Trailer
El caos
se apodera por completo de la vida de los protagonistas, Anya ha sido abandonada por
Xander, Spike por Buffy. Al encontrar ésta una
cámara de vigilancia del trío en su jardín, no se
le ocurre otra cosa que creer las sospechas infundadas de Xander e ir a
reprocharle a Spike que la espía. El pobre vampiro aguanta con
toda la dignidad que puede el chaparrón inmerecido, y ver a
Buffy tan distante y fría con él, pero cuando ella le
suelta la frasecita de que tiene que seguir adelante, la echa de su cripta. ¡Bien!
Spike acude a la tienda de magia en busca de algún
hechizo que mitigue su dolor.
Junto a una botella de bourbon,
Anya y él comienzan a hablar y a contarse sus penas y terminan
intentando desahogarse o seguir adelante echando un polvo sobre la
mesa. La escena de sexo
entre ellos es presenciada por los scoobies a través de las
conexiones con otra cámara espía de los tres
imbéciles de la temporada, y Xander despechado corre a
matar a
Spike. Buffy lo impide, y en ese momento un Spike que no puede
más, y que no le había dicho a Anya quien era la mujer
que lo había abandonado, dice delante de todos que se acostaban.
Tara regresa a la casa Summers y le pide
a Willow que si al menos podrían darse un beso. Para ellas al
menos el caos del episodio ha desembocado en algo bueno.
por Ehiztari
Bienvenidos
al mundo de los imbéciles donde Xander Harris es rey. Lo
anterior no es ningún insulto, sólo recojo sus
declaraciones en un increíble y ya lejano momento de
lucidez.
Como
dice Spike, no se merece gastar saliva en él, pero es que cuanto
más veo este capítulo menos puedo comprender hasta
qué límites puede llegar la estupidez humana. Bueno,
digamos que se trata de ficción. ¿Se trata de
ficción? No lo sé. Es prácticamente imposible
resultar más patético, injusto, torpe, ofensivo e diota
en todos los matices de la amplia gama de la idiotez. El
capítulo, por otra parte, es muy interesante y todos los
personajes están francamente bien, desde Jonathan hasta Buffy,
pasando por Hallfrek, Tara, Dawn, Willow y por supuesto los dos
arrebatadores demonios, Anya y Spike. Pero ahí tenemos a Xander
Harris, empeñado en demostrar cómo se puede dar una
imagen cada vez más pobre a cada minuto de cada escena. Empieza
bebiendo solo y a oscuras ¿de vuelta en el sótano de sus
padres? ejerciendo el deporte de los perdedores, la
autocompasión. Cuando se encuentra con que Anya ha tenido el
coraje de olvidar su ofensa y buscar una conversación cara a
cara, balbucea excusas y perpetra chistes de dudosa gracia, incapaz de
la dignidad que demuestra su ex. ¡Incluso afirma que ha
ensayado sus discursitos ante el espejo! Está claro que no lo
suficiente. O será, como él dice, que las partes
fundamentales no las tenía preparadas. Y todo para acabar
confesando que sigue huyendo de la boda porque en realidad nunca ha
estado seguro de ese amor que afirma sentir y en el que ya ni Anya ni
nosotros podemos confiar. Más tarde, cuando vuelve a encontrarse
con una enfadadísima -con razón- Anya, hace lo más
inoportuno: intentar hablar con ella, cuando está claro que no
hay nada que pueda decir para calmarla. Afortunadamente, tiene a Buffy
al lado para poner un poco de cordura y detenerlo antes de una nueva
exhibición de su “diplomacia masculina”.
Pero
evidentemente cuando ya se cubre de gloria, es cuando hacha en ristre,
acude a la Caja Mágica cual marido vengador de su honor
ultrajado dispuesto a acabar con Spike. Ahí, arrogándose
el derecho que no tiene a ser juez, parte y verdugo, cada frase suya
podría inscribirse por méritos propios en alguna
antología del dislate. Ni siquiera los celos y la
ofuscación pueden justificar su prepotencia, su machismo
trasnochado, su ira contra Anya (¿él!) ni su desprecio
contra Spike. Xander vuelve a alcanzar lo más alto del podio en
la competición que mantiene consigo mismo a lo largo de la
serie, para poder presumir de canalladas, estupideces o debilidades. Lo
más triste es que su patética actuación
será el detonante de la tragedia en que se va a sumir el final
de la temporada. Bueno, igual exagero y le cargo en exclusiva con una
culpa que está algo más repartida en ese equilibrio muy
inestable que se está configurando, pero… hay que
reconocer que Xander se lleva una buena parte de la responsabilidad:
él es quien ha abandonado a Anya y el dolor que le ha inflingido
la impulsará a buscar venganza y, sobre todo, conseguirá
que la vida de su ex ya no levante cabeza hasta el fin de la serie.
Como en una alineación de fichas de dominó, el dolor de
Anya y la furia de Xander, acrecentarán el sufrimiento y la
humillación de Spike y serán un nuevo empujón para
que el vampiro, perdidos todos los frenos, cometa en el próximo
capítulo el crimen del que más se va a arrepentir. (Es
cierto que él será el único culpable, pero yo creo
que en otras circunstancias, menos desquiciado, jamás lo
habría hecho. Puestos a echarle las culpas a Xander, es que
hasta es el causante, con su patada al enanito del jardín, de
descubrir la escena porno y echarlo todo a rodar)
Bueno, fin. Se acabó el tema Xander.
El
resto del capítulo es muy apreciable, con una mínima
trama “fantástica” (la manipulación del
medallón que el Trío arrebata, de la forma más
cutre, a unos vampiros), lo que permite que el episodio se centre en lo
que a mí personalmente me interesa mucho más: los
conflictos entre los personajes y el desarrollo del arco argumental. Y
en este aspecto, es una sucesión de momentos memorables:
Me
encanta la chispeante, dinámica e irónica escena en que
Anya intenta convencer a las otras mujeres para que
“deseen” daños a Xander. Escena muy bien montada
además. La pobrecita demonio intenta liarlas, pero no hay manera
de conseguir nada. Es que Anya nunca ha sido buena con las palabras y
las relaciones sociales y es un mal momento para empezar a aprender.
Afortunadamente Hallfrek le sugerirá que también los
hombres pueden tener derecho a la venganza y en Spike tendrá una
magnífica segunda oportunidad (Si no de vengarse, al menos de
ser eficazmente consolada)
Tenemos
también a Spike en las dos breves escenas con Buffy, antes de
los títulos de crédito, cuando, fingiendo que tampoco
tiene demasiado interés, le pregunta por qué no vuelven a
acostarse juntos y tiene que oír la amarga respuesta de Buffy:
“Porque no te amo”. Su cara cuando, ya a solas, musita
“sí, claro” recoge toda su desolada tristeza. La
otra escena vuelve a insistir sobre el mismo tema y acaba de forma muy
similar, diciéndole Buffy que sabe que hay amor pero que
sólo “en la parte de él” y que lo siente.
Spike, herido por esa compasión, responde ordenándole que
salga en otro alarde de autoridad, orgullo y dolor. (Y, por cierto,
sabiendo la que se avecina, es cruelmente irónico que en este
capítulo, cuando Buffy le dice que cree que la está
espiando con cámaras ocultas “porque eres un tipo que
miente, engaña y manipula”, él dice algo que hasta
entonces era rigurosamente cierto: “Pero yo no te hago
daño”).
Me
gustan los del Trío, geniales en su cutrez y torpeza,
simpáticos y hasta conmovedores. Y en este sentido, me gusta
especialmente Jonathan, el más débil y en el fondo buena
persona que siempre me ha conmovido y que ahora o se huele la
traición o al menos el abandono del resto de su
“familia”. Y Andrew está graciosísimo con la
cara que pone cuando comprende “qué es lo que están
haciendo” Spike y Anya al otro lado de las cámaras y
babeando por lo guapo que es Spike, para añadir apresuradamente
que “ella también es hermosa” (Este chico aparte de
gay es virgen, ¿no? Tanta ingenuidad nunca se había visto
en un malo. Qué mono).
Y,
por supuesto, la escena y el capítulo entero se lo meriendan
Anya y Spike que juntos son irresistibles. Los dos demonios abandonados
por sus ciegos amantes, se hacen confidencias y se consuelan mutuamente
junto a la buena compañía del mejor hechizo contra el
sufrimiento, la botella de Jack Daniels. Están absolutamente
deliciosos, adorables, llenos de sensibilidad, respeto, sinceridad,
aprecio, empatía… mil lecciones que los humanos
deberían aprender; Anya, dolida y frágil,
sincerándose con Spike, alguien que puede comprender
perfectamente sus dificultades para encajar en el mundo de los humanos.
Y Spike… más maravilloso aún que de costumbre,
compasivo, seductor, con esa cortesía innata o adquirida de su
educación victoriana, demuestra que él sí que sabe
tratar a una dama. Me encantan los muchos pequeños detalles de
esa escena: Spike diciendo que valora la franqueza en una mujer (nos lo
creemos, sobre todo, por el ejemplo que pone, Dru), cediéndole
el último vaso de búrbon y apremiándole a que se
lo tome antes de que caduque su caballerosidad, acariciándola,
Anya admitiendo que no está acostumbrada a que la traten
así, diciéndole con esa franqueza que la caracteriza,
cuando ya Spike la ha colocado sobre la mesa, que si hacen el amor es
sólo por el sexo. (Mmmmm, sí, pero… ¿no
pensáis que habrían sido una pareja maravillosa?
Cómo me hubiera gustado que la serie siguiera por ahí.) Y
el final, con ese sabor de derrota que el revolcón no ha hecho
sino acentuar, cuando los dos se visten en silencio, se esquivan la
mirada, Spike se dirige a la puerta y antes de salir se vuelve para
saludarla con una cortés, respetuosa y triste inclinación
de cabeza. Todo un caballero. Y una mujer de cuerpo entero Anya que
toma sus decisiones, pero que no puede ocultarse a sí misma la
amargura de haberlo hecho por despecho. Lástima que
segundos después deban lidiar ambos con el cenutrio de Xander
hecho un basilisco y más ciego aún que de costumbre.
Y
finalmente, en este capítulo camino del desastre, en un
contrapunto muy propio de las series de Whedon se va anudando la
única trama feliz: el reencuentro de Willow y Tara que
será el cierre del episodio. En contraste, con el oscuro
desenlace de las historias de los demás personajes en el
exterior de la Caja mágica, el final de capítulo lo pone
la tierna escena de amor entre las dos chicas y su apasionado beso de
reconciliación.
Ah,
me gustaría saber cómo es el baile sexy que Spike promete
enseñarle a Anya, aunque momentos antes negó tenerlo
anterior - siguiente

|