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6X19 Seeing Red
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| Resumen | |
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Comienza bien, tranquilo, con Willow y tara felices en la cama, su amor retomado al fin. Willow está muy bien y ha demostrado a Tara en capítulos anteriores que puede contenerse respecto a los hechizos, y la bruja rubia es indudable que sigue amándola y admirándola. Todo parece ir bien. Pero este es el capitulo donde intentaron descaradamente cargarse la relación de Buffy con Spike. Y al personaje de Spike. Guionistas pacatos, moralistas, o bangels, lo que sea. No lo consiguieron pese a escribirle una escena incongruente con el personaje, que no hay por dónde tragarla. Hay que hacerlo de todos modos, está en la serie, y para bien o para mal, es canon. Eso sí, los dos actores la bordan.
De manera injusta
e incongruente, Dawn acude a la cripta de Spike a reprocharle que se haya
acostado con Anya, haciendo daño a Buffy. Es tan cruel y tan triste que el pobre
aún crea que tiene razón. Con algún trago más de la cuenta acude a la casa
Summers a disculparse con Buffy, a hablar con ella, a verla, a tocarla. No puede
estar sin ella, duele demasiado. Sigue enamorado, quizás más que nunca. Buffy,
que ha regresado con un fuerte golpe de sus patrullas, le recrimina también que
se haya acostado con Anya. Al parecer nadie salvo Spike tenía claro que Buffy lo
había dejado tirado? No lo sé. Careciendo completamente de autoestima como
carece, Spike aun se siente culpable de haberle hecho daño a Buffy. Hablan, o
Spike intenta hablar. Intenta explicarle lo que le duele, ella permaneces
insensible a sus palabras. Es una escena durísima, en un baño blanco, rodada de
manera cruda. Spike necesita oírla reconocer que lo quiere Buffy dice que siente
algo por él pero que no es amor. Spike sabe que sí, o lo desea tanto, ella sigue
empecinada en negarlo. Nervioso, descentrado por completo, Spike intenta
tocarla, abrazarla, intenta hacer que lo sienta dentro de nuevo porque ahí, en
esos momentos, es sin duda cuando se ha sentido querido por ella. Cuando ella no
ha podido ocultar lo que sentía por él. Buffy supongo que no se cree lo que
está ocurriendo y tarda un poco a reaccionar, y la escena desemboca en algo
parecido a un intento de violación. Al final con su fuerza de cazadora se quita
de encima a Spike estampándolo contra el muro. Spike regresa a a cripta sin poder sacarse de la cabeza las terribles imágenes de Buffy debatiéndose bajo él, de lo que ha estado a punto de suceder. No sabe lo que ocurre, por qué ella no lo quiere, por qué dice que no lo quiere, qué ha hecho, qué no ha hecho, no puede ser un monstruo, no le dejan ser un hombre, su desesperación es absoluta. Al final toma una decisión que cambiará su vida, la de Buffy, el devenir de la serie entera: se marcha de la ciudad en busca de lo que le falta. De lo que ella merece, su alma.
Entretanto Buffy
se rehace como puede y consigue desbaratar los planes del trío de frikis, Andrew
y Jonathan terminan en manos de la policía. El cabecilla Warren, enfurecido,
aparee en el jardín de las Summers con una pistola en la mano y dispara dos
veces. La primera bala hiere a Buffy, la segunda entra por la ventana del
segundo piso y mata en el acto a Tara en el dormitorio, ante los ojos de
Willow. |
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| Comentario | |
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Warren es un perfecto hijo de puta, además de traidor, cobarde y repugnante se mire por donde se mire. Andrew ni siquiera llega a esa categoría. Se limita a gimotear cuando su torpeza le impide la jugarreta que tenían planeada para dejar tirado a Jonathan. Xander, aunque al final del episodio endereza un poco su camino ofreciendo un abrazo de amigo a Buffy, al principio persevera en la estupidez supina que había demostrado en Entropía con esa delirante conversación en que el muy cabrón sigue pretendiendo ser la víctima (¡!!!) y quejándose de la falta de confianza (¡!!!!) de Buffy que no le ha contado “lo de Spike”. (¡Lo suyo es de un morro de alucinar! ¿Se le ocurrirá que la falta de confianza igual es porque no es fiable?). Willow por su parte sigue en la luna (casi de miel ahora) y es la última en enterarse de nada.
Y entre todos
ellos está Buffy lidiando con todo: con el hijoputa, sus patéticos adláteres, el
idiota, la feliz egoísta… y Spike. Spike que comete el acto más execrable quizás
de toda la serie, pero que no es ninguna de esas cosas. No es ni egoísta ni
estúpido, ni rastrero, ni –quizás a su pesar- tan malvado como le
gustaría. Lo que quiero decir es que en este capítulo tan oscuro, frente a la inconsciencia de los demás personajes que causan daño o lo sufren, casi sin reflexionar, hay dos que están a otro nivel, muy por encima: Buffy, serena, comprensiva o enérgica, víctima llena de dignidad y autocontrol, algo muy difícil dadas las circunstancias. Pocas veces Buffy arrebata y menos conforme va madurando por lo que tendemos a verla un tanto distante, autoritaria o fría y a veces se gana las antipatías del público, pero en este capítulo me parece perfecta. Una verdadera heroína y una mujer de cuerpo entero, libre, madura, ecuánime… Comprendo a los que aman a la protagonista. El otro personaje superior es Spike. Sí, a pesar de su acción porque no estamos juzgando su actuación moral, sino su entidad dramática. Y ahí Spike arrasa. Como siempre. Más que nunca. Es el más profundo de todos los personajes. Su desasosiego, su sufrimiento, su desesperación, su pérdida absoluta de control, su conflicto, su desorientación vital traspasan la pantalla en cada momento en que aparece. Sus escenas, oscuras tanto cuando pasea encerrado en la cripta, como en la restallante luminosidad del baño transmiten dramatismo sin casi gestos ni palabras. Es un héroe trágico enfrentado al momento de su crisis. Y su impresionante intensidad está además transmitida por un actor de categoría shakespeariana. Impresionante, reitero. Spike está en una encrucijada para la que no encuentra salida: infructuosamente lo ha intentado ya todo: ha intentado, un poco infantilmente, dar celos y ha intentado también comprender y alejarse de forma civilizada (Hell bells); ha intentado “seguir adelante” con sexo supuestamente intrascendente con Anya; ha intentado hechizos que sólo han acabado en borrachera; ha pretendido dejarse matar por Xander –algo que ya da el nivel de su desesperación-; ha intentado volver atrás, pidiendo a Buffy que regrese a su cama (escena inicial en el cementerio en Entropy); ha querido hablar con ella y.. ha acabado intentando violarla. Nada ha funcionado. No podía funcionar. A solas, bebiendo, encerrado como un tigre enjaulado en su cripta, comprende que al Spike que conocíamos se le han acabado los caminos. “Las cosas cambian. Si las haces cambiar”. Como Buffy en As you were, Spike ha llegado al punto de tomar una decisión sin vuelta atrás. Es evidente que los guionistas y el montaje, subrayando los matices amenazadores, jugaron al equívoco, pero insisto, todo lo que dice Spike se puede entender ya como anhelo de alma, aunque se queje y culpe de su situación al chip. En definitiva que Spike es también un personaje demasiado lúcido, demasiado profundo y radicalmente bueno (William pervive, de acuerdo, ¿no?) como para que el alma sea sólo una equivocación. Como para que cuando arranca su moto en la noche, lleno de rabia y frustración, no hay decidido ya su verdadero destino. Además después, él mismo reiterará que fue conscientemente a buscarla.
Hay más cosas en
el capítulo, por supuesto el tremendo final, pero también, la visita de Clem, un
encanto como siempre, aunque aquí funciona como mero excusa narrativa para
desnudar el alma de Spike. Y Dawn. Me gusta Dawn en este capítulo. Es uno de los
personajes que se está comportando de forma más madura en esta temporada, a
pesar de ser la supuesta adolescente inestable. Fijaos en que es la única que,
en lugar de rasgarse las vestiduras y/o compadecer a Buffy por su “error”, se ha
puesto en la piel del “otro”, del que no pertenece al círculo sagrado de los
scoobies, ha lamentado la ruptura y ha ido a hablar cara a cara con Spike y a
preguntarle por sus sentimientos. Desgraciadamente, Spike está más allá de las
palabras. Guarda silencio porque ya no puede manejar su existencia sólo con
palabras. |
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