Trailer
De manera vertiginosa todo se
complica aun más y termina desmoronándose. Un capítulo lleno de
dolor y de desesperación para todos los personajes.
Comienza bien, tranquilo, con Willow y
tara felices en la cama, su amor retomado al fin. Willow está
muy bien y ha demostrado a Tara en capítulos anteriores que puede
contenerse respecto a los hechizos, y la bruja rubia es indudable que
sigue amándola y admirándola. Todo parece ir bien.
Pero
este es el acpítulo donde intentaron descaradamente cargarse la
relación de Buffy con Spike. Y al personaje de Spike. Guionistas
pacatos, moralistas, o bangels, lo que sea. No lo consiguieron pese a
escribirle una escena incongruente con el personaje, que no hay por
dónde tragarla. Hay que hacerlo de todos modos, está en
la serie, y para bien o para mal, es canon. Eso sí, los dos
actores la bordan.
De manera injusta e incongruente, Dawn
acude a la cripta de Spike a reprocharle que se haya acostado con Anya,
haciendo daño a Buffy. Es tan cruel y tan triste que el pobre
aún crea que tiene razón. Con algún trago
más de la cuenta acude a la casa Summers a disculparse con Buffy,
a hablar con ella, a verla, a tocarla. No puede estar sin ella, duele
demasiado. Sigue enamorado, quizás más que nunca. Buffy,
que ha regresado con un fuerte golpe de sus patrullas, le recrimina
también que se haya acostado con Anya. Al parecer nadie salvo Spike
tenía claro que Buffy lo había dejado tirado? No lo
sé. Careciendo completamente de autoestima como carece, Spike
aun se siente culpable de haberle hecho daño a Buffy. Hablan, o
Spike intenta hablar. Intenta explicarle lo que le duele, ella
permaneces insensible a sus palabras. Es una escena durísima, en
un baño blanco, rodada de manera cruda. Spike necesita
oírla reconocer que lo quiere Buffy dice que siente algo por
él pero que no es amor. Spike sabe que sí, o lo desea
tanto, ella sigue empecinada en negarlo. Nervioso, descentrado por
completo, Spike intenta tocarla, abrazarla, intenta hacer que lo
sienta dentro de nuevo porque ahí, en esos momentos, es sin duda
cuando se ha sentido querido por ella. Cuando ella no ha podido ocultar
lo que sentía por él. Buffy supongo que no se
cree lo que está ocurriendo y tarda un poco a reaccionar, y la
escena desemboca en algo parecido a un intento de violación. Al
final con su fuerza de cazadora se quita de encima a Spike
estampándolo contra el muro.
Entonces él se da cuenta de lo que casi ha ocurrido y sus ojos
son los más aterrados del mundo. Buffy desasosegada y llorosa le
dice que le pregunte una vez más por que no lo quiere. El
sólo la mira, incapaz de asimilar lo que casi ha hecho,
lo que ha pasado en ese baño blanco.
Spike regresa a a cripta sin poder
sacarse de la cabeza las terribles imágenes de Buffy
debatiéndose bajo él, de lo que ha estado a punto de
suceder. No sabe lo que ocurre, por qué ella no lo quiere,
por qué dice que no lo quiere, qué ha hecho,
qué no ha hecho, no puede ser un monstruo, no le dejan ser un
hombre, su desesperación es absoluta. Al final toma una
decisión que cambiará su vida, la de Buffy, el devenir de
la serie entera: se marcha de la ciudad en busca de lo que le falta. De
lo que ella merece, su alma.
Entretanto Buffy se rehace como puede y
consigue desbaratar los planes del trío de frikis, Andrew y
Jonathan terminan en manos de la policía. El cabecilla Warren,
enfurecido, aparee en el jardín de las Summers con una pistola
en la mano y dispara dos veces. La primera bala hiere a Buffy, la
segunda entra por la ventana del segundo piso y mata en el acto a Tara
en el dormitorio, ante los ojos de Willow.
Willow
regresa de este modo brutal a sus prácticas con la magia
más oscura.
por Ehiztari
Warren
es un perfecto hijo de puta, además de traidor, cobarde y
repugnante se mire por donde se mire. Andrew ni siquiera llega a esa
categoría. Se limita a gimotear cuando su torpeza le impide la
jugarreta que tenían planeada para dejar tirado a Jonathan.
Xander, aunque al final del episodio endereza un poco su camino
ofreciendo un abrazo de amigo a Buffy, al principio persevera en la
estupidez supina que había demostrado en Entropía con esa
delirante conversación en que el muy cabrón sigue
pretendiendo ser la víctima (¡!!!) y quejándose de
la falta de confianza (¡!!!!) de Buffy que no le ha contado
“lo de Spike”. (¡Lo suyo es de un morro de alucinar!
¿Se le ocurrirá que la falta de confianza igual es porque
no es fiable?). Willow por su parte sigue en la luna (casi de miel
ahora) y es la última en enterarse de nada.
Y
entre todos ellos está Buffy lidiando con todo: con el hijoputa,
sus patéticos adláteres, el idiota, la feliz
egoísta… y Spike. Spike que comete el acto más
execrable quizás de toda la serie, pero que no es ninguna de
esas cosas. No es ni egoísta ni estúpido, ni rastrero, ni
–quizás a su pesar- tan malvado como le gustaría.
No quiero comentar ahora el intento de violación porque…
no quiero. No soy objetiva y diría todos los tópicos que
no se deben decir, pero que –lo confieso- aquí me creo:
que él la ama de verdad, que está desesperado, que no
sabe lo que hace, que se horroriza cuando lo comprende…
Lo
que quiero decir es que en este capítulo tan oscuro, frente a la
inconsciencia de los demás personajes que causan daño o
lo sufren, casi sin reflexionar, hay dos que están a otro nivel,
muy por encima: Buffy, serena, comprensiva o enérgica,
víctima llena de dignidad y autocontrol, algo muy difícil
dadas las circunstancias. Pocas veces Buffy arrebata y menos conforme
va madurando por lo que tendemos a verla un tanto distante, autoritaria
o fría y a veces se gana las antipatías del
público, pero en este capítulo me parece perfecta. Una
verdadera heroína y una mujer de cuerpo entero, libre, madura,
ecuánime… Comprendo a los que aman a la
protagonista.
El
otro personaje superior es Spike. Sí, a pesar de su
acción porque no estamos juzgando su actuación moral,
sino su entidad dramática. Y ahí Spike arrasa. Como
siempre. Más que nunca. Es el más profundo de todos los
personajes. Su desasosiego, su sufrimiento, su desesperación, su
pérdida absoluta de control, su conflicto, su
desorientación vital traspasan la pantalla en cada momento en
que aparece. Sus escenas, oscuras tanto cuando pasea encerrado en la
cripta, como en la restallante luminosidad del baño transmiten
dramatismo sin casi gestos ni palabras. Es un héroe
trágico enfrentado al momento de su crisis. Y su impresionante
intensidad está además transmitida por un actor de
categoría shakespeariana. Impresionante, reitero.
Spike
está en una encrucijada para la que no encuentra salida:
infructuosamente lo ha intentado ya todo: ha intentado, un poco
infantilmente, dar celos y ha intentado también comprender y
alejarse de forma civilizada (Hell bells);
ha intentado “seguir adelante” con sexo supuestamente
intrascendente con Anya; ha intentado hechizos que sólo han
acabado en borrachera; ha pretendido dejarse matar por Xander
–algo que ya da el nivel de su desesperación-; ha
intentado volver atrás, pidiendo a Buffy que regrese a su cama
(escena inicial en el cementerio en Entropy);
ha querido hablar con ella y.. ha acabado intentando violarla. Nada ha
funcionado. No podía funcionar. A solas, bebiendo, encerrado
como un tigre enjaulado en su cripta, comprende que al Spike que
conocíamos se le han acabado los caminos. “Las cosas
cambian. Si las haces cambiar”. Como Buffy en As you were, Spike
ha llegado al punto de tomar una decisión sin vuelta
atrás.
Es
evidente que los guionistas y el montaje, subrayando los matices
amenazadores, jugaron al equívoco, pero insisto, todo lo que
dice Spike se puede entender ya como anhelo de alma, aunque se queje y
culpe de su situación al chip. En definitiva que Spike es
también un personaje demasiado lúcido, demasiado profundo
y radicalmente bueno (William pervive, de acuerdo, ¿no?) como
para que el alma sea sólo una equivocación. Como para que
cuando arranca su moto en la noche, lleno de rabia y
frustración, no hay decidido ya su verdadero destino.
Además después, él mismo reiterará que fue
conscientemente a buscarla.
Hay
más cosas en el capítulo, por supuesto el tremendo final,
pero también, la visita de Clem, un encanto como siempre, aunque
aquí funciona como mero excusa narrativa para desnudar el alma
de Spike. Y Dawn. Me gusta Dawn en este capítulo. Es uno de los
personajes que se está comportando de forma más madura en
esta temporada, a pesar de ser la supuesta adolescente inestable.
Fijaos en que es la única que, en lugar de rasgarse las
vestiduras y/o compadecer a Buffy por su “error”, se ha
puesto en la piel del “otro”, del que no pertenece al
círculo sagrado de los scoobies, ha lamentado la ruptura y ha
ido a hablar cara a cara con Spike y a preguntarle por sus
sentimientos. Desgraciadamente, Spike está más
allá de las palabras. Guarda silencio porque ya no puede manejar
su existencia sólo con palabras.
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