor o
escapándosele ese detalle de pedir que le pongan a Buffy hielo
en la nuca porque "a ella le gusta"...
Y antes de acabar, es de justicia
mencionar la gran interpretación de Sarah M. Gellar en uno de
esos papeles bombón lleno de dramatismo y desgarro por los que
una actriz mataría. Aunque la televisión no es un medio
muy valorado, no creo que tenga en cine oportunidades de volver lucirse
como en ésta que le ha brindado Whedon.
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