Buffy continúa obcecada
en negar la atracción que siente por Spike, y manteniendo que
nunca lo besará. En una discusión casual, Spike
descubre que el chip
de la Iniciativa no le duele al golpear a Buffy. Una vez comprobado que
el problema no está en él, su conclusión es clara:
La Cazadora ha vuelto diferente del otro mundo.
Willow ha descubierto la manera de
devolver a Amy a su aspecto humano, y consigue traerla de vuelta. No
será buena idea porque la chica, no muy recomendable,
arrastrará esa misma noche a Willow a cometer toda clase de
excesos con la magia. En el Bronze, sin preocuparse en absoluto de las
personas se dedican a hacerles trucos y cambios para divertirse.
Entretanto Tara lleva a casa a Dawn tras haber pasado la tarde con ella
y encontrando todo vacío, se queda junto a la muchacha toda la
noche.
Spike sale al paso de Buffy en un
callejón, a la salida de la tienda de magia. Deseoso de
mostrarle lo que ha descubierto, la golpea sin sentir dolor. Luego le
dice lo evidente: que ha vuelto mal. Buffy reacciona muy violentamente
y los dos se enzarzan en una pelea brutal, de golpes y de palabras en
un edificio abandonado. Buffy pasa de los puñetazos a
comerse de nuevo a besos a Spike, lo empuja contra el muro, sube sobre
él y le desabrocha los pantalones. Una lucha épica
que terminará, de manera inesperada para ellos, con la
consumación de su primera noche de amor.
Por Ehiztari
Bueno, supongo que podemos hablar de Amy, la rata y de la
noche loca de Willow, de guardias congelados y de la dulce Tara
haciendo de niñera de Dawn, pero… no queremos hablar de
eso, ¿verdad?
Smashed será siempre el capítulo del
superpolvo. Para
mí y supongo que para todos vosotros. El momento en que Spike y
Buffy confluyen irremediablemente a caer uno en brazos del
otro. Más bien una tirándose al otro.
Cuestión no baladí, porque, por una parte,
subraya la capacidad de iniciativa erótica femenina y, por otra,
demuestra que Spike – muerto de amor y de deseo durante dos
temporadas- ha mantenido un comportamiento impecable sin convertirse en
el acosador que quizá sería de esperar, sobre todo
después de la racha de calentones que le estaba dando la
niña en los últimos episodios.
A mí sólo me interesan las escenas de Spike.
Incluso las que tiene con el Trío (cuarteto, si sumamos a Boba
the Fett) ¡Es de antología la mirada atravesada que
dedica a Andrew y Jonathan mientras espera los resultados del
análisis de Warren y los dos “frikipringados”
entretienen la tensa espera hablándole de series
británicas en DVD! No pude evitar comparar con los deliciosos
tiempos muertos que tenía el vampiro de charla con Joyce. O con
el buen rollito con que luego tolerará a Andrew en la
séptima. En fin.
En cualquier caso, la crème son las escenas con Buffy. Es decir,
la pasión imparable de la pareja rompiendo todas las barreras.
Especialmente por parte de Buffy, porque como se ha dicho aquí
alguna vez, Spike parecía ya resignado a no ser nunca otra cosa
que el compañero de pelea o el saco de los golpes. Por mucho que
Spike le recrimine al principio del capítulo que se han besado y
que no puede seguir ignorándole, la indiferencia -más o
menos fingida- de Buffy, destruye de nuevo todos los anteriores
avances. (Avances también relativos, porque sólo
había sido el desahogo al “abandono” de Giles.) Pero
Spike descubre que puede hacer daño a Buffy y eso cambia
radicalmente la situación. Hecho que se presta a todo tipo de
lecturas, todas bastante dramáticas y oscuras, me temo: Por una
parte, Spike entrevé un resquicio para reubicar su
relación sobre unas bases de igualdad (igualdad en la
violencia), lo que, aunque no muy alentador, al menos significa un
pequeño respiro para el vampiro que reivindica su derecho si no
a ser amado, al menos a ser temido y reconocido como una peligrosa
criatura de la noche, un asesino.
Y por su parte, Buffy reacciona por miedo. Por miedo golpea a Spike en
esa pelea sin tregua y por miedo, casi por necesidad de hacerle callar,
le besa. Y si le besa para no tener que oírle corroborar su
mayor temor (que ella ha vuelto “mal”, que es menos
humana), es por pura desesperación, por angustia vital por lo
que creo que se lo folla. (Y el crudo término me parece que es
el único adecuado en esta situación).
En consecuencia, Spike y Buffy se unen como en una explosión
telúrica, como dos fuerzas enemigas chocando y arrasando con
todo a su paso. El acto de amor se convierte en un acto de violencia y
destrucción, en medio de un mundo en caos que se derrumba, en
ese edificio en ruinas que cae al ímpetu de su pasión,
metáfora no sólo de su amor destructivo sino
también de sus vidas devastadas. Terrible y hermoso.
Épico. Subrayado por la música grandiosa, la ausencia de
palabras, los ruidos amortiguados y los escombros derrumbándose
a su alrededor, mientras ellos continúan su abrazo
inmisericorde. Mítico, en el sentido primigenio de la palabra,
porque –igual soy muy exagerada- pero a mí el amor de
Buffy y Spike me recuerda al de esas diosas terribles y omnipotentes y
su consorte masculino, opuestos y complementarios.
Me doy cuenta de que he utilizado la palabra “amor” y no me
arrepiento, sea eso lo que sea en su caso. Amor poderoso y cruel. Duele
y destruye. A veces perverso, a veces entregado. Siempre irrefrenable.
Un amor totalmente distinto al que Buffy creyó sentir por Riley
(y no digamos, Parker), o el que unió a Spike a Dru. Y, se
quiera admitir o no, también por completo distinto al de Buffy y
Angel. Es canónico que el de Buffy y Angel es el amor ideal (en
su doble sentido), pero el de Buffy y Spike es mucho más
visceral, más irreprimible. A mí me parece más de
verdad. No sé si más fuerte, pero sí más
complejo y “real”. Más de todo: más
apasionado, más malvado, más lleno de miseria y de
generosidad… Amo a Spike y a Buffy por amarse así.
Y otra cosa que me gusta de ese amor es que en ninguno de los dos se
trata de un primer amor, sino que ambos vienen de historias anteriores
que les han marcado y les han roto. Ninguno de los dos puede creerse ya
sueños ilusorios, pero se encuentran con su pasado, su dolor,
sus rencores y sus muchos defectos para construir sobre esas ruinas una
unión maravillosa. Los cimientos son tan frágiles que el
edificio se les tiene que caer por fuerza, pero ellos volverán a
elevarlo hasta conseguir algo mágico, aunque les lleve tiempo,
lágrimas, decepciones, sufrimiento, soledad, locura y muerte.
Esa es la triste materia de su amor, pero al final lo
convertirán en pura luz. Efulgente.
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